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Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 21, 2014 6:52 pm

Un nuevo escalofrío le recorre la columna vertebral, desde la base hasta el cráneo, expandiéndose por la nuca al volver a escuchar llamarla “mi mujer”. No sabía porque su reacción a la palabra era tan grande y tan malo. Sabía que su pasado influía, pero ¿tanto?, tenía que haber algo más, pero no tenía ninguna nada de psicoanalizarse y menos en ese momento.
 
-¿No quedamos en que sería la palabra “compañera” la que usarías? Creo que llegamos a un acuerdo, ¿no? –Le recordó mirándolo con una ceja alzada y una expresión entre seria y divertida mirando esa sonrisa que no parece empequeñecer ni un milímetro.
 
Acaba negando con la cabeza entre risas ante su afirmación de que no iba a hacer absolutamente nada. Esperaba que nunca llegara el día en el cual sus miradas se cruzaran y no se desearan mutuamente, porque para ella el sexo era algo importante y necesario. Cierto que había otras cosas igual de importantes, pero todo era necesario.
 
Volvió a recorrer los nombres con el pulgar de la mano libre, asintiendo a las palabras de Olivier con un movimiento de cabeza. Hacía tiempo que ella lo veía como su sol particular, quien iluminaba su vida, esa que antes de que él apareciera, estaba constantemente sumida en la oscuridad. Olivier por el contrario le había dicho que era su Luna. Había sido una suerte encontrar unos anillos, que para ellos, representaran exactamente eso, sol y luna.
 
Olivier no era muy dado a tener grandes gestos románticos, pero si pequeños detalles. Ella lo prefería. No deseaba un collar de cinco mil dólares ni nada por el estilo. Para ella valía más el peluche que tenía sobre la mesilla, que debió de costar menos de cinco dólares pero su significado valía mucho más. Prefería que Olivier le preparara una deliciosa cena a que la llevara a un restaurante fino donde los mirarían mal por sus formas de vestir. Quizás fuera una mujer extraña, pero le importaba poco.
 
Le gustaba más un beso que un regalo. Besos como los que en ese momento se estaban dando sin apenas parar para coger aire. Tampoco creía necesitarlo, respirando directamente de su hombre, llenándose los pulmones con su aliento.
 
-Siempre. –Contestó sobre sus labios, sin apenas separarse.
 
Siempre serían ellos dos. Para ella siempre sería Olivier. Podían pasar mil cosas, pero él seguiría siendo su nuevo centro, su sol que la mantendría cálida, que la iluminaría cada día. Nunca hubo nadie más para ella, ni tampoco lo habría en un futuro.
 
Pequeñas corrientes eléctricas le atravesaban la piel ahí donde él posaba los dedos, dando suaves caricias por los hombros y los brazos. Sus labios permanecían unidos, fundidos entre ambos, mientras le desabrochaba sin prisa la camisa. Su cuerpo se arqueó ligeramente yendo al encuentro de sus dedos, disfrutando de la caricia tan cerca de los pechos, haciendo que sus pezones se contrajeran, marcándose a través de la tela del vestido. Nota la otra mano enredando en el cabello hasta que localiza la horquilla maestra y la retira, dejándola libre del recogido.
 
Se siente observada por su hombre, al mismo tiempo que ella lo admira a él y la única protesta que sale de sus labios es una gran sonrisa al ver cómo se muerde el labio inferior. Los suyos ya estaban hinchados y sensibles por los besos y lo estarían mucho más al finalizar la noche.
 
Girándose cuando él se lo pide queda de espaldas a Olivier pero no tarda mucho en sentirlo, su tanto la electrifica comenzando desde la mano hacia los brazos. Un jadeo suave brota de su garganta al posar los labios sobre el hombro absorbiendo el calor que estos emanaban. Estos siguieron hacia la nuca, provocado que su cuerpo se estremeciera de puro gozo mientras el sonido de la cremallera llenada el sonido del lugar.
 
-¿Y si quiero más? –Pregunta excitada hasta el límite, girando la cabeza para poder mirarlo por encima del hombro cuando el vestido cayó al suelo, dejándola completamente desnuda. Tan solo la liga que él le había pedido decoraba su muslo.
 
Despacio se giró sobre sus talones hasta volver a quedar cara a cara con Olivier. Sus manos se posaron sobre sus hombros, deleitándose del calor que su piel desprendía y con la mirada fija en sus propios movimientos fue bajando poco a poco, acariciando la suave piel hasta llegar a la cinturilla del pantalón.
 
Sumamente despacio lo fue desabrochando hasta que estos también cayeron contra el suelo, dejando a su hombre completamente desnudo y con su miembro apuntando el techo. Dio un paso atrás, sacando los tacones del vestido para poder mirarlo a él. Perfecto.
 
-Esta noche soy toda tuya. –Murmuró perdida en sus verdes ojos. –Para que hagas conmigo todo lo que desees. –Su voz estaba bañada en todo el deseo que sentía.
 
Simplemente le tendió la mano para que él la tomara. Era suya.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 21, 2014 10:14 pm

—Sí pero también me dijiste que podía decir que eres mi mujer —respondo sonriente mirándola con intensidad, deseándola más allá de cualquier razonamiento lógico, sólo sé que la amo con toda mi alma que la deseo no solo de una manera sexual, sino que quiero pasar toda mi existencia con mi hembra, no puedo imaginarme sin ella en mi vida, todo cuanto puedo querer en el futuro está presente.

Su risa me encandila de una forma intensa, hechizado por su sonido, por su presencia que me atrae irremediablemente, también me río divertido, sabiendo de sobras que no es más que una simple broma entre nosotros, que nunca llegará ese momento en que la mire y no me estremezca entero como si no significara nada para mí, es improbable e imposible, es verla, olerla, sentirla y cada célula de mi cuerpo responde con autonomía propia igual que si fuese la chispa que me da la vida.

Mi piel reacciona a su respuesta diciéndome que siempre seremos nosotros dos solos, respirando su aliento que alimenta mi corazón al tener sus apetitosos labios sobre los míos, ladeo mi rostro para de nuevo besarla.

Con los ojos cerrados percibo todas las sensaciones que mi hembra me dispensa como únicas e inigualables, vibrando de gozo, aumentando en varios grados el calor de mi piel por sus contactos, cada roce de sus manos sobre mi dermis me hace reaccionar sintiéndolo todo intensificado, besándonos sin parar, sensibles y sin ninguna prisa.

Cómo quisiera detener el tiempo en estos mismos instantes.

Rendido a mi mujer cuando me mira de esta forma, me pondría de rodillas a sus pies venerándola como a mi única Diosa, es ella mi Luna que me enloquece, que me hace sentir tan amado que es un dulce dolor en el pecho lo que siento, porque mi corazón está acelerado al límite.

—Te lo daré todo —murmuro con gravedad a su espalda tras su oreja, rozando con mis labios la piel de su cuello—. Todo cuanto quieras gatita —mis manos se posan a cada lado de su cadera, acariciando la piel al girar sobre sus pies para quedar frente a mis ojos.

La miro mientras sus manos recorren mi torso, los músculos a su paso se contraen de placer, mi vientre se tensa al sentir las yemas de sus deditos en esa zona cuando se dispone a soltar la bragueta del pantalón, éstos caen al suelo resbalándose por mis piernas, dejándome desnudo ante su mirada dorada.

La contemplo perdido en cada tramo de su piel, es entonces que descubro la liga que abraza su muslo, sonrío ladeado alzando la mirada hasta sus ojos, sintiendo una oleada de calor intenso que provoca que mi miembro se agite ante la perspectiva que se forma en mi mente para quitarle ese minúsculo pedazo de tela que le pedí en su día que llevara puesto para nuestra unión de manos.

Sus palabras me atraviesan instando a mi deseo por mi hembra a actuar sin perder ni un segundo más de tiempo, sin embargo, me lo tomo con mucha calma cuando me inclino para de nuevo besarla, gimiendo al volver a tenerlos fundidos en mi boca. Mis manos se deslizan por su figura cogiéndola suavemente a horcajadas.

Echo a andar hacia nuestro lecho, sacando los pies de las perneras de los pantalones, sin dejar de besarla al llegar al borde de la cama la sujeto con una mano, al inclinarme hacia el colchón apoyo la otra mano hasta que la dejo tumbada.

Entonces me aparto quedando de pie con una rodilla apoyada sobre el borde de la cama, me giro para quitarme los calcetines dejándolos caer sobre el suelo, al volver a mirarla me relamo los labios a la vez que estiro una mano para acariciar con el dorso de los dedos la pierna que lleva la liga, en el gesto me inclino sujetando su pierna con ambas manos por el tobillo, mis labios se posan en su piel, voy ascendiendo muy despacio dándole suaves besos y toques con mi lengua. Al llegar a la liga la sujeto entre mis dientes tirando con delicadeza hasta la rodilla, después me ayudo con mis manos para terminar de quitársela.

Vuelvo a incorporarme para mirarla sonrío excitado, el deseo bulle a fuego en mis venas, sin embargo pienso disfrutar de cada segundo como si no existieran más instantes que este.

—Date la vuelta gatita —pido enronquecido mientras se gira me inclino de nuevo hacia mi hembra.

Mis labios se posan en su cuello, aparto sus cabellos con una mano enredándolos entre los dedos, rozo su nuca con mi boca, deslizo la lengua por su columna, dibujando con mi saliva cada vértebra al mismo tiempo que beso su piel. Con la otra mano perfilo el contorno de su silueta, al llegar a la cadera elevo suavemente su pelvis mientras mi boca mordisquea una de sus nalgas, después la otra, delineo con mi aliento la línea que las separa, beso bajo las mismas el nacimiento de sus muslos volviendo a subir por su trasero que nuevamente mordisqueo deleitándome con su carne.

Le doy un cachete tan excitado que no puedo controlarme cuando me incorporo para deshacer el camino de mi boca subiendo por su espalda, en esta ocasión me entretengo en sus costados, en sus omoplatos y en sus hombros, para finalmente dedicarle al cuello y nuca diversas atenciones no solo con mis labios, sino también con mi lengua al lamerla y mis dientes al mordisquearla.

Excitado y en el límite de la razón jadeo sobre su oído mientras mi miembro roza sus nalgas con cada movimiento por sutil que sea.

—Eres mía —gruño reverberante dominado por mi naturaleza más salvaje y primigenia.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 22, 2014 6:04 am

-Que podías presentarme como tu mujer. –Comentó recalcando la palabra “presentarme”, pero su voz se silenció al elevar la mirada hasta sus ojos.
 
Su sonrisa seguía permanente y su mirada era intensa, completamente fija en ella, pero en ningún punto concreto, solo fija en ella. Deseó poder traspasar sus pupilas y poder ver qué era lo que ocurría detrás, saber que era exactamente lo que observaba en ella para que su mirada fuera tan intensa, hasta el punto de querer atravesar su alma.
 
Sus dulces labios eran como una fuente inagotable en mitad del desierto, casi los necesitaba con una urgencia extraña, dejando atrás todo lo que había sido con cada uno de los besos que se daban. El pasado quedaba atrás, ahora permanecían unidos para un posible futuro.
 
Sus ojos se cierran disfrutando y absorbiendo las palabras de Olivier, dichas con esa gravedad, con tanta convicción junto a su oído, sintiendo el calor de sus manos en las caderas. No sabía si sus palabras estaban dichas tan en serio como a ella le habían parecido, pero deseo creer que así era, porque ella se lo acababa de dar todo. Esa noche le había entregado todo lo que ella era.
 
Observó maravillada cada pulgada de su piel dorada, sus piernas fuertes y fibrosas, su miembro, grande como ninguno que le daba más placer del que jamás hubiera sentido, su estómago enmarcando los músculos abdominales en forma de tableta de chocolate. Sus pectorales duros y fuertes, sus tatuajes que tan sexy lo volvían, sus labios con ese sabor dulce tan único para ella que en ese momento sonreían mostrando los hoyuelos de una de sus mejillas, y por último sus verdes ojos. Unos ojos esmeralda que la observaban a ella.
 
No había nada que no le atrajera de Olivier, nadie podía ser más perfecto que él. Era un Dios de carne y hueso.
 
Jadeó al sentir sus labios una vez más cuando se inclinó hacia ella, un jadeo que se convirtió en gemido cuando la alzó haciendo que le rodeara la cintura con las piernas y los hombros con los brazos, entregándose a sus labios hasta que siente como la inclina para tumbarla sobre el colchón.
 
Lo suelta cuando él vuelve a erguirse sin apartar los ojos de él ni un segundo mientras se muerde el labio inferior, arrastrando con los dientes su sabor dulce. Eleva ligeramente la pierna al tomarla por el tobillo, sintiendo cada roce de sus labios y su lengua, volviendo a morderse el labio, pero en esa ocasión por el enorme deseo que la recorre cuando le agarra la liga con los dientes, arrastrándola por la piel hasta sacarla del todo.
 
Yo solo le quedaban las sandalias de tacón.
 
Se relame los labios al ser consciente de la mirada que Olivier le dedica, al ver su miembro duro como un garrote apuntando al cielo con la punta brillante. Por todos los demonios del infierno que con solo mirarlo se excitaba de una manera que nunca había llegado a sentir.         
 
Se gira en la cama cuando él se lo pide con esa voz tan ronca que provoca que su cuerpo vibre y su sexo palpite en respuesta, apoyando la mejilla contra las manos entrelazadas bajo la cabeza. Casi ronroneó gustosa al sentir sus labios besar la piel de la nuca, su espalda se arqueó siguiendo el camino marcado por su lengua y sus ojos se cerraron por la mezcla de deseo y relajación que la invadían.
 
Eleva las caderas, apoyándose sobre las rodillas cuando su mano la insta a alzarse, gimiendo al sentir sus dientes oprimiendo la carne, el cosquilleo que su aliento le producía.
 
-Olivier… -Gimió al sentir la cachetada en la nalga antes de que rehiciera el camino el camino hasta la nuca.
 
El roce de sus labios, las cosquillas de la lengua y las intensas descargas de sus dientes la estaban volviendo loca, llevándola al borde del orgasmo sin llegar a tocarla en realidad, sabía que en cuanto la penetrara iba a ver las estrellas. Sus ojos vuelven a cerrarse gustosos al escuchar sus jadeos junto a la oreja, sintiendo el duro roce de su miembro contra sus nalgas.
 
Un profundo e intenso gemido escapó de sus labios mientras su cuerpo vibraba ante esa declaración dominante y más gruñida que pronunciada que salió de los labios del hombre que la mantenía placenteramente presa contra el colchón.
 
-Olivier… -Lo llamó en un ruego mientras movía las caderas para frotarse contra su miembro, lo necesitaba en su interior o se acabaría consumiendo por el fuego que le recorría las venas. –Soy tuya. –Declaró en un profundo gemido.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 22, 2014 7:40 am

—Al menos déjame llamarte esta noche mi mujer —ruego con una expresión de cachorrillo sonriendo dichoso.

No me puedo sentir más en la gloria que en estos momentos en los que solo estamos mi hembra y yo, entregado en cuerpo y alma a la única persona que ha entrado en mi vida con una fuerza imparable, haciendo de mí el licántropo más afortunado de todos los que habitan sobre la faz de la tierra.

Me inflama la forma que tiene de mirarme, sus ojos brillan llenos de apetitos por mí y eso es tan estimulante como agradable, también halagador y me gusta, me gusta mucho que me desee tanto como yo la deseo.

Es perfecta para mí.

Podría freír un huevo en mi piel por la temperatura que ha alcanzado, estoy ardiendo, esta sensación ha ido aumentando paulatinamente conforme la he ido besando, acariciando y lamiendo, escuchando sus gemidos y jadeos en respuesta, su forma de nombrarme excitada, emanando de su deliciosa piel el olor de la excitación que al mezclarse con su perfume forman una fragancia enloquecedora.

—Sólo mía —gruño en el límite de mi excitación, más salvaje que otra cosa, deseando hundirme en sus entrañas así tal cual está pero un atisbo de razón me dice que continúe disfrutando de todos los instantes que se suceden a continuación, no habrán otros iguales a estos.

Una de mis manos se cuela por entre sus nalgas, el frotamiento contra mi miembro me ha hecho cerrar los ojos e inclinar la cabeza hacia atrás, exhalando un fuerte jadeo que vibra en mi pecho, acaricio con delicadeza su vulva impregnando las yemas de mis dedos con su esencia más íntima, las deslizo por sus labios hasta alcanzar su clítoris el cual empiezo a frotar suavemente.

El sutil perfume de su sexo me incita de tal forma que ya no puedo pensar, ni siquiera sé por qué no lo he hecho antes cuando hundo mi rostro entre los pliegues de sus finos y tersos muslos, tomando con mi boca su intimidad.

Paso repetidas veces mi lengua a lo largo de su vulva, lamiendo los labios y la palpitante perla que contienen, vuelvo a cachear una de sus nalgas apretando la carne en torno a mis dedos y mordisqueo la otra.

—Qué rica estás —emito un gruñido dominando todo el espacio con mis pulmones que parecen arden en llamas, volviendo a lamerla con tanto afán que devoro su sexo, sin cesar de pasar mi lengua y succionar su clítoris entre mis labios, cuando la noto tensarse hecha miel pura me incorporo para acomodar mi glande, pero antes lo froto contra sus labios y golpeo suavemente su centro de placer antes de introducirme lentamente.

Me recuesto sobre la espalda de mi hembra, apoyando una mano a un costado de su figura, la otra toma uno de sus pechos, pellizco el pezón cuando la penetro del todo, gruño con fiereza quedándome anclado deslizo mi mano hacia su entrepierna para continuar masturbándola empezando a moverme, embistiéndola sin prisa, muy despacio para que note cada centímetro de mi miembro más duro que las piedras.

Mordisqueo su hombro subiendo por su cuello, emito un gruñido reverberante en su oído, completamente instintivo y dominante.

—No pienso correrme hasta que te corras y quedes plenamente satisfecha —murmullo tan ronco que mi tono de voz vibra con fuerza en las cuerdas vocales—. Y después pienso volver a follarte hasta que te deshagas de gusto entre mis brazos —vaticino primitivo.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 22, 2014 8:31 am

Lo miró un segundo a los ojos, fijándolos en sus orbes verdes que la observan con una expresión suplicante, pidiéndole llamarla de esa manera durante el día de su unión. ¿Cómo iba a negarle nada a su hombre? Aunque a ella le supusiera mil tormentos se le daría todo. Acabó bufando al poner los ojos en blanco.
 
-Está bien. –Claudicó al final, cediendo a sus deseos.
 
Pero en ese momento, aprisionada majo el cuerpo de Olivier, sintiendo sus caricias y sus besos sobre la piel, estaba a punto de perder la razón. Notaba su duro miembro contra las nalgas, humedeciendo su piel con las gotas de líquido preseminal que su glande desprendía. Y solo podía gemir en respuesta.
 
Su cuerpo tembló, erizando la piel y poniendo el vello de la nuca como escarpias ante el tono salvaje y dominante con el cual Olivier había prácticamente gruñido la palabra “mía”. Pero era un hecho, su corazón y su alma ahora tenían dueño, eran propiedad exclusiva del hombre que la mantenía placenteramente cautiva bajo su fuerte cuerpo.
 
Un profundo gemido se libera de su garganta ante la oleada de placer que la recorre al sentir los dedos de Olivier masturbándola. Pero acaba arqueando la espalda, frotando los pechos contra la colcha cuando los dedos son sustituidos por la lengua.
 
-¡Olivier! –Gritó al borde del orgasmo cuando volvió a cachear su nalga, atrapando la carne entre sus dedos mientras su lengua se afanaba en darle el mayor de los placeres.
 
Gimió y se tensó a punto de alcanzar el orgasmo en el mismo segundo en el cual Olivier se alejó de su sexo. Pero antes de que pudiera protestar, su glande la acarició con intensidad, haciéndola jadear impaciente.
 
Sus manos se cerraron en puños intentando aguantar, intentando que el orgasmo se retrasara mientras él se introducía con lentitud, para acabar gimiendo y dejando caer la cabeza cuando, al entrar del todo en ella, comenzó a pellizcarle los pezones, tan erectos por la excitación que era una mezcla de placer y dolor de lo más satisfactoria.
 
Pero cuando comienza a moverse todas sus fuerzas por aguantar parecen ser nulas. La presión se acumula con la velocidad de un tornado al deslizar su mano para acariciar su clítoris, al sentir sus dientes en el cuello y sus gruñidos al oído. Ya no puede más, su voz ronca es el catalizador para que todo explote.
 
-Tarde… -Murmura entre gemidos sintiendo como todo su cuerpo se tensaba y explotaba. –¡Oli…! –Gritó cuando el clímax la alcanzó con fuerza.
 
Su cuerpo tembló mientras el más puro gozo la hacía derretirse entre las caricias  y las embestidas de su hombre. El placer la sacudió mientras gemía su nombre sintiéndolo en lo más profundo de su ser, moviéndose a su espalda. Sus manos seguían fuertemente cerradas en puños, con el corazón latiendo a mil por hora, siendo cada uno de ellos por su hombre.
 
-Olivier… -Susurra alzando la mirada para fijarla en sus ojos verdes. –Mi hombre. –Su licántropo, su Dios del sexo particular, su ángel guardián, su… marido…
 

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 22, 2014 10:17 pm

Sonrío ilusionado, porque al final me diga que al menos por hoy, puedo referirme a ella como mi mujer.

—Gracias gatita —respondo ensanchándose mi sonrisa, sintiéndome muy feliz.

Tiembla bajo mi cuerpo, el mío va a entrar en combustión por toda la marea de sensaciones que se están sucediendo una tras otra en mi sistema, sabe tan jodidamente bien que me enloquece, me excita hasta circunscritos extremos donde la razón queda relegada en un punto en el que soy más animal que hombre.

Gruño primitivo, tan salvaje y feroz como cuando estoy de cacería y he cazado a una de mis presas, su manera de gritar mi nombre inflaman mi pecho, llamando a mi parte más instintiva de mi cabeza allí donde el lobo lo domina todo.

Sus gemidos no hacen más que espolear mi deseo, me muevo despacioso sin embargo la embisto con firmeza a un ritmo en el que pueda sentirme por completo, no aguanta mucho así ya que al masturbarla la tensión de su cuerpo se vuelve más ostensible, es cuando redoblo mis embestidas moviéndome más rápido para que alcance con sumo gozo el orgasmo.

Aprieto los párpados cuando empieza a correrse, los espasmos naturales de su intimidad aumentan mi propio placer pero aún no voy a correrme, todavía no, aún nos queda mucha noche por delante y muchas horas para amarnos.

Voy ralentizando mis penetraciones hasta quedarme quieto conforme el clímax de mi hembra se ha ido apaciguando.

Jadeo excitado sobre la curva de su hombro, moviendo mi cabeza cuando se gira para mirarme con esos ojos dorados que tocan directamente en mi corazón, sonrío dichoso cuando me dice que soy su hombre, sintiéndome pleno de los pies a la cabeza. He terminado apoyando la otra mano sobre el colchón, dejando de masturbarla cuando el orgasmo se había adueñado de su menudita figura.

—Cariño —murmuro expresando de esta forma, con esta palabra todo cuanto siento, estoy en un momento tan inmenso que nunca imaginé que podría sentir tantas cosas con nadie.

Me voy moviendo para echarme a un lado de mi mujer, haciendo que se recueste encima de mí, la rodeo con un brazo deslizando las yemas de los dedos por su columna, subiendo y bajando lentamente, la otra mano acaricia su mejilla orientando su rostro hacia el mío sin dejar de mirarla fijamente a los ojos.

—Haces de mi el ser más feliz del mundo —digo enronquecido con mi pecho subiendo y bajando con rapidez—. Te amo tanto —no la dejo decir nada porque ya estoy besándola con todo un cúmulo de sentimientos y sensaciones danzando entre nuestras bocas y cuerpos.

Rodamos por la cama al girarme y quedar encima de mi hembra, haciéndome un hueco entre sus muslos, mi erección presiona su vientre mientras mi boca abandonando la suya va en busca de su garganta para marcarla, también besarla y lamerla, volviendo a gruñir mientras lo hago.

Al descender por su busto, perfilando una de sus clavículas con la punta de mi lengua, alcanzo sus senos, sus deliciosos pechos que me ponen tanto como si fuese un coche de carreras a su máxima potencia.

—¡Oh joder!... Pero qué buena estás —digo gruñendo ante semejantes manjares que mis manos y mi boca toman como si nunca en mi vida los hubiese probado y esta fuese la primera vez—. Cómo me ponen tus tetas muñeca —mordisqueo uno de sus pezones endurecido que parece de roca pura para luego lamerlo lujurioso e incontenible.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 23, 2014 1:13 am

Lo sentía, por Dios que sí lo sentía. Pero no solo en el interior de su cuerpo, sino en todo su ser. Con cada gruñido su alma se estremecía de una manera primitiva, como si estuviera en sintonía con la parte más animal de su hombre. Y cuando estos se hicieron más salvajes, toda ella vibró de gozo extremo.
 
Sus respiraciones son profundas, intentando llenar los pulmones con todo el aire necesario para poder respirar después del intenso orgasmo. Pero parece que no es suficiente, que no hay bastante oxígeno para apaciguar su pecho acelerado, sintiendo el aliento de Olivier erizando y cosquilleando la piel del hombro.
 
Pero la sonrisa que le dedica… nada podía ser mejor que eso, ningún orgasmo podía ser más placentero que ver la felicidad plasmada en su rostro de ángel guerrero. Y lo único que puede hacer es devolverle la sonrisa colmada de sentimientos mientras su pecho subía y bajaba a toda prisa.
 
Recostándose sobre su pecho cuando él se mueve hasta quedar junto a ella, le da un mordisco en el pecho antes de que su mano en la mejilla le eleva el rostro para que lo mirara a los ojos, mientras las caricias por la columna mandaban miles de descargas a todos sus nervios sensibles.
 
El corazón sufrió un mini infarto cuando le dijo que le hacía feliz. No fue por las palabras, sino por la forma en la cual lo dijo. Iba a contestarle, pero sus labios se lo impidieron, por lo que en vez de hablar, gimió contra ellos intentando decirlo todo lo que había en ella.
 
Acabó sonriendo contra sus labios cuando giran por la cama hasta quedar ella debajo, una vez más, dejándole espacio entre sus piernas, donde le encantaba tenerlo cada vez que tenía oportunidad. Se mordió el labio cuando, al respirar profundamente, su erección le presionó el vientre, mientras sus labios viajaban hasta la garganta.
 
Los mordiscos, en aquella zona tan erógena suya, la hicieron arquearse, pegándose todo cuando pudo al cuerpo de su hombre, que de nuevo la tenía prisionera contra el colchón sintiendo cómo se adueñaba de sus pechos.
 
Jadeo cuando entre gruñidos le mordió los pezones erectos y sensibles, enviando a su cuerpo una mezcla de dolor y placer increíble que la obligaron a curvar la espalda y ofrecerle sus pechos en bandeja, enredando los dedos de una mano en sus cabellos mientras que la otra la introducía entre sus cuerpos, alcanzando el grueso y duro miembro para poder masturbarlo.
 
-Olivier… -Gimió extasiada como estaba, dominada por las sensaciones, por el placer y las emociones por el hombre que estaba entre sus piernas.
 
Tiró de sus cabellos para que elevara el rostro y poder apoderarse de sus labios casi desesperada mientras lo masturbaba como podía con una sola mano, ya que nos dedos  no llegaban a abarcarlo entero. Le mordió el labio inferior con fuerza antes de volver a separarlo de ella para que la mirara a los ojos.
 
-No te contengas, Olivier. –Le pidió jadeando. –Esta noche soy tuya. –Para todo lo que quisiera, para que desplegara todo su lado animal, todo su instinto dominante.
 
Aquella era una noche para su hombre, y se lo pensaba dar todo.
 

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 23, 2014 2:16 am

Desde que nos conocemos me ha gustado ver a mi hembra feliz, cuando me devuelve la sonrisa que ilumina por completo su expresión, mi corazón da un vuelco de campana en el interior de mi pecho,  estoy tan enamorado de mi mujer igual que el primer día.

Y sé con absoluta certeza que estos sentimientos no van a menguar, al contrario, cada día que ha transcurrido desde esa primera vez en el callejón, se han hecho más fuertes, más intensos, echando raíces en mi alma.

Me estremezco, cada célula de mi cuerpo vibra ante el mordisco que me concede en el pecho antes de que tenga sus hermosos ojos anclados en los míos, besándola después con un cúmulo de sentimientos cabalgando en mi cuerpo por mi hembra, escucharla gemir al ritmo de los intensos latidos de su corazón es como alcanzar de pronto el nirvana.

Una de mis manos la toma por la cintura cuando arquea su cuerpo, cuando sus sabrosos pechos se quedan expuestos ante mis ojos, relamiéndome los labios vuelvo a tomar con mi boca uno de sus senos, gruñendo al obtener tanto placer en este gesto de mordisquear su pezón y lamerlo después, yendo en busca del otro para concederle las mismas dedicaciones, temblando de la cabeza a los pies por el gozo que me supone el que mi mujer empiece a masturbarme al colar su manita entre nuestros cuerpos.

Exhalo un profundo jadeo ante sus caricias, ante su voz teñida de éxtasis puro al nombrarme.

Entorno los párpados cuando me tira del pelo para hacer que alce mi rostro de sus pechos y la mire. Me muerdo el labio inferior escuchando sus palabras jadeadas, su forma de decirme que es mía y pienso tomarla como tal.

—Gatita… ¡Oh Dios…! —gimo ante el fogonazo placentero que me causa su manita acariciando mi miembro, mi expresión se contrae gozoso respirando y gruñendo con profusión.

El instinto es tan poderoso que ni puedo, ni quiero dominarlo, hundo mi rostro en su cuello, primero beso suavemente su piel exhalando bocanadas de aire por entre mis labios ante tanta excitación y deseo consumiéndome, lo mordisqueo con ganas marcándola una y otra y otra vez, es mía, sólo mía y de nadie más, es mi hembra, mi mujer, mi guerrera, mi luna, mi todo…

Voy cubriendo su busto de besos, lametones y suaves mordiscos que no dejan marca pero si una huella, invisible a un ojo humano que no para un congénere, mis manos la sostienen bajo el arco de sus costillas a cada costado de su cuerpo, mientras mis labios perfilan el diafragma, la línea que no se ve de su vientre, alcanzo su ombligo lo lamo y después lo soplo creando un contraste, me detengo en las cicatrices de su vientre mientras mis manos se van deslizando por cada lado de su silueta hasta las caderas, las yemas de mis pulgares acarician el hueso que se marca por estar tumbada, entretanto la punta de mi lengua delinea cada una de las profanaciones que surcan su suave piel, lamiéndolas como si pudiera borrarlas de esta forma, más que la marca en sí lo que significan y provocaron en su vida desde que fue una niña.

Hundo mi nariz en su vello púbico con forma de corazón, frotándome contra su Monte de Venus, besándolo voy bajando un poco más hasta tener de nuevo sobre mis labios su tierna intimidad. Alzo la mirada hasta su rostro antes de disponerme a lamerla de abajo arriba pasando toda mi lengua por su sexo, separando sus labios con los pulgares descubro su clítoris. Hago lo mismo que he hecho con su ombligo, lo soplo, lo lamo y lo acaricio con mi aliento antes de tomarlo entre mis labios y chuparlo igual que si fuese el más delicioso de los caramelos, lo cierto es que es toda una delicia.

En esta ocasión no espero a que esté tan receptiva que con un solo lametón más termine corriéndose, quiero tomarla por completo.

Me incorporo volviendo a deshacer el camino que he trazado por su figura, de nuevo cubriéndolo de besos, lametones y mordisquillos, cojo sus manos para entrelazar nuestros dedos alzándolas por encima de su cabeza me recuesto sobre mi hembra, la miro, sonrío de medio lado inclinándome para besarla, entretanto nuestros sexos se frotan al mover mi pelvis emulando los movimientos del coito.

Gruñendo en su boca acariciando su lengua con la mía suelto una de sus manos para colarla entre nuestros cuerpos y sostener mi miembro, estoy tan duro como el granito, acomodo el glande en su entrada empujando suavemente al mismo tiempo que suelto su otra mano para incorporarme, quedando de rodillas con las piernas bien separadas a cada lado de su cuerpo. La cojo de las caderas empezando a moverme, embistiéndola a un ritmo constante ni demasiado lento ni demasiado rápido, el bombeo de mi corazón se ha disparado más de lo que ya estaba, mis pulmones se llenan de aire para exhalarlo en forma de gruñidos y jadeos, comenzando a perder el control, ganándome la batalla el placer, echo mi cabeza hacia atrás con los párpados fuertemente apretados contra los ojos y los labios entreabiertos, emitiendo un gemido aullante cuando de pronto todo el gozo se acumula y me siento explotar eyaculando como un salvaje en sus entrañas, quedándome estático y clavado en su intimidad.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 23, 2014 7:19 am

La sonrisa satisfecha que se forma en sus labios ante la exclamación de Olivier mientras ella le acaricia el miembro no tiene parangón. Le es sumamente placentero ver a su hombre gozar con aquellas caricias que ella le otorga, fueran intensas o suaves, profundas o superficiales. Solo deseaba hacerlo disfrutar de la misma manera que él lo hacía con ella.
 
Su respiración acuciante le eriza la piel del cuello antes de sentir sus labios, lanzando contra su dermis fuertes resuellos de su cálido aliento. Al sentir la primera vez los dientes apretando la carne de la garganta, jadeó, igual que la segunda. Pero a la tercera gimió, gimió al sentir como los dientes atravesaban ligeramente la piel ante la fuerte e intensa mordida.
 
Había soltado la correa al lobo.
 
Apretó un poco más su miembro, ejerciendo una presión mayor ante el gozo que la sacudía mientras sus labios y sus dientes hacían un camino hacia el sur de su cuerpo. La otra mano estaba fuertemente anclada a los cabellos de su nuca, pero no lo detuvieron, no lo guiaron, simplemente permanecieron ahí, disfrutando del hecho de tenerlo sujeto.
 
Un intenso escalofrío le recorre el cuerpo ante soplo sobre el húmedo ombligo, contrastando la calidez de la salida con el frío producido por la respiración. Las manos, grandes y fuertes le acariciaban los costados. Casi se vio obligada a echar la cabeza hacia atrás cuando la lengua perfiló las cicatrices.
 
-¡Dios, Olivier! –Medio gimió y gritó por las sensaciones que la recorrían. Las cicatrices eran tremendamente sensibles, cualquier caricia en ellas poseía diez veces más sensaciones e intensidad que el resto de la piel del cuerpo.
 
Hacía rato que el miembro de Olivier había escapado de entre sus dedos al ir descendiendo por su cuerpo. Al sentir su aliento contra su sexo, no pudo hacer otra cosa que morderse el labio mientras lo miraba perderse entre sus piernas y se ve obligada a apretar los parpados por el millar de corrientes eléctricas que la atraviesan cuando siente su lengua, lamiéndola igual que un helado.
 
El frío aliento la estremece antes de volver a sentir su lengua. Los gemidos escapaban a su control igual que el movimiento de la pelvis, pidiendo más y más con cada movimiento. Pero en esa ocasión no le dio más, se apartó demasiado pronto para subir por su cuerpo empleando besos y mordiscos que contraían los músculos allá donde los posaba, haciéndola jadear por gozo y expectación.
 
Entrelazó los dedos con los de Olivier, mientras le elevaba los brazos por encima de la cabeza, volviendo a encajarse entre sus muslos y fundir sus labios con los de ella. La tenía atrapada, la tenía dominada.
 
Gimió contra sus labios.
 
Acompasó sus movimientos de cadera con los de Olivier para que sus sexos se rozaran, mordiendo y succionando su labio inferior antes de profundizar con la lengua y arrastras con ella todo su sabor dulce. Su gruñido reverberó en su propia garganta mientras sus lenguas luchaban y se acariciaban. Pero separó los labios aún más al sentir el roce del glande sobre su entrada.
 
“Santa María”. Gimió cuando se fue separando de ella y a la vez adentrándose en lo más profundo de su ser. Abrió aún más las piernas al situarse de rodillas entre ellas, dándole más espacio. La flexibilidad no era un problema para ella. La agarró de las caderas y ella las alzó para que el ángulo fuera el más idóneo, el más profundo mientras comenzaba a embestirla.
 
Por todos los dioses de la historia conocida, su garganta reseca por tanto gemido casi no aguantaba y aun así, los gritos subían de volumen ante el placer. Las embestidas no eran rápidas, ni tampoco lentas pero eran profundas, secas y concisas.
 
Se humedeció los dedos de una de las manos para desplazarla hacia el lugar donde se unían y comenzó a masturbarse, teniendo que echar la cabeza hacia atrás por el intenso placer que la invadía, escuchando los gruñidos animales de su hombre.
 
Cuando lo oyó medio aullar y lo sintió explotar en su interior ella lo siguió, gritando su nombre con todos los músculos de su cuerpo tensos como las cuerdas de una guitarra. El clímax fue aplastante, el placer intenso hasta que tuvo que retirar la mano de su sexo, mientras él aún manaba su semen en el interior de su cuerpo.
 
El corazón le latía frenético dentro del pecho deseando atravesarlo para corretear por su cuenta, tenía la piel perlada de sudor, la respiración alterada y la garganta palpitante ahí donde había clavado con intensidad los dientes. Intentó apoyar los tacones sobre el colchón, pero las piernas le temblaban como si fueran de gelatina.
 
-Eres un Dios del sexo. –Su voz era ronca y pastosa por la cantidad de gemidos y gritos mientras lo miraba a los ojos.
 
No había mejor hombre en la cama que él y esperaba que aún no le se hubieran acabado las energías.
 

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 23, 2014 8:17 pm

Mi hembra me acompaña en este viaje de placer, deseo y excitación que termina desatándose en un fiero orgasmo. Sus gemidos a lo largo de todo el trayecto mientras me adueñaba de cada poro de su piel, aún perduran en mis oídos, como melodía acompañándonos a este momento tan singular, tan especial e único, cada vez que lo hacemos es mejor que la anterior vez.

Me muerdo la boca al entornar los párpados y la veo masturbarse, mientras mi miembro desatado en su interior derrama su semilla, es la visión más erótica y sensual que mis retinas puedan captar de mi mujer.

Es condenadamente bonita.

De mis labios se escapa un fuerte gemido que va decreciendo en intensidad a medida que mi cuerpo va destensándose, me he quedado estático profundamente anclado a sus entrañas mirándola satisfecho.

Sonrío mimoso cuando me dice que soy un Dios del sexo, también halagado, respirando con ansiedad mi pecho sube y baja con rapidez, mi piel esta velada por el sudor al mismo tiempo estremecido desde el primero hasta el último cabello de mi cabeza.

—Tú eres mi Diosa —murmullo grave estirando un brazo para rozar con las yemas la última mordida que le he dado en la garganta, mucho más intensa que en otras ocasiones, sin haber podido controlarme—. Me vuelves loco gatita —algo que está de manifiesto y es más que evidente.

Deslizando las yemas de mis dedos por el centro de su silueta, tomo una de sus piernas, apoyando su pie vestido con la sandalia sobre mi pecho, comienzo a soltarla para quitársela, al hacer lo mismo con la otra y dejar su pie desnudo, mis manos lo masajean suavemente y mis labios se van posando en cada dedo siguiendo el costado de su pie hasta llegar al tobillo. Al soltarlo para que descanse la pierna me inclino hacia delante, recostando los antebrazos a cada lado de su cuerpo hundo mi rostro en su cuello para cubrir con suaves lamidas las marcas de su piel.

Mi instinto me lo exige, lamer cada brecha en un intento natural para curarlas.

Los dedos de mis manos rozan sus cabellos y los contornos de su rostro a cada lado de su cabeza, mis labios van ascendiendo por su mentón, subiendo por su barbilla hasta alcanzar su apetecible boca. La beso con muchísima ternura aún respirando intermitente y agitado, mi corazón retumba en mi pecho por la intensidad de mis sentimientos expuestos en este gesto.

—Mi preciosa mujer, todos los hombres me envidiarán —murmuro seductor esbozando una sonrisa ladeada—. Tengo como cónyuge a la mujer más impresionante del planeta —susurro sobre sus labios volviendo a besarla despacioso, saboreando cada roce que nuestras bocas se conceden, disfrutando de estos momentos relajados tras haber padecido uno de los orgasmos más intensos de todos cuantos he tenido con mi hembra—. Bañémonos en la piscina —propongo de repente con un tono de voz sumamente mimoso, corroborándolo el gesto que tengo al darle varios besos en los labios, muy sensibles y delicados.

Aguardo a que me diga si quiere o no, tal vez esté cansada por este día repleto de emociones y quiera descansar, más aún tras haber hecho el amor.

—Si estás cansada podemos descansar gatita —añado expresando mis pensamientos de viva voz—, me quedaré velando tu sueño —sonrío cariñoso mirándola con una expresión de mimoso empedernido para de nuevo hundir mi rostro en su cuello y darle tiernos besos igual que si fuese de porcelana.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 24, 2014 7:30 am

Su cerebro no era más que gelatina, incapaz de atar hilar dos pensamientos seguidos, al menos no en ese momento en los cuales lo único que sus oídos escuchaban era el retumbar de su propio corazón y el resollar de la respiración al salir, acelerada, entre sus labios entreabiertos mientras lo contemplaba, arrodillado entre sus piernas con la piel brillante por el sudor y con el pecho fuerte y tatuado, subiendo y bajando casi a la misma velocidad que el suyo.
 
Decir que era un Dios del sexo era quedarse corta.
 
Un estremecimiento recorrió su cuerpo de la cabeza a los pies bajo en contacto suave de las yemas de sus dedos sobre el cuello, en ese punto donde sentía el palpitar por la dentellada que le había dado, junto con su voz ronca y las palabras que la dedica, pues estaba demasiado lejos de parecer una Diosa.
 
Negó con la cabeza mientras le sonreía. Más bien era al revés, él la hacía perder la cabeza de una manera tal, que acababa haciendo locuras. Locuras tales como casarse. Tan solo pensar en ello hacía que su cuerpo respondiese de manera automática erizándole la piel, aún más bajo el tacto de los dedos de Olivier por su cuerpo hasta tomar uno de sus pies.
 
Lo observa mordiéndose el labio quitarle las sandalias de tacón con una delicadeza extrema y haciéndola reír por las cosquillas que la invadieron cuando le besó los dedos, haciendo que estos se encogieran cuando pasó al tobillo. Dejó caer las rodillas hacia los lados sintiendo los músculos temblar como si fueran hojas caducas al final del otoño. Pero acabó jadeando al sentir su aliento en el cuello para volver a reír abrazándolo.
 
-No me babosees. –Pidió riendo divertida al notar la fría saliva sobre la mordedura.
 
Sabía que lo hacía para curar las heridas con la salida del lobo, pero siempre le hacía mucha gracia ese comportamiento de lamer las heridas como si fuera una gasa con antiséptico. Claro que las risas son sustituidas por jadeos cuando asciende por el rostro hasta sentir sus labios sobre los suyos. Le devolvió los besos tiernos y sentidos mientras sus manos acariciaban su espalda y una de ellas ascendía hasta la nuca, la cual masajeó con delicadeza.
 
-Lo dudo. –Murmuró mirando su expresión arrebatadoramente sexy, con esa sonrisa que siempre la enloquecía.
 
Iba a protestar, hombre que si iba a protestar cuando usó la palabra “cónyuge” pero las ideas murieron cuando la besó de nuevo, haciendo que las quejas se disiparan. Dios, se había casado, ella, no se lo podía creer. Pero ya estaba hecho y parecía haber hecho feliz a Olivier que era lo único que le importaba.
 
-Mmmm… -Dijo al proponerle bañarse en la piscina mientras le daba beso y beso, suaves y delicados. Pero sus siguientes palabras, con esa expresión tierna y mimosa la hicieron sonreír. -¿Velando mi sueño? –Preguntó divertida jadeando por las sensaciones que le otorgaban los labios sobre el cuello, dando pequeños besos. -¿Me observarás mientras duermo como un acosador? –Bromeó antes de pasar las uñas por su espalda.
 
Movió las piernas, que habían cogido algo de fuerza y las enganchó entre las suyas con un rápido movimiento haciéndolos voltear las posiciones hasta quedar ella encima. Se sentó bien, quedando a horcajadas sobre su cuerpo y gimiendo al mover su miembro que aún estaba en su interior.
 
-Aún te queda mucho trabajo para agotarme, Lobito. –Lo miró a los ojos con un brillo de lo más juguetón mientras una sonrisa pícara se formaba en sus labios al emplear el diminutivo que usaba su familia.
 
Apoyó las manos en los hombros y bajó hasta la cintura acariciándolo con las uñas, pero sin llegar a clavarlas en la piel. Se inclinó sobre él dándole un mordisco en el pectoral, apaciguándolo después con un beso y repitió la acción en el hombro, el cuello y la mandíbula antes de llegar a sus labios para poder besarlo, despacio pero con intensidad, gimiendo contra ellos.
 
-Tenemos mucha noche por delante. –Murmuró al separarse. Le agarró el labio inferior con los dientes y tiró de él con una sonrisa. -¿O es que estás cansado y quieres que yo vele tus sueños? –Preguntó antes de volver a besarlo.
 
Porque algo tenían sus labios que eran demasiado adictivos para ella, su sabor dulce le era necesario para seguir respirando y sintiendo con normalidad. Lo necesitaba a él.


 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 24, 2014 9:52 pm

Sonrío mimoso al ver su sonrisa y escuchar su posterior risa cuando beso sus deditos de los pies, no hay ni uno solo tramo de piel de mi mujer que no haya probado antes, me vuelve loco de los pies a la cabeza.

Sentirme entre sus brazos cuando me abraza y me dedico a lamer repetidas veces el mordisco que le he dado en la garganta, es estar en mi hogar, el único que poseo, es todo cuanto necesito en este mundo cruel, es todo cuanto amo y quiero.

Me echo a reír cuando me dice que no la babosee, desatándose varias carcajadas en mi garganta por esa afirmación, sin embargo las risas son sustituidas por un profundo suspiro al ir al encuentro de su boca y besarnos.

—Gatita —murmuro cariñoso—. Te babosearía enterita.

Sus brazos envolviéndome, mis manos a cada lado de su rostro, sus manitas acariciando mi espalda  y mi nuca me estremecen como si me hubiesen electrificado, el gozo que siento es intenso, estoy sensible tras el reciente orgasmo, cada caricia la siento magnificada.

—Yo no lo dudo, estoy seguro de que me envidian —me baso en cómo la miran los hombres cuando paseamos por las calles de la gran ciudad y en cómo me miran después a mí, como diciendo: Qué hace un desgraciado como tú con un pibón así.

Podría pasarme toda la vida así, sumiso entre sus brazos besándonos unidos en cuerpo y alma, con un millar de sensaciones recorriéndome el espinazo a cada cual más estremecedora e intensa, sintiendo a mi mujer como una parte de mi.

Sonrío divertido cuando me hace esas preguntas bromeando, desde que nos conocemos me ha encandilado su sentido del humor, su elocuencia, lo mucho que podemos reírnos de cualquier tontería que se nos ocurra, nuestras bromas particulares. Sus uñas deslizándose por mi espalda me hacen jadear.

—Es que no te lo he dicho gatita, soy tu acosador número uno, te tengo vigilada día y noche siguiendo cada uno de tus pasos y te saco fotos desnuda —me carcajeo pillastre por la sarta de tonterías que acabo de decir, ninguna es cierta.

De pronto me bloquea de esa forma para hacernos girar tumbándose encima de mí, sentándose a horcajadas el movimiento me hace gruñir de placer, al notar como mi miembro en un estado de semi erección se acopla en su interior con el gesto.

Me muerdo el labio inferior viendo el brillo de los ojos dorados de mi mujer, su expresión pícara que de nuevo acelera mi corazón ante la perspectiva de lo que está por llegar, expectante de excitación mi piel reacciona ante su forma de nombrarme con el apelativo que siempre han utilizado en casa, escucharlo de sus labios es jodidamente sexy.

Mis manos la toman por los costados de sus nalgas, al mismo tiempo que sus uñas se deslizan por mi torso, haciendo que vea estrellitas tras los párpados cerrados que en estos momentos aprieto por la intensidad de sus caricias, me muerde el pecho haciéndome gemir igual que un cachorrillo para después besar la piel que acaba de morder, le sigue el hombro, el cuello…

—¡Ah joder cariño! —mi ser se ha estremecido por entero, mi miembro en sus entrañas ha dado una sacudida por el gozo extremo que me supone que me mordisquee el cuello, los dedos de mis manos se han crispado alrededor de la carne de sus nalgas.

Gruño jadeante al morderme la mandíbula, cómo me está poniendo, vuelvo a sentirme arder, vuelvo a notarme cachondo perdido, más al tener sus jugosos labios sobre los míos gimiendo mientras me besa, la razón ha dado un salto en el trampolín de mi cabeza, escapándose ante la lógica, dejándome sumido en un estado primitivo.

Tira de mi labio inferior al mordisquearlo diciéndome provocativa si estoy cansado, cuando lo único que puedo pensar ahora mismo es en follar como salvajes.

—Lo que quiero es follarte como un loco —murmuro con gravedad dándole una palmada en una de sus nalgas apretando de nuevo la carne entre mis dedos, elevo sus caderas en el gesto, doblo las rodillas apoyando los pies sobre el colchón y la embisto volviendo a hundirme en sus entrañas, estoy jodidamente duro y tieso como la rama de un árbol.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 25, 2014 12:13 am

En esos instantes parecía tan sencillo ser feliz que daba miedo, un temor que jamás sentía al ir a cazar. Un beso o una caricia era suficiente para sentirse plena, para sentir que todo lo demás sobraba, que el mundo podía irse al infierno en ese instante. Si en ese momento, los cuatro jinetes atravesaban cabalgando el jardín, ella simplemente se encogería de hombros para volver a besar los dulces labios de Olivier.
 
-Ya lo haces casi cada día. –Aclaró pero sin ningún tipo de queja en la voz.
 
No había protestas ante algo así, al menos no de ella. Le encantaba sentir la habilidosa lengua de su hombre recorriéndole el cuerpo y empujándola con una fuerza desmedida hacia el borde del más alto de los placeres. Como había hecho hacía escasos minutos.
 
-Vuelvo a repetir que lo dudo. –Comentó con una sonrisa. –Nadie está tan loco, ni es tan masoquista como tú como para pasar conmigo más de veinticuatro horas.
 
Era un hecho, una realidad. A veces hasta sus amigos decían necesitar unos días de descanso después de pasar mucho tiempo con ella. Su forma de ver las cosas y su ritmo de vida eran agotadoras para la mayoría, física y psicológicamente. Sin embargo, Olivier había aceptado pasar junto a ella lo que les quedara de vida, que podían ser tres días o tres décadas.
 
Su propia sonrisa se ensancha al contemplar la de su hombre, divertido por las preguntas, siempre dispuesto a seguir sus bromas que nunca parecían molestarle. Al contrario, parecía disfrutar de su extraño humor. Agranda los ojos mirándolo alucinada fingiendo estar escandalizada.
 
-¡Oh! Y lo admites poniendo cara de inocente. Debería darte vergüenza. –La sonrisa se fue formando en sus labios sin poder controlarla. –Si eres el acosador número uno, ¿quién es el dos? –Preguntó sumamente divertida mirando su expresión. –Ya que me estás todo el día espiando y fotografiándome desnuda, sabrás decirme donde está en tanga rojo, ese que por delante es semitransparente y en la parte trasera se ata mediante un lazo rojo. Hace días que no lo encuentro. –Se echó a reír por la situación y las bromas del momento.
 
Su propio gemido quedó oculto por el gruñido de Olivier al hacerlos girar en la cama para quedar ella encima y comenzar a morderlo sintiendo sus fuertes y cálidas manos posabas a los lados de su cuerpo, a la altura de las nalgas. Disfrutaba de sobre manera de cada gemido que escapa de sus labios, como si fuera un cachorrillo pidiendo cariño. Al menos hasta llegar al cuello, en ese momento la exclamación que soltó la hizo sonreír al besar la piel marcada para acabar jadeando al sentir su miembro moverse en su interior, volviendo a crecer poco a poco mientras sus dedos apretaban sus nalgas.
 
Un estremecimiento de gozo la recorrió ante sus palabras, dichas con esa gravedad que siempre la hacía temblar. Un nuevo jadeo se formó en su garganta, pero no lo dejó escapar cuando la cacheó el trasero y en venganza volvió a morderle el cuello con fuerza mientras él le la elevaba, jadeando al sentir cómo salía de su interior.
 
-¡Olivier! –Gritó cuando con un solo movimiento, certero, rápido y fuerte se hundió de nuevo en ella.
 
Iba a comenzar a moverse, a mecer sus caderas, pero en vez de eso pasó las piernas bajo en cuerpo elevado de su hombre y entrelazó los tobillos impiéndole así que se moviera dentro de ella, manteniéndolo fuertemente anclado mientras sonreía más diablesca que el mismísimo Lucifer.
 
-Me parece que no puedes conmigo. –Le retó divertida. Apretó los músculos internos, aprisionándolo un poco más dentro de ella mientras se inclinaba hacia su oído, pasando la lengua por él antes de mordisquearla. –Creo que el cazador puede con el lobo. –Su voz era melosa y sensual, provocándolo, tentándolo.
 
Le encantaba jugar y esa noche no iba a ser menos. Pasó la punta de la lengua por la línea de la mandíbula hasta llegar al mentón y morderlo mientras apretaba sus músculos internos y balanceaba muy suavemente las caderas.
 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 25, 2014 2:00 am

No hay momentos más plenos que estos en los que me encuentro con mi hembra, con mi flamante mujer que esta noche ha vencido todos sus miedos al compromiso uniéndose a mí en cuerpo y alma al convertirse en mi compañera por el resto de nuestros días.

—Y no pienso dejar de hacerlo nunca, te vestiré de babas y de besos —me río cariñoso por cómo suena el que le diga esto mismo, aunque para nosotros signifique que siempre voy a colmarla de atenciones, sean del tipo que sean, no podría ser de otra forma.

Arqueo ambas cejas para después mirarla con aires de seductor nato al decirme que duda que los hombres me envidien, que habría que estar loco o ser un masoca por pasar más de veinticuatro horas a su lado.

—Pues yo no lo dudo gatita —corroboro ensanchándose mi sonrisa hacia un lado de mi rostro—. Yo estoy loco, por ti, pero no soy ningún masoca eres la mujer más maravillosa del mundo y quiero pasar cada segundo de mi vida a tu lado, no hay nadie como tú para mí, desde que te conocí me gustaste, eres mi media luna —la miro cariñoso rozando con el pulgar su mejilla bajando hasta la comisura de sus labios, mirándolos con deseo me inclino para besarla con ternura.

La adoro muchísimo, todo cuanto se puede adorar a una persona, lo que piensen los demás me importa una mierda, nadie sabe lo que esos ojos felinos encierran con dos iris tan dorados que retan en belleza al mismo sol, nadie diría a simple vista que tras la fachada de mujer indefensa y frágil existe el corazón de una auténtica guerrera, mi valkiria que es capaz de noquearme con una sola de sus dulces sonrisas.

—Pues claro que lo admito —me descojono sin remedio mirándola con diversión—, también soy tu acosador numero dos y el tres y cuatro… —cuántas tonterías se pueden decir en un momento sin embargo, nos hacen reír y disfrutar como si fuésemos niños otra vez, no cambio estos instantes por nada, más que por otros de igual valor sentimental—. Cuando el número uno está descansando paso al número dos y así sucesivamente —explico como si en verdad fuese cierto, para luego poner cara de golfo redomado—. Muñeca no puedo decírtelo, lo tengo guardado en mi cofre de los tesoros.

He destrozado mucha de su lencería más sexy y picante por no haber podido controlarme ni un mínimo cuando hacemos el amor, me enloquece de tal forma que la gran mayoría de las veces le arranco la ropa interior en un arrebato apasionado, porque me estorba, porque quiero hacerla mía en ese mismo instante y perderme en su sabor, en la tersura de su piel, en su íntima fragancia tomándola como si no existieran más horas en el tiempo y éste se hubiese consumido para siempre.

Mi hembra vuelve a morderme dejándome más expuesto de lo que ya estoy, mi erección torna imposible para estas alturas, tan excitado que me siento a reventar, sus entrañas me comprimen mientras se adaptan a la envergadura de mi miembro, jadeo gruñendo, de nuevo ardo de los pies a la cabeza.

—¡Oh Dios! Gatita… —gimo por el ramalazo de placer que me cruza de arriba abajo, ante su forma de exclamar mi nombre ante mi embestida quedándome perfectamente acoplado en su interior.

Me aprieta de tal forma que impide que mueva mi pelvis, rodeándome con fuerza con sus piernas, oprimiéndome un poco más en sus entrañas, mi miembro también gime por dentro ante tanto placer, viéndola sonreír de esa forma que me pone aún más cachondo, es tan jodidamente sensual que en mi cerebro parece licuarse de repente.

Las cosquillas que recorren por mi cuerpo ante el roce de su lengua por mi oreja, son tremendamente intensas, acrecentándose la sensación de gozo al mordisquearla, jadeo embargado con mis manos recorriendo su columna, subiendo y bajando, volviendo a cachear su trasero, esta vez la nalga contraria a la anterior.

—Vas a quemarte mi pequeña cazadora, el lobo piensa devorarte muy despacio —murmuro tan ronco que la frase termina rematada por un fiero gruñido teñido del más absoluto de los placeres—. Cariño cómo me pones —añado tomándola con mis manos por los omoplatos, ladeando mi rostro para encontrarme con el suyo, mi boca se funde entre sus labios introduciendo mi lengua en su interior, la beso desmedido al mismo tiempo que provoco que giremos sobre el colchón.

Aprovecho el gesto para sujetarla por las muñecas, alzando sus manos por encima de su cabeza, impidiéndola mover los brazos.

Mezo mi pelvis moviéndome despacioso, rozando sus labios contra los míos sonrío canallesco, tanteando su boca sin llegar a besarla.

—Pienso volver a cumplir una de mis fantasías —susurro libidinoso, estirando una mano para alcanzar mi corbata y que mi mujer al quitármela ha tirado sobre la cama, sujetándole las muñecas con la otra mano me apresuro a atárselas de tal forma que no pueda soltarse—. Ahora eres mía y me perteneces mi pequeña gran guerrera —deslizo las yemas por la cara interna de sus brazos estirados, rozo sus axilas y perfilo los costados de sus senos mientras mi boca recorre su cuello y con la punta de mi lengua dibujo el valle de sus pechos, subiendo por uno de ellos para coronar su pezón dándole diversos lametones y suaves mordiscos atrapándolo entre mis dientes tirando delicado para darle mayor placer—. Estás deliciosa —murmuro sonriendo ladeado mirándola con una expresión de granuja.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 25, 2014 6:52 am

-Mmmm… -Su semblante era pensativo, mordiéndose el lateral del labio inferior. –Creo que si salgo vestida así llamaría demasiado la atención. Solo me faltaría el caballo, al más puro estilo de Lady Godiva. –Comentó entre risas.
 
Aunque en casa no le importaría estar ataviada únicamente con ellos, más besos que babas, eso sí. Peor siempre y cuando fueran de Olivier no tendría protesta alguna que dar. Adoraba los momentos en los cuales, estaba distraída haciendo cualquier cosa hasta que Olivier la sobre saltaba rodeándola apoyado a su espalda y besando su cuello con cariño.
 
Eleva una ceja ante su mirada seductora, como si intentara camelarse a una agente de la ley para evitar alguna multa de tráfico, poniendo esa cara que prometía mil y un placeres si simplemente le tomabas de la mano. ¿Cómo no iba ella a tomarla? Más aún cuando le dedica esa sonrisa torcida suya.
 
-Te empacharé. –Comentó cariñosa sintiendo la caricia sobre la mejilla. –Además te recuerdo que lo primero que pensantes al conocerme fue que estaba tarada. –Sonrió ante el recuerdo de cómo había desencajado la mandíbula al descubrirse el torso y mostrarlo completamente amoratado por la fractura sin soldar de la costilla.
 
Le devuelve el beso tierno, saboreando sus labios con calma y cariño. Hacía tiempo que consideraba a Olivier su sol particular, su propio astro que iluminaba su oscuro comido y calentaba su frío corazón.
 
Puso los ojos en blanco cuando él comenzó a reírse a mandíbula batiente.
 
-Creo que voy a pedir una orden de alejamiento. –Comentó ella entre risas. –¿Es que te dedicas a robarme la ropa interior para guardarla en cajas? –Se mordió los labios un segundo para controlar la risa. –Eso si es muy de acosador. Solo falta que me digas que te dedicas a olfatearlas cuando yo no estoy. –En ese momento sí que no pudo aguantar la risa.
 
La verdad fuera dicha, no sabía dónde tenía ese conjunto de ropa interior. Seguramente habría acabado en la basura, como la gran mayoría de sus tangas y braguitas. Olivier tenía la costumbre de arrancarlas en vez de quitarlas y a ella le encantaba y la excitaba cuando lo hacía, por lo que cada dos por tres tenía que ir a comprar más y más conjuntos de lencería. Acabaría pidiéndolos al por mayor.
 
Sus dientes comprimen con fuerza el labio inferior por el intenso placer que la recorre, por el gruñido jadeado que él emite, por volver a sentirlo completamente rígido de nuevo en su interior cuando la embiste de esa forma, pero sobre todo por mantenerlo fuertemente sujeto con las piernas sin permitirle moverse.
 
Sus ojos entrecerrados prometían venganza ante la cachetada y así fue cuando se separó para darle un bocado en el pectoral, dejando la huella de sus dientes marcada en la piel. Su cuerpo se excitó al punto, humedeciéndose aún más de lo que ya estaba ante su frase ronca que acabó en un fiero gruñido. Nada podía ser más sexy y excitante que eso.
 
-Me encanta quemarme. –Murmuró sensual para combatir su voz cavernosa.
 
Gimió contra sus labios cuando la estrechó por la espalda para besarla y hurgar en el interior de su boca en busca de su lengua, la cual sale a su encuentro. Jadeando gira con él sobre el colchón, volviendo a quedar bajo su cuerpo. Arqueó la espalda haciendo que sus pechos se rozaron con el de Olivier cuando la agarró de las muñecas, inmovilizándolas encima de su cabeza pero gimió cuando se meció, penetrando y saliendo de su cuerpo poco más de un centímetro, pero no por ello menos placentero.
 
Alzó la cabeza ante sus palabras y su mirada gamberra sin saber a qué se refería pero antes de darse cuenta se encontró con las muñecas atadas. Elevó la mirada para ver como la corbata de Olivier de amarraba a ellas impidiendo separarlas.  
 
-No des nada por hecho. –Murmuró cerrando los ojos bajo las caricias de sus dedos.
 
Ladeó la cabeza para darle acceso a su cuello antes de que bajara hasta sus pechos. Su espalda se arqueó gimiendo bajo las atenciones de los labios y dientes sobre su pecho. Fue elevando una pierna entre sus cuerpos, pegando el muslo contra su propio cuerpo y la rodilla contra el pecho de Olivier mientras mecía las caderas provocando que su miembro se moviera en su interior.
 
Con una sonrisa que su hombre no pudo ver por estar ocupado con sus pechos enganchó con su otra pierna el muslo de Olivier y con un movimiento empujó su pecho con una pierna mientras tiraba de la otra haciéndolo salir de su interior y caer de espaldas contra el colchón. Momento que ella aprovechó para moverse y salir de su posición colocándose de rodillas con el cabecero a su espalda y de cara a él, con las manos atadas y una sonrisa provocadora en los labios.
 
-Creo que vuelvo a ganar. –Le tentó divertida mientras alzaba las manos entrelazadas y le hacía el gesto con el dedo índice de una de ellas, diciéndole que se acercara. –Ven por mí si te atreves, Lobito. –Su sonrisa se ensanchó aún más mientras sus ojos brillaban ante el reto que había lanzado.
 
Sabía que estaba jugando con fuego y no había nada que le gustara más que quedarme con su hombre.

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 25, 2014 8:06 am

—Eso sí gatita para salir a la calle te me pones ropa —contemplo como si estuviese escandalizado por decirme que saldría desnuda a la calle, no es que me importara, lo que sería contraproducente sería la de ojos que tendría que arrancar de las órbitas para que ningún macho la mirase a su paso y cómo cojones no iban a mirarla, si quita el hipo con su sola presencia.

Tener a una mujer que es un verdadero pibón acarrea que tenga que aguantar a que los babosos de turno la remiren, como si fuese un florero de decoración expuesto para su deleite y escrutinio visual, pues no me sale de los cojones que la miren así.

—Huummm… —emito gustoso cuando me devuelve el beso, besándonos de esta forma apacible, sin ninguna prisa, disfrutando de nuestros labios acariciándose, de nuestras lenguas rozándose y nuestras bocas entrelazadas como si fuesen una sola—. Nunca me empacharía de ti muñeca, al contrario, te necesito constantemente —murmuro diciéndoselo en serio mirándola con intensidad—. No pensé que estuvieses loca, sino que eras temeraria por salir de casa con las costillas rotas y el torso amoratado y me sorprendió muchísimo tu fortaleza, el aguante que tienes al  dolor —algo que he ido comprobando con el paso del tiempo, es capaz de aguantar lo inimaginable sin ni siquiera suspirar por el dolor.

No puedo evitar reírme descojonándome vivo, no hay día que mi hembra no me haga sonreír o reír de la risa, hemos tenido momentos que hasta se me han llegado a saltar las lágrimas de los ojos por descojonarme.

—Ni las órdenes de alejamiento conseguirían separarme de ti gatita, no hay nada que pueda lograrlo —sonrío con amplitud—, no me hace falta cariño me basta con abrir tu cajón donde guardas toda la lencería si quiero recrearme —afirmo con malicia mirándola divertido para de nuevo descojonarme de la risa—. Prefiero olfatearte a ti muñeca, o en su defecto cuando me faltas olisqueo la almohada —algo que si que era cierto, todas esas noches en las que salía de casa bien para una vigilancia o una cacería, mi rostro permanecía hundido en su almohada abrazado a la misma.

Jadeo estremecido cuando muerde de nuevo mi pectoral, esta vez con más fuerza la huella de sus dientes se queda marcada, lo cual me hace inflar el pecho en señal de orgullo, es inevitable que no lo haga llegados a este punto donde el instinto más gregario juega un papel fundamental en mi cerebro.

—Y a mí que te quemes conmigo —murmuro enronquecido notando sus senos erizados rozándose con mi pecho cuando arquea su columna mientras ato sus muñecas.

Es tan erótico tener a mi hembra así, tan excitante que me muerdo el labio inferior contemplándola durante unos instantes para después perderme en el sabor de su piel, es toda una delicia divina.

Gruño jadeante cuando mi hembra agita su cadera mientras coloca de esa forma la pierna entre nuestros cuerpos, con sus movimientos de pelvis comprimo los párpados contra los ojos por el fogonazo de placer que me recorre, lo que no me espero para nada es lo que hace a continuación.
De pronto me veo impulsado, obligado a salir de su cálido y acogedor interior, me veo tumbado contra el colchón con la cabeza en los pies y mi mujer de rodillas frente a mí, mirándome provocadora con esa sonrisa que derretiría los cascotes polares.

—Tu lobito se va a divertir mucho con su mujer —sonrío granuja mirándola con las pupilas brillando, más allá anida ese espíritu salvaje que me hace gruñir de placer, deseo, expectación, de tantas ganas insaciables por mi hembra, realmente incombustible.

Me lanzo a por mí hembra siempre cuidadoso en mis gestos, busco las cosquillas de sus costados para hacer que se retuerza entre mis brazos, aprovecho uno de los gestos para moverla y hacer que termine boca abajo contra el colchón tumbándome encima suyo, mi erección se queda comprimida entre sus nalgas y mi vientre, mientras con una mano retiro los cabellos de su rostro ladeado, con la otra sujeto sus muñecas amarradas por encima de su cabeza.

Delineo su oreja con la punta de la lengua igual que ha hecho mi hembra antes conmigo, mordisqueo el lóbulo y lo lamo juguetón, esbozando una sonrisa la miro picaresco.

—He cazado a una gatita —me muevo para tumbarme colocándonos de medio lado sobre la cama, cuelo mi cabeza entre sus brazos, la rodeo con los míos al mismo tiempo que tomo su pierna para hacer que me rodee por la cintura, mi pelvis se mueve y mi miembro busca inconscientemente la entrada de su intimidad, provocando que se froten nuestros sexos sin llegar a poder penetrarla si no sujeto mi miembro con una mano, al final es lo que termino haciendo al encajar el glande y empujar suavemente sujetándola por la nalga que vuelvo a cachear excitado.

Mi expresión se ha contraído de gusto al quedar completamente hendido.

No me muevo, abro los ojos y la miro velado en el mayor de los gozos, de las sensaciones y sentimientos, que están en mí y en mi mujer, el uno por el otro.

—Te amo, de una manera loca tal vez, pero te amo con todo lo que soy —murmuro fijo en sus ojos dorados alzando la mano para acariciar sus labios con la yema del pulgar, sustituyéndola en seguida por mi boca que la roza sin llegar a profundizar en un beso—. Quiero que tengamos hijos cariño, cuando estés preparada para ello, no me gustaría que nos fuésemos de este mundo sin dejar nuestro propio legado.

No me había vuelto a atrever a sacar este tema desde la discusión monumental que tuvimos en su día, ahora mismo no he podido evitar decirle lo que siento cuando la miro a los ojos, lo que deseo para nosotros, lo que quiero en un futuro.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 25, 2014 9:38 pm

-Vaya… -Comienza diciendo para poner cara entristecida. –Y yo que iba a estrenar mi nuevo modelito de la marca “Olivier kisses” para ir al cine. –pero acabó riéndose.
 
Por suerte Olivier jamás había objetado nada en su forma de vestir. Sus ropas se ajustaban a su forma de ser y era algo que no podía ni tampoco quería cambiar. A pesar de todo a su hombre parecía gustarle verla con las minifaldas y los corsés. Claro que así lo tenía más fácil al llegar a casa, con levantar la tela y romper la ropa interior tenía el camino libre a su cuerpo.
 
No dijo nada a sus siguientes palabras tras el sentido beso, tan solo lo miró, igual que él la observaba pero con el corazón acelerado por la sinceridad que denotaban las palabras. Porque en el fondo sí temía que al final se cansara, que le agotara su forma de ser independiente y algo alocada, el que no se dejase cuidar como era el deseo y necesidad de Olivier. Que se hastiara de que nunca hiciera caso a nada de lo que le mandaban, de su mal genio… Había tantas cosas que la lista parecía interminable.
 
Cada vez que pensaba algo similar, su mente se reía de ella mandándole pequeños flases de su madre, recordándole el precio que tenía lo que ella había entregado esa noche, el nivel de compromiso que había adquirido en la celebración. Pero se obligó a agitar la cabeza para borrar todos los malos pensamientos y recuerdos. No iba a permitir que le arruinaran la noche.
 
-No era mi primera costilla rota, -comentó con una sonrisa –ni tampoco la tercera. Al menos esa no había perforado el pulmón, tampoco era tan grave.
 
Al final una se acostumbrada a los dolores, no era que estos dejaran de sentirse, porque eso nunca sucedía, pero tras haberlo experimentado varias veces sabías a qué atenerte y cómo enfrentarte a ello. Por eso durante los entrenamientos los hermanos iban a hacer el mayor daño posible a pesar de su corta edad, incluso le habían disparado. “Cuando más aguantes aquí menos sufrirás fuera” le decía siempre Jess.
 
Por suerte sus risotadas la alejan de los recuerdos y los momentos de dolor, haciéndola centrarse únicamente en su hombre, para acabar riéndose con él y disfrutando del momento y de las tonterías.
 
-Y si te lanzo lejos un chuletón cuando estés en forma de lobo, así en plan bumerán ¿Conseguiré alejarte? –Preguntó antes de romper a reír con ganas y sin control cuando su cerebro reprodujo la escena. –Voy a ponerle un candado al cajón. –Convino divertida. 
 
Sabía que usaba su almohada para poder dormir a gusto. Habían sido muchas noches que se la había quitado de entre los brazos para poder meterse ella al llegar de trabajar. Le gustaría que pudiera descansar sin tantos problemas ni preocupaciones, pero era imposible, ella no podía dejar las cacerías y Olivier no podía dejar de preocuparse y temer por ella. Al menos con el anillo protector que le había regalado estaría  más tranquilo cuando saliese a cazar.
 
Que se quemaba con su hombre era decir poco, ardía cada pulgada de su cuerpo, su sangre se convertía en lava y cada respiración era ácido. Quemarse era quedarse corta, se consumía bajo los brazos de Olivier, con su voz ronca acariciando su cuerpo y sus labios rozando su piel.
 
Su sonrisa se ensancha satisfecha ante la expresión sorprendida de Olivier cuando lo empujó alejándolo de ella. Punto para la cazadora. Pero un nuevo escalofrío la recorrió una vez más ante la palabra “mujer” bajando su guardia, algo que Olivier aprovechó para lanzarse a por ella sin tregua ni cuartel.
 
-No. ¡No! –Gritó riendo ante las cosquillas. Intentó zafarse pero con las manos atadas y con las rodillas hundidas en el colchón poco podía hacer más que agitarse para evitar las manos de Olivier, pero acabó tumbándola boca abajo en el colchón.  No tardó ni un segundo en aprisionarla contra el mismo tumbándose sobre ella y apretando su miembro contra las nalgas. –Eres un tramposo. –Protestó soplando para retirar los mechones que le cubrían el rostro.
 
Suspiró cuando Olivier le retiró el cabello de la cara, dejándola asó ver algo más que una cortina negra, pero se agitó al sentir cómo con la otra mano le sujetaba las muñecas acatadas. Intentó atizarle pero solo gimió al notar la lengua por la oreja.  Volvió a agitarse para golpearlo, pero solo consiguió que su miembro se rozada y la excitara más.
 
-Cobarde. –Lo acusó con una sonrisa divertida al decir que la había cazado.
 
Se giró con Olivier cuando este bajó de su cuerpo, para acabar frente a frente y pasar su cabeza entre sus brazos amarrados en las muñecas. Le pasó la pierna por la cintura, dejándola apoyada sobre su costado bajo el tacto que su gran mano, gimiendo por los roces de sus sexos antes de sentir como se introducía en ella, al menos todo lo que les permitía esa postura.
 
Desciende la mirada hacia sus verdes ojos que la observaban con intensidad, como si quisiera decirle mil cosas pero faltaran las palabras en el diccionario para ello. Y no era de extrañar con la frase que acabó diciendo y que hizo que su corazón se acelerara.
 
-Y yo a ti. –Murmuró sobre cogida con los ojos fijos en ese mar verde profundo antes de sentir el roce de sus labios.
 
Solo un roce y miles de descargas eléctricas arremetieron contra su piel. Pero se separó para mirarlo bien por su petición. Niños, hacía bastante tiempo que no hablaban de ello y la única vez que lo hicieron se desató la tercera guerra mundial entre ambos. Por suerte acabaron aclarando las cosas.
 
-Es pronto Olivier. –Le dijo sincera mirándolo a los ojos. –No he cambiado de opinión respecto a ellos, los tendremos, pero necesito acostumbrarme al hecho de habernos… -Le costaba incluso decir la palabra. Movió un poco los brazos para que él pudiera mirar por el rabillo del ojo la cinta que aún decoraba su muñeca. –A eso. –Convino con la mirada fija en ella antes de volver a Olivier. –Dame un poco más de tiempo. –Pidió dándole un beso, uno sentido.
 
Aún no se sentía preparada. Cuando se quedara embarazada sabía que tendría que dejar de cazar, no arriesgaría la vida de su bebé, pero si tras las heridas que recibió en su pequeña vendetta se vio obligada a no durante un mes, en el cual acabó sintiéndose una inútil como cazadora, ¿Qué pasaría con ella tras nueve meses?

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 25, 2014 10:35 pm

Me descojono sin remedio ante su afirmación, es tan divertida y su sentido del humor tan atrayente para mí que me deja expuesto al encanto cuando tenemos estos momentos tan divertidos entre nosotros dos.

Me gusta su forma de vestir, atrevida, sexy y completamente diferente a lo acostumbrado en la mayoría de mujeres, cuando se pone esas minifaldas que tiene o los corpiños mi mente bulle en deseo por mi hembra. Siempre me ha gustado lo distinto, lo que no es común entre la mayoría de mortales y congéneres, los licántropos son felices con sus hembras sumisas que no discuten nada que su macho mande y ordene, en mi caso no es así, nunca me han atraído esos comportamientos, al contrario, nunca he querido una mujer florero y mi mujer es toda una guerrera, con un carácter que espantaría a un alma sensible en cambio a mí me vuelve loco, porque adoro su forma de ser incluso cuando se enfada que parece que el infierno se ha adueñado del mundo.

Niego con la cabeza mirándola como si no tuviese remedio cuando me dice que no era tan grave, siempre le ha restado importancia a sus heridas, como si fueran arañazos en vez de surcos en la carne abierta de par en par.

—Ya lo sé gatita, aún así tenía que dolerte horrores, cualquier mujer en tu lugar estaría llorando como una niña ante el dolor —si eso no es fortaleza entonces no sé que es. Ni cuando se vengó de su familia la vi abrir la boca para quejarse y esa herida no fue una nimiedad, al contrario podía haberle costado el andar coja de por vida.

Vuelvo a reírme con ganas cuando me dice lo siguiente, eso sería digno de ver, a mí detrás de un chuletón que mi hembra me ha lanzado como si fuese un frisbee.

—Cariño estamos hablando de un chuletón —me descojono a carcajada limpia—. Cómo no voy a ir a por él, lo malo es que Wraith también lo quiera, así que tendrás que tirar dos chuletones —mis risotadas inundan nuestra habitación con solo imaginármelo, después pongo cara de cachorrillo desvalido—. Anda gatita se buena —pido meloso—, no le pongas un candado —carantoñero le doy diversos besos en los labios completamente mimoso.

Todo pasa muy deprisa cuando termino haciendo cosquillas a mi hembra y tumbándola contra el colchón, intenta zafarse pero sólo consigue que mi miembro se frote contra sus nalgas y yo vea estrellas, universos y galaxias enteras ante el placer que me recorre el espinazo, jadeo en su oreja ante el movimiento.

—No he hecho trampas gatita, te he cazado limpiamente —bromeo divertido rozando con mis labios la piel de su cuello dejando un beso antes de moverme para quedar frente a frente y de nuevo unidos de una manera carnal, aunque también emocional.

Me siento muy unido a mi mujer, en muchos aspectos de nuestras vidas nos entendemos a las mil maravillas, aunque somos muy distintos, quizá esa diferencia es la que marca y determina nuestra condición y nuestra forma de entendernos, contra todo pronóstico por ser un licántropo y una cazadora, hemos acabado siendo marido y mujer y no hay cosa que me haga más feliz en estos momentos que tener a mi hembra entre mis brazos, fundidos el uno con el otro.

Sonrío mimoso cuando me dice que ella también me ama, puedo sentirla en todos los aspectos, su amor por mi es intenso me hace sentirme completo. Sé que sin mi hembra me sentiría muy perdido, sin razones para seguir cada día de mi vida.

—Lo sé cariño, sé que es pronto —murmuro mirándola con sumo afecto volviendo a rozar su mejilla con el pulgar para luego mirar por el rabillo del ojo la cinta que esta noche nos ha unido, aún costándole decir una simple palabra que encierra el significado de nuestra unión, regresando de inmediato la mirada hasta sus ojos dorados—, todo el tiempo que necesites gatita no voy a presionarte, cuando te sientas preparada los tendremos —mi voz se adelgaza hasta hacerse inaudible cuando mi hembra me besa.

Cierro los ojos mientras nuestros labios a veces parecen entenderse mejor que con las palabras, diciéndonoslo todo con este gesto de besarnos. Dioses cómo la necesito y la amo. No me importa cuánto tiempo tengamos que esperar para ser padres, mientras mi hembra lo desee y esté segura de dar este paso en nuestras vidas, sé de primera mano lo mucho que teme al compromiso, por el recuerdo de su madre cuando su padre les abandonó y ella se dio a la bebida desentendiéndose hasta de sus propios hijos, sé que teme convertirse en lo mismo. Me gustaría que se sintiera completamente segura de mí, nunca voy a dejarla a su suerte, eso sería algo imposible, mi amor por ella es sincero y sentido.

Cuidadoso me voy moviendo con mi mujer entre mis brazos, rodando por el colchón hasta quedar tumbados conmigo encima de su menuda figura, deslizo una de mis manos por sus brazos rodeándome por encima de los hombros hasta alcanzar el nudo de la corbata, lo suelto para que tenga libertad de movimiento, sin dejar de besarla comienzo a moverme lentamente, penetrándola despacioso sin ninguna prisa por alcanzar el orgasmo, pretendiendo que me sienta, no solo a mi cuerpo sino también mi ser, todo lo que soy por ella.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 26, 2014 12:12 am

Negar con la cabeza casi parecía una firma personal en ella, pero era sumamente divertido ver reír a Olivier de esa manera por sus palabras. Le daba la sensación de que lo hacía feliz y eso era lo más importante para ella. Que fuera feliz. Por ello se habían unido esa noche.
 
Acaba encogiéndose de hombros con una sonrisa en los labios cuando le dedica ese gesto con la cabeza dándole a entender que no tenía remedio alguno. Seguramente no.
 
-Dolía, pero nada que no hubiera pasado ya. –Tampoco le iba a mentir si dolía, dolía aunque fuera algo soportable pero acabó poniendo los ojos en blanco. –Cómo si los hombres no lloriquearais por nada. Los he visto gritar como si les hubieran arrancado un brazo por una astilla en la mano. –Aquella noche le dio vergüenza ajena estar a menos de tres metros de aquel que salvó de ser la cena de una vampiresa con unos pechos tan grandes que casi parecían pelotas de playa.
 
No pudo evitar unirse a las risas de Olivier, más al imaginarse la escena de un lobo negro corriendo hacia la carne seguido de cerca del perro. Ambos con la lengua fuera y las babas colgando.
 
-Casi que prefiero lanzar un solo chuletón y ver como tiráis cada uno por un extremo distinto. –Añadió cuando pudo controlar la risa pero no por mucho tiempo ya que las carantoñas de Olivier y su carita de cachorro mojado y abandonado eran de lo más irrisorias. –Le pondré candado y cadena. –Declaró sin dejarse ablandar.
 
Pero cualquier risa fue sustituida por un suave y delicado gemido al escuchar su jadeo junto al oído más aún con el roce de los labios en el cuello, es esa zona tan erógena que poseía.
 
-Cobarde. –Volvió a declarar con una sonrisa.
 
Podrían pasarse la noche jugando, en esos momentos volvía a sentirse niña, pero una niña que lo poseía todo, porque con Olivier a su lado sentía que no necesitaba nada más. Con él se reía cómo nunca lo había hecho y disfrutaba de todo como jamás creyó poder sentir. Siempre había pensado que las parejas eran estúpidas al entregarse de esa manera a otra persona, la cual la iba a traicionar seguro. Ahora se daba cuenta de lo equivocada que estaba.
 
Cerró los ojos unos segundos ante el tacto de la mano de Olivier y suspiró agradecida de que no se hubiera molestado, que no la hubiese malinterpretado y que la entendiera. Ella siempre había querido niños, desde que cogió a Samuel en brazos siendo tan pequeña que apenas si podía con él había decidido que los quería, eran su gran debilidad. Pero por su trabajo y su forma de vida había renunciado a ellos porque no deseaba dejar huérfanos. En ese momento que estaba con Olivier, sabía que tarde o temprano llegarían a su vida.
 
Se dejó llevar por el beso mientras Olivier los hacía girar una vez más hasta quedar bajo su cuerpo. Intentó entrelazar los dedos en sus cabellos pero con las ataduras de fue imposible, al menos hasta que sintió su mano ascender por los brazos y desatar sus muñecas. En cuanto se vio libre enredó los dedos en su nuca mientras que la otra mano la usó para acariciarle el cuello y el hombro, para después bajar por la espalda, gimiendo con suavidad ante los lentos movimientos de Olivier en su interior.
 
Ya no tenían prisa, no había urgencia, solo disfrutaban el uno del otro, plasmando en cada gesto y movimiento todo cuando sentían, todo cuando esperaban lograr. Alzó las piernas, apresándolo entre sus muslos para acabar con los pies entrelazados en sus nalgas. Se separó un segundo de sus labios para echar la cabeza hacia atrás y poder mirarlo a los ojos, soltando los cabellos para tomar su mejilla, acariciando la piel con el pulgar.
 
-Te amo. –Dijo con el corazón encogido y la garganta casi cerrada. –Y por mucho que me cueste, por mucho pavor que tenga te lo daré todo. –Declaró antes de volver a fundirse con sus labios.
 
Esa noche ya se había entregado a sí misma para siempre, pero cumpliría todos sus sueños por mucho que le costara, por mucho miedo que le diera, poco a poco, se los iría dando todos.

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 26, 2014 6:11 am

Ruedo los ojos hacia arriba cuando me dice que los hombres también lloriquean por nada.

—Yo no lloriqueo, yo lloro como todo un macho —respondo bromeando aguantándome la risotada que quiere escaparse de entre mis labios, las veces que he llorado, ya que nunca me ha causado reparo mostrar mis lágrimas, han sido de alegría, de tristeza o porque las carcajadas que me he echado eran tan fuertes que se me saltaban las lágrimas—. También hay hombres sensibles, muchísimo ante una herida —he visto casos en la clínica que te sobrecogían al ver a un hombre sumamente afectado ante su mascota herida—, el problema es que se tiende a infravalorar a un macho por exteriorizar sus sentimientos, como si fuese un ser de menor valor por hacerlo, eso es triste que ni siquiera puedan sentirse en libertad de mostrar sus miedos, sus incertidumbres, sus sentimientos de aflicción o alegría solo porque es un macho y los machos dicen que tienen que ser “fuertes”.

Era algo que nunca había comprendido ni comprendería, Reva me educó en plena libertad que siempre debía estar en sintonía con mis sentimientos y si tenía que llorar a moco tendido, que lo hiciera, eso aliviaría mis cargas si tenía la necesidad de hacerlo, nunca nos sentimos, ni mi hermano ni yo, menospreciados o avergonzados por exteriorizar nuestros sentimientos, nunca nos sentimos débiles por ello, al contrario.

Es algo en lo que diferimos, a mi hembra la educaron de la manera contraria, solo pueden dañarte si tú lo permites, si les das ese poder de hacerlo, pero si no, ni aunque conozcan cada uno de tus secretos más íntimos podrán hacerte el menor daño si tú no lo consientes.

No daña quien quiere sino quien puede.

—Traviesa —digo divertido carcajeándome ante su idea de que Wraith y yo nos pongamos a tirar del chuletón cada uno de un extremo—. Mi chica es mala —murmuro poniéndome de morros por unos instantes al reiterarme que piensa poner un candado en su cajón de la lencería—. Te la quitaré toda antes de que le pongas un candado —sonrío triunfal como si hubiese descubierto la luna.

Su gemido me embarga, me transporta inmediatamente a un deseo sin igual, como el canto de una sirena que te atrapa sin remedio y te sientes atraído por su innegable belleza.

—No lo soy —murmuro grave sobre su oído.

Podíamos ser niños otra vez cuando bromeábamos y nos reíamos del mundo entero, me encandilan sus sonrisas y el sonido de sus risas, ser partícipe de ello es como tener el mayor de los tesoros del mundo en tus manos, sosteniéndolo sin que se te escape entre los dedos como el agua.

Al soltarla y beber de su boca como un sediento besándola sin cesar, noto los deditos de su mano enredados en los cabellos de mi nuca, me excitan esas caricias, sintiendo su otra mano acariciando la piel de mi cuello y hombro, descendiendo después por mi espalda, a su paso la dermis se estremece, ante sus gemidos mi corazón se acelera, ante mis movimientos de pelvis mi cuerpo se tensa de gozo.

Soy aprisionado placenteramente entre sus muslos, al inclinar mi mujer la cabeza hacia atrás entorno los párpados para mirarla, jadeante por el placer que me recorre de pies a cabeza, su mano ahora acaricia mi cara, sonrío mimoso por su gesto.

No me espero que me diga que me ama, mi respiración se entrecorta, dentro de mi pecho mi corazón pega un brinco, mis ojos se empañan ligeramente por la emoción que despunta en mi interior sobrecogiéndome, trago saliva embargado y cuando voy a decirle lo mucho que yo también la amo cualquier sonido que fuese a emitir mi garganta queda enmudecido ante su beso.

Dioses voy a perder el sentido.

Mis manos van a parar a los costados de su rostro, rozando los pómulos, besándola con todo cuanto soy, tengo y deseo por mi hembra, sentido y rendido a todos sus designios. La amo… ¡La amo con toda mi alma!...

—Gatita… —murmuro enronquecido con un nudo de sentimientos en la garganta—. Yo también quiero dártelo todo, lo significas todo para mí, quisiera poder decirte con palabras lo que siento estando contigo pero no encuentro las palabras precisas, solo sé que sin ti me muero.

Me he quedado completamente hendido en su interior, inmóvil, aún así el placer que me recorre es igual de sentido que si estuviese moviéndome, con solo rozarla mi piel se estremece, igual que siempre, como la primera vez que la toqué y lo sentí.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 26, 2014 10:03 am

El gesto que hace Olivier al rodar los ojos es superior a ella y acaba soltando una carcajada aún más intensa cuando afirma que él no lloriquea sino que “llora como un macho” Cómo no reírse ante algo así. Pero acabó poniendo los ojos en blanco por su discurso de los sentimientos.
 
En ese aspecto eran completamente opuestos, educados cada uno a un lado distinto de la balanza.
 
-Una cosa es que muestren sus sentimientos y otra que griten hasta reventarte el tímpano por un corte en la mano de dos centímetros, que ni las niñas son tan aprensivas. –Comentó negando con la cabeza, ya que era algo que no entendería jamás.
 
Veía lógico que se quejaran por un navajazo o un disparo, ¿pero por una astilla que hace un pequeño corte en la piel? Eso ya era el sumun. Claro que Olivier y ella eran de opiniones completamente dispares. Para él expresar dónde dolía era algo bueno, para ella era darle un punto al enemigo donde poder golpearte para causar más daño.
 
Seguramente era por cómo los habían educado, a ella durante los entrenamientos cómo se sujetara o se doblara ligeramente por un dolor en el costado significaba que los golpes irían a parar a ese punto. Era mejor sonreír y erguirse, de esa manera protegías las zonas dañadas de futuros golpes.
 
Lo mismo sucedía con los sentimientos, si demostrabas que algo te importaba de más o que te asustaba, entregabas al enemigo una baza realmente valiosa para poder destruirte. No se podía mostrar debilidad.
 
Suelta una carcajada cuando la llama traviesa con ese tono divertido. Lo cierto es que no sería mal experimento para probar, siempre y cuando no derivara en una pelea entre ambos por el pedazo de carne. “Mejor no arriesgarse”, pensó dejando a un lado la idea.
 
-Y entonces ¿Qué me pongo bajo la falda si te llevas toda mi ropa interior? –Preguntó divertida por sus morritos de niño triste para acabar sonriendo como si hubiera ganado al mismísimo Aquiles.
 
Su voz grave era como el pistoletazo de salida para los corredores, el sonido para empezar la carrera, aunque en su caso la meta era un intenso placer. A pesar de todo podían bromear sin importar cuan niños pudieran parecer y para ella, que había reído tan poco en la vida, era sumamente placentero disfrutar de esos momento con Olivier.
 
Pero con lo que más disfrutaba era con esas sonrisas mimosas y cariñosas que él le dedicaba únicamente a ella, llenas de amor y ternura. Nadie la había mirado como lo hacía su hombre. Le gustaría poder embotellas todos esos gestos y almacenarlos allá donde pudiera contemplarlos una y otra vez.
 
Pero en vez de esperar palabras por su parte tras decirle lo que sentía, le roba el aliento con un beso. Esa noche sus muros y escudos se habían esfumado como si nunca hubiesen estado ahí por la cantidad de emociones y sentimientos que la querían apabullar y desbordar. Sentir el calor de sus manos contra la mejilla era un bálsamo de heridas, de esas brechas que no se dejaban ver en la piel y que él iba sanando con el paso de los días.
 
Se besaron, expresando de esa manera todo lo que las palabras no podían, todo lo que sus mentes les prohibían decir. Se besaron con todo lo que albergaban el uno por el otro, enlazados en cuerpo y en ese momento también en alma.
 
Pero cuando se separaron, la voz ronca de Olivier la hizo vibrar, no solo por el tono empleado, sino también por lo que expresaba. Lo miró a los ojos, con una sonrisa cariñosa y tierna mientras alzaba la mano que había tenido sobre su mejilla y con cuidado le acaricia la frente con el dedo índice, apartando los mechones del flequillo.
 
-Tu no encuentras las palabras y mi mente no me deja decir las mías. –Descendió el dedo por el puente de la nariz hasta dejarlo posado sobre sus labios. Sus ojos escocieron un segundo pero se tragó las emociones que querían asaltarla. –Lo eres todo, Olivier. –Lo tomó por ambas mejillas y lo acercó a ella para poder besarlo. –Hazme el amor como solo tú sabes. –Le pidió en un susurro al separarse de sus labios y acercar su boca a su oído.
 
Movió con suavidad las caderas pidiéndole en un ruego silencioso que la amara como solo él lo había hecho, como solo él era capaz de hacerla sentir.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 26, 2014 11:21 pm

No puedo evitar reírme ante la comparación que hace mi hembra, tampoco me parece mal que haya personas así tanto hombres como mujeres, aunque pueda parecer exagerado que actúen de esa forma ante heridas diminutas.

—Creo gatita que eso lo hacen así para llamar la atención —comento divertido por el cariz de nuestra conversación—. Porque cuando algo duele de verdad —y sé de sobra cómo es un dolor inhumano—, apenas puedes abrir la boca para quejarte, casi no puedes respirar como para ponerte a dar alaridos.

Teníamos formas distintas de ver una misma cosa, pero eso me gusta, no podemos coincidir en todo al ciento por ciento, y el hecho de que mi hembra tenga su propia opinión sin estar supeditada a la mía, expresándola sin ningún tipo de reparo, eso me encanta.

Entiendo que la hayan educado como lo han hecho para hacer de ella la mejor cazadora, si te caes te levantas y no haces siquiera el amago de quejarte, si te hieren ni siquiera pestañeas ni muestras ningún síntoma de dolor, como también con sus sentimientos, aparte de lo que le ocurrió siendo una niña el hecho de que haya sido enseñada a no mostrar nada de lo que siente, es como para comprender de dónde viene ese hermetismo respecto a sus sentimientos, a lo mucho que le cuesta exteriorizarlos.

La miro ciertamente encandilado cuando se carcajea, me gusta mucho verla reír, igualmente cuando me dedica esas dulces sonrisas que provocan que mi corazón redoble sus latidos con más fuerza.

—Pues nada gatita —respondo divertido aguantándome las risotadas—, así no tendré que arrancarte los tangas —sonrío autosuficiente con una mirada de pillo.

Mis ojos se cierran al besar a mi mujer, al perderme en ese paraíso que son sus labios casando como las piezas de un puzle con los míos, nuestras bocas repletas de sensaciones que nos transmitimos de uno al otro, sin necesidad de decirnos nada en estos momentos que hablamos a otro nivel, mucho más profundo e intenso.

Mi cuerpo se acelera, en mi pecho se forma esa sensación de inflamación por mi hembra, por lo que me ha dicho de esa manera tan sentida al dejarme sin aliento ante su declaración, cada vez que su mente le permite expresarse de viva voz yo alcanzo la luna con las puntas de mis dedos.

Al mirarla de nuevo a los ojos y ver su sonrisa la mía se ensancha en mis labios, me siento en perfecta armonía con mi mujer. Vuelvo a cerrar los párpados unos instantes, mientras me estremezco ante la caricia de su dedo por mi frente retirando un mechón del flequillo, abriéndolos de nuevo cuando se desliza por el puente de mi nariz y termina depositándolo sobre mi boca.

Sus ojos dorados se empañan, mi pecho vibra como si estuviese respirado ardiente vapor, llenándose de emociones ante esa mirada ligeramente acuosa también de emoción, sin embargo se contiene al aguantarse esas lágrimas llenas de buenos sentimientos, cómo puede ser eso una debilidad al mostrármelas.

Suspiro respirando su aliento, alimentándome del mismo cuando su declaración me hace temblar, como si tuviese la capacidad de acariciar todo mi ser con estas palabras y estremecerme por entero. Al besarme un cataclismo de sensaciones a cada cual más placentera se desata en mi interior.

«Hazme el amor como solo tú sabes»…

Jadeo ante sus suaves movimientos de cadera, mi cuerpo parece activarse como si hubiese pulsado un interruptor empezando a moverme despacioso. Alzo mi rostro de su cuello, de donde lo había hundido al decirme que le haga el amor, para mirarla a los ojos con fijeza sonriendo mimoso.

—Cada célula de mi cuerpo lleva tu nombre tatuado —murmuro grave acariciando su mejilla con una mano, con la otra me apoyo sobre el colchón.

Después me incorporo adoptando una postura erguida, colocándome de rodillas sobre la cama, la contemplo mientras mi pelvis la embiste con firmeza, por entre mis labios se escapan hondos gruñidos y profundos jadeos ante el placer más increíble que siento cada vez que hacemos el amor, todo mi cuerpo se maximiza al entrar en contacto con mi hembra. Observo sus senos que me enloquecen, moviéndose al ritmo de mis penetraciones, su vientre que acaricio al pasar las yemas de mis dedos de arriba abajo hasta encajar las manos en sus ingles, antes alzo una hasta mis labios para humedecer mi pulgar al metérmelo en la boca y chuparlo, luego de rozarlo contra su clítoris al empezar a masturbarla con delicadeza.

Por un momento cierro los ojos echando hacia atrás mi cabeza, el placer que me recorre es muy intenso, aún así aguanto bien el ritmo, aún no voy a correrme. Al volver a mirar a mi mujer sonrío de medio lado, me inclino hacia delante y con ambas manos, dejando de masturbarla, la cojo entre mis brazos alzándola del colchón, estrechándola contra mi cuerpo la beso voraz.

Una de mis manos la sujeta por la nuca, la otra por sus nalgas mientras mi cadera empuja una y otra vez, incesante, sucediéndose las penetraciones a un ritmo ya imparable, cada vez más potentes, como mis gruñidos que aumentan en intensidad, más aún al hundir mi rostro bajo su mentón y empiezo a mordisquear su cuello, marcándola, haciéndola mía, tomando posesión de mi hembra como lo haría cualquier macho.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 27, 2014 5:52 am

-No, si atención reciben, pero de la mala. Al menos por mi parte. –Si cuando salía a cazar algún humano salía herido, los curaba a ellos antes que a sí misma, pero en los casos en los que se ponían como locos por heridas absurdas no recibían un buen trato por su parte. Alza una ceja ante la siguiente explicación de Olivier. –A mí me lo vas a decir… -Murmura bajito.
 
No sabría especificar cuál fue su peor herida. Quizás el disparo que los hermanos le dieron en la pierna a los diez años. El segundo de ellos porque el primero solo la atravesó, pero el otro se quedó alojado en el hueso. Tuvo que abrir, hurgar y sacar la bala antes de cerrar y debido al dolor se acabó desmayando dos veces antes de poder terminar de curarse.
 
Ante la cara de golfo empedernido al decirle que fuera sin ropa interior solo pudo sonreír de manera picaresca ante los pensamientos que cruzaban su mente en ese instante y todos ellos para mayores de edad.
 
-¡Oh! Entonces iré sin nada. –Declaró fingiendo una inocencia que no poseía en absoluto. –Claro que cuando me agache o el viento me levante la falda acabaré dando un buen espectáculo en las calles de la cuidad. –Comentó mordiéndose el labio sabiendo que algo así sacaría su lado más celoso y sonrió divertida para sus adentros.
 
Le encantaba provocarlo de todas las maneras habidas y por haber, no podía evitarlo, simplemente salía. Y disfrutaba de cada momento en el cual él cedía a esas incitaciones.
 
A pesar de todo, lo que más le gustaba compartir con su hombre eran los besos, los instantes en los cuales las palabras sobraban o incluso estorbaban. Se expresaban a otro nivel que solo ellos comprendían. Como si hablaran un lenguaje exclusivo para ellos. Esos momentos eran únicos y especiales para ella puesto que un beso jamás había significado tanto.
 
Su sonrisa se ensancha, mimosa, al ver cómo Olivier responde a sus caricias tiernas, cómo cierra los ojos para sentirlas mejor. Había tantas cosas que deseaba decirle, que le gustaría que conociera… pero no era posible, no en ese momento al menos. Poco a poco su hombre iba destruyendo las barreras que le impedían abrirse, ya quedaban pocas en pie, pero estas eran las más gruesas, las más duras.
 
Gimió sentida cuando él comenzó a moverse despacio en su interior. Su cuerpo estaba hipersensibilizado por los placeres pasados y su corazón por las emociones expuestas. Cada roce lo sentía por diez, como si no solo acariciara su cuerpo por dentro, sino también su alma al alzarse para mirarla a los ojos. Los cuales cerró al sentir la caricia en la mejilla, inclinándose sobre su mano para sentirla aún más.
 
Lo observó cuando se alzó sobre sus rodillas, tan sexy, tan guapo, con tanta fuerza contenida y tanto amor oculto… Era un hombre que quitaba el aliento, al menos el suyo. No había nada en Olivier que no le pareciera perfecto, incluso sus ramalazos de posesividad y dominancia.
 
Los gemidos vuelven a inundar la habitación mientras la embestía con firmeza, obligándola a cerrar los dedos de las manos alrededor de la colcha por el intenso placer que la golpeaba, haciéndola vibrar de gozo por esos gruñidos animales que no paraba de emitir.
 
-¡Dios, Olivier! –Exclamó presa de un placer sin igual cuando comenzó a masturbarla, obligándola a arquear la espalda y cerrar los ojos debido a su intensidad.
 
Lo que sentía con su hombre no tenía palabras ni cabida en el diccionario, era más intenso que nada que hubiera conocido o sentido. Todo en ella ardía, latía o vivía por él y cada vez que la embestía avivaba más y más esas emociones.
 
Elevó la mirada hacia él cuando dejó de masturbarla, viéndolo inclinarse con esa sonrisa ladeada que siempre lograba derretirla y que lo hacía parecer más sexy, si es que eso era posible. Le rodeó el cuello con los brazos y la cintura con las piernas cuando la elevó del colchón como si no le pesara más que una hoja de papel, cómo si sostener su peso de rodillas sobre el blanco colchón fuera casi lo mismo que estar él solo. Esas muestras de fuerza y poder la excitaban de tal manera que no había razón que pudiera medirlas, por lo que gimió con intensidad en cuanto sus labios volvieron a encontrarse.
 
Enredó los dedos de una mano en sus cabellos mientras que los otros se clavaron en el hombro, abarcando la espalda con el brazo, ahogando sin cesar un gemido tras otro entre sus labios, acariciando su lengua sin cesar. Pero cuando él se separó echó la cabeza hacia atrás para darle un acceso total a la garganta, provocando con sus mordiscos que la vista se le nublase por el intenso placer, sintiéndolo moverse con estocadas profundas y potentes, haciéndola botar sobre su miembro.
 
-No pares, Olivier. Fóllame y no pares. –Rogó dominada por la excitación y el deseo.
 
Pero a pesar de todo sintió que su cuerpo no aguantaba. Todo su cuerpo se tensó, sus músculos se agarrotaron y su respiración se cortó, escuchando los latidos frenéticos de su corazón sobre sus propios gritos de placer nombrando a su hombre, a su hombre lobo, a su compañero.
 

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 27, 2014 7:12 am

—Lo sé cariño —su cuerpo era un mapa entero de heridas, ya he curado unas cuantas cuando vuelve de sus cacerías herida, dándole puntos, limpiándolas y desinfectándolas, como también vi las radiografías de su tórax la noche que la conocí, me quedé espantado por todas las soldaduras viejas de los huesos de sus costillas.

No solo ha sufrido psicológicamente sino que físicamente no lo ha pasado mejor, aún así es la mujer más fuerte y valiente que yo haya conocido jamás en toda mi existencia, y he conocido a auténticas guerreras, pero ninguna como ella.

Sonríe con picardía cuando le digo que mejor que no lleve nada de ropa interior porque se la haya robado toda del cajón, cuando me responde que si hay viento se le levantará la falda o cuando se agache se le verá todo, mi cara se transforma arrugando el ceño y poniéndome serio, la sonrisa de autosuficiente se me ha desdibujado por completo, no me gusta en absoluto esa idea. Una cosa es que si hace viento y se le levanta la minifalda se vea su lencería, otra muy distinta su intimidad.

—¡Oh está bien! Tú ganas gatita —farfullo de morros pensando en que de todas las maneras, tendré que arrancar los ojos de todo aquel que se atreva a mirarla como si fuese un maniquí de escaparate.

Me pongo enfermo solo de pensarlo.

Sin embargo todo queda atrás y en este momento sólo puedo sentir a mi hembra, a mi maravillosa mujer que a pesar de todos sus miedos al compromiso me aceptó y esta noche se ha convertido en mi luna entera, en mi compañera para el resto de mis días.

No puedo sentirme más dichoso y pletórico.

Jadeo cuando la escucho gemir sobre mi boca, cuando empiezo a moverme en su interior, abrazados y unidos de esta forma física, no obstante, estoy unido a mi hembra por un hilo invisible e irrompible que se ha ido tejiendo cada día de nuestras vidas, formando nuestra historia en común.

Gruño con deleite al mirarla mientras la masturbo, cuando exclama mi nombre presa por el intenso placer que le estoy proporcionando y a su vez me proporciona, no quepo en mí de gozo, estoy tan sensible a cualquiera de sus estímulos que lo noto todo acrecentado, sus miradas doradas recorriendo mi torso me encienden por sentirme deseado, mordiéndome el labio inferior porque también la deseo, tanto, tantísimo que mi cuerpo la reclama con sordos gruñidos cuando la elevo para quedar abrazados, de rodillas contra nuestro colchón.

El ardor que me recorre, cuando mi mujer me rodea con sus brazos y sus muslos, me hace gruñir con ferocidad, no puedo pensar más que en marcarla como mía, sólo mía, mi luna.

Sujeto su nuca enredando los dedos entre sus cabellos cuando inclina su cabeza hacia atrás, me relamo los labios mirando su garganta como hipnótico, lamiéndola para después mordisquearla dejando mis huellas particulares en muestra de posesión absoluta.

Mi pelvis se agita mientras mi otra mano la sujeta por el trasero, hundiéndome con profundidad en sus entrañas y quedándome estático durante unos segundos al culminar la penetración, para al cabo de ese lapso volver a embestirla con fuerza, con golpes secos de cadera.

La piel se perla en sudor, notándola tensarse sobre mí, me muevo con más brío ahondando todo lo que puedo y me lo permite esta postura, gruñendo jadeante ante el gozo que también me recorre cuando su intimidad comienza a convulsionarse por el orgasmo.

—Dan, cariño —gimo atrapando su barbilla, inclinando su cabeza hacia mi rostro para besarla con una marea de sensaciones que me recorren por completo, el clímax comienza adueñarse de cada célula de mi cuerpo.

Intento aunar el aire que parece espesarse en el estuoso ambiente de nuestro dormitorio, por  cada minuto que estamos pasando juntos amándonos sin cesar. Mi ser estremecido se abandona al placer, a cada sensación gustosa que mi mujer me concede con su menuda figura montada sobre mí, quedándome hundido y quieto cuando mi miembro empieza a soltar el producto del mayor de los placeres en forma de semen, menos abundante que las anteriores veces sin embargo más sentido, más intenso y potente.

—Dios gatita… —gruño salvaje apretando los dientes ante la sensación tan fuerte que me deja por unos segundos como sin fuerzas, al quedarme sentado sobre el colchón y entre mis pantorrillas sosteniendo a mi hembra contra mi cuerpo, vuelvo a besarla pero en esta ocasión tierno y mimoso, jadeante, con el corazón latiéndome a la máxima potencia.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 27, 2014 8:11 pm

Suspiró ante su forma de decir “lo sé”, sabía que no le hacía ninguna gracia ese pequeño detalle, pero nada podían hacer al respecto. Las heridas dejaban su propia historia grabada en su cuerpo en forma de fracturas soldadas y cicatrices. Por suerte de estas últimas tenía muy pocas y todas difuminadas salvo las del vientre, las cuales no sabía por qué se habían quedado sumamente marcadas. Quizás el médico que le cosió lo hizo tan mal que quedaron para siempre o tal vez fueron tan graves, tan profundas y grandes que no hubo manera de evitar que la piel se curara de esa manera.
 
Fuera como fuese llevaría las marcas toda la vida. Recuerdo en el cual su vida normal finalizó para empezar su cruzada como cazadora.
 
Su sonrisa se ensancha triunfal, como si hubiera vencido al mismísimo Hércules, ante la respuesta de Olivier, ante su ceño fruncido y su rostro serio para acabar soltado una carcajada cuando pone esos morros enfadado.
 
-Quizás sea buena idea, tu siempre vas sin boxers. Quizás deba probar a ver qué tal es ir sin ropa interior. –Que el diablo la llevara pero le encantaba provocarlo.
 
Pero todas las ganas de tentarlo a las reacciones quedan en el olvido cuando es ella la que caer en los brazos de Olivier mientras los gruñidos escapan de su garganta, sintiendo las vibraciones a través de sus pechos unidos. Su mano la agarraba de la nuca, sujetando su cabeza que caía hacia atrás llevada por el intenso placer.
 
Gimió sin control, no lo había mientras Olivier la embestía con esa fuerza animal y me lamía y mordía la garganta. No podía haber nada que diera más placer que eso.
 
Claro que sí que lo había y él se lo demostró moviéndose con más frío y haciéndole perder la cabeza cuando el clímax la golpeó con una intensidad increíble. Pero los gritos de placer quedaron ahogados contra sus labios cuando él le elevó la cabeza para besarla. Gimió contra sus labios mientras se sujetaba cuanto podía a su cuello cuando todo el cuerpo tembló presa del orgasmo.
 
Se separó de sus labios, con la respiración agitaba y el corazón palpitante al sentir cómo se corría en su interior, haciendo que su semilla la acariciara por dentro mientras su gruñido lo hacía por fuera.
 
Las piernas le temblaban, sin fuerza cuando él se dejó caer hasta sentarse. Si no fuera porque la sujetaba por la nalga se habría escurrido por su cuerpo hasta caer sobre el colchón. Al volver a sentir sus labios, lo tomó de las mejillas, disfrutando de su tacto, de su sabor.
 
Había muchas cosas que expresar pero pocas palabras a las que optar, pero por suerte, los besos decían más que la voz.
 
Se dejó caer contra su hombro cuando necesitó más aire del que podía obtener a través de su aliento, ocultado en rostro en la curvatura de su cuello dándole suaves besos en la piel mientras se abrazaba a él con los brazos.
 
-Ahora sí que estoy cansada. –Murmuró con una sonrisa satisfecha antes de darle un tierno mordisco. –Bendita la experiencia que te han dado los años de más. –Comentó con una risa suave, frotando la mejilla contra su hombro.
 
Las piernas le temblaban, la piel le ardía, el corazón iba a atravesarle el pecho y el oxígeno de la habitación era insuficiente mientras abrazaba a su hombre con las pocas energías que su cuerpo aún poseía. Quizás en otro momento la idea de todas las mujeres que habían pasado por sus brazos para adquirir esa increíble experiencia le habría hecho hervir la sangre de celos, en ese momento, su cerebro parecía gelatina, incapaz de hilar pensamientos coherentes. 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

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