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Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 27, 2014 8:44 pm

Ante su suspiro sólo puedo pensar en todas esas huellas que han quedado para siempre marcadas en su piel o en sus huesos, todas y cada una de ellas hablan de la clase de vida que ha tenido, es lo que la hacen ser lo que hoy en día es: Una consumada cazadora a nivel internacional que pondría en jaque al mismísimo demonio y haría que los ángeles llorasen ante una de sus dulces sonrisas.

Mis morros se acrecientan a medida que sus sonrisa triunfal se ensancha en sus apetecibles labios, para colmo de todos mis males me dice que igual sea buena idea no llevar ropa interior.

—No es buena idea —mascullo gruñendo pero no de placer sino airado por dentro, porque de solo imaginar el hecho que los hombres la vean desnuda, me vuelve loco de celos.

Celos que se esfuman ante el gozo de mi hembra entre mis brazos, ante sus gestos tan jodidamente sensuales que arrancan cualquier razonamiento de mi mollera. Dioses cómo me pone de cachondo.

Su olor se intensifica al ritmo de sus gemidos alcanzando el orgasmo, envolviéndome en su manto me transporta y me lleva a un paraíso sin igual, uno donde sólo estamos nosotros dos dándonos el mayor de los placeres carnales.

Gime en mi boca y tiembla entre mis brazos, en momentos así me siento todo un Dios todopoderoso por poder sostenerla, por sentirla tan mía, tan vulnerable y sumisa, con todas esas murallas que inconscientemente alza en rededor suyo derribadas, con toda su autoprotección reducida a cenizas, aunque después renazca como el Fénix, es en estos momentos donde nuestros cuerpos se abandonan al gozo extremo donde mi mujer me pertenece por completo, donde yo soy suyo por entero.

Con mi rostro entre sus manitas y sus sabrosos labios sobre mi boca, besándome de esta forma que me hace estremecer, tan sensible que cada roce de nuestros labios parece avivar las ascuas del fuego que acaba de arder entre nosotros.

Me relamo la boca cuando apoya su rostro contra mi hombro, la estrecho contra mi pecho rodeándola con firmeza, exhalo varios jadeos entrecortados por la magnitud del orgasmo, por la necesidad de respirar con profusión, mi pecho sube y baja con rapidez mientras mi piel vibra de gusto ante los delicados besos que me dedica en mi cuello.

Cierro los ojos emitiendo un reverbero placentero que nace de lo más profundo de mis pulmones.

—Descansemos gatita —murmuro con un tono de voz sumamente ronco para después reír suavemente por su risa, por lo que acaba de decir tan natural—. Me costó un poco aprender cómo funciona la anatomía femenina —comento distendido inclinándome hacia delante para recostar su espalda sobre el colchón, moviéndome hacia un lado saliendo del interior de mi mujer gimo sentido para terminar quedándome tumbado de medio lado, rodeándola con el antebrazo entre medias de su cintura y caderas—. Mis primeras veces fueron un completo desastre —ni qué decir de mi primera vez, fue terrible para mí.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 27, 2014 11:41 pm

Suelta una pequeña risa, más divertida que otra ante sus morros enfadado y sus palabras gruñidas. Si era posible que Olivier estuviera más guapo de lo normal era cuando le daban esos ramalazos primitivos. Cuando se dejaba llevar por ese lado salvaje que a ella tanto le gustaba tentar.
 
-Está bien, con ropa interior entonces. –Claudicó con una sonrisa de lo más gamberra.
 
¿Jugar con fuego? ¿Para qué? Era mucho más entretenido hacerlo con un lobo encerrado en el cuerpo de un hombre. Uno que la volvía completamente loca y que poseía el poder de dejarla completamente expuesta ante él. Cómo si el hecho de entregarse entre sus brazos estuviera bien, dando a entender que entregar un poquito de su propio control al que ahora era su compañero, fuera lo correcto.
 
Y el gozo que recibe a cambio era máxime.
 
Cómo en ese mismo momento en el cual ambos se entregan a sus placeres y a los del otro. Porque ninguno buscaba únicamente su propio placer, sino el deleite que podían experimentar estando juntos. Disfrutando con cada beso y caricia, multiplicadas sus sensaciones por el orgasmo que la había consumido.
 
Pero junto con el clímax intenso y las emociones sentidas todas sus fuerzas la habían abandonado, dejándose abrazar, permitiendo que fuera Olivier quien la sostuviera, quien se asegurara de que no caía. Ceder el control no era algo suyo, ni tampoco dejarse atar ni sostener de esa manera, nunca había confiado en nadie como para entregarle ese poder. Pero sí con su hombre, a él si podía dárselo.
 
Suspiró profundamente intentado llenar sus pulmones con el máximo oxígeno posible, procurando que tanto su corazón y su respiración se fueran calmando. En cuando él comenzó a moverse, cerró los ojos hasta que sintió el colchón bajo ella y un escalofrío le recorrió la columna al salir de su interior.
 
-¿No diste la talla las primeras veces? –Preguntó girándose en el colchón a pesar del brazo que la rodeada.
 
Se tumbó de lado, con el rostro hundido en el pecho de Olivier, pasando un brazo por su torso hasta acariciar su espalda y colando una de sus piernas entre las de él. Pero tras unos segundos completamente acurrucada, echó la cabeza hacia atrás para poder mirarle a los ojos.
 
-No creo que fueran tan malas. –Comentó con una sonrisa y un brillo en los ojos que denotaba su felicidad y lo a gusto que se encontraba después de todo lo que habían compartido esa noche.
 
No deseaba pensar mucho en la celebración de la unión de manos o en el hecho de que en ese momento estaban “casados” porque le volverían los sudores fríos que había experimentado durante todo el día.
 

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 28, 2014 12:23 am

Lo peor de todo no es que yo esté airado lo peor es que mi hembra se lo está pasando bomba a mi costa por ponerme de unos morros de aquí a Pekín, en el fondo reconozco que he caído tontamente en su provocación, me conoce demasiado bien, tanto o más que yo a ella, sabe de sobras lo celoso y posesivo que puedo llegar a ser.

—Eres una gamberra —murmuro grave—, y lo peor es que me gusta que lo seas —porque esa parte de mi hembra también me encandila, es demasiado sexy, pobre de mi corazón que va a terminar infartado por lo arrebatadoramente sensual que es mi mujer.

Tenerla a mi merced entre mis brazos es de las sensaciones más plenas que puedo padecer cuando estamos juntos, entregada a mí por entero haciéndome sentir tan importante como querido, demostrándome que toda su confianza está puesta en mí y no pienso traicionarla jamás, sólo puedo pensar en cómo mantener siempre sus dulces sonrisas, como hacer que el eco de sus risas retumben contra las paredes de nuestra casa, en cómo hacerla inmensamente feliz y ser partícipe de su felicidad.

Estoy seguro de que si me pidiera la luna buscaría la manera de bajársela del cielo para postrarla a sus pies, cualquier cosa que me pidiera por imposible que me pareciera buscaría la forma de dársela.

Quiero colmarla en todos los aspectos de su vida, quiero darle todo cuanto merece y a mis ojos merece el universo entero que esté rendido ante todos y cada uno de sus encantos, que no son pocos ni mucho menos, es deliciosa en todos los sentidos.

Beso su frente a ras del nacimiento de su cabello cuando se acurruca contra mi pecho, suspira aún de placer, siento su corazón latiendo con fuerza contra su pecho, al igual que el mío que todavía no se ha calmado, sigue desbocado, mi brazo la rodea y mi mano se desliza por la línea de su columna arriba y abajo, así sucesivamente. Enredo mi pie contra el suyo cuando mete su muslo entre los míos, cada contacto es único, como si fuésemos los polos opuestos de un imán que se atraen irremediablemente.

—La primera vez ni siquiera me corrí —respondo mirándola fijamente alzando la mano de su espalda para acariciar su mejilla, con el pulgar rozo su labio inferior perfilándolo—, mis primeras experiencias en el sexo no fueron buenas, la falta de experiencia, el que era muy joven, el desconocimiento del medio en el que me movía, no sabía nada de nada de las mujeres y me sentía igual que un pez fuera del agua —le explico cariñoso sin reparo alguno por estar contándole estas cosas, merece saberlo todo de mí, si mi mujer quiere saberlo y no le supone ningún contratiempo, si no despierta sus celos por conocer mis experiencias pasadas respecto al sexo—. Mi primera vez fue una experiencia bastante terrible, me sentí ultrajado, prácticamente abusó de mí —comento sin entrar en detalles, no es algo que me agrade recordar por cómo fue y se dio cita aquella primera vez que debía haber sido de otra forma para mí y desde luego con otra chica, la que yo hubiese elegido y a su vez hubiese sido escogido.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 28, 2014 6:07 am

Que el diablo se apiadara de ella cuando bajara al infierno porque sabía que iba derechita y sin escalas. No le respondió a Olivier, tan solo lo miró, con una sonrisa ladeada y un brillo, que no auguraba nada bueno, en los ojos, disfrutando de esa situación, de ese momento en el cual, a pesar de que Olivier había cedido ante la tentativa, su voz era ronca y grave.
 
Había cosas que entendía a la perfección de sí misma, otras sin embargo permanecían en una nebulosa nada definía. Había detalles que los poseía desde que tenía memoria, otros en cambio fueron instaurados con los años de entrenamiento. Tentar y provocar era una actitud que se había acrecentado de manera exponencial con los años, una a la cual le encantaba darle salida.
 
Pero con Olivier todo era distinto, con él siempre era diferente. Deseaba tentarlo y provocarlo, pero de una manera contraria a lo que había hecho siempre. No había deseo de manipulación, ni tampoco de utilizarlo. Tan solo era para disfrutar, pero juntos.
 
Porque eso era lo importante para ella, lo que pudieran conseguir juntos. El Destino les había puesto obstáculos, la vida había abierto la tierra a sus pies pero ellos habían seguido adelante a pesar de todos los inconvenientes. Deseaba hacerle feliz en todo cuanto estuviera a su mano. Él deseaba una pareja y ella se lo dio, él quiso que vivieran juntos y ella se lo concedió. Y por último, él le pidió que se unieran para el resto de sus vidas de la misma forma que hacían los licántropos y ella agarró todos sus miedos y los arrastró junto a ella a cada paso que dio hacia su hombre.
 
¿Había superado su miedo al compromiso? Ni mucho menos, pero tampoco se había dejado vencer por él porque lo que sentía por Olivier era mucho mayor y más intenso que todo el pánico que acumulaba en el cuerpo.
 
Cerró los ojos al sentir el delicado beso sobre la frente, dejando que el calor del cuerpo de su hombre la envolviera como una sábana mientras él se acomoda ajustándose a la nueva postura que ella había adquirido. Enviándole un millar de descargas a través de las caricias sobre la columna. Tan sensibilizada como estaban, la piel se erizó de gusto bajo sus manos.
 
Pero cuando abandonó su espalda para apoyar la mano en la mejilla, ella, de manera instintiva, se inclinó hacia ella, disfrutando de su tacto y besando el dedo que le hacía cosquillas en el labio.
 
-¿No se supone que os enseñan desde niños como algo natural cómo es el sexo? –Preguntó con la mente espesa debido al cansancio y a la falta de energía que Olivier le había robado con un orgasmo tras otro. –A mí nadie me enseño ni me explicó nada. –En realidad nadie le había explicado nada sobre ningún asunto. Tuvo suerte de que antes de que le bajara el periodo había leído un libro que hablaba sobre el cuerpo femenino, de lo contrario había buscado el punto de la hemorragia, como si fuera una herida más de su cuerpo. –Yo también abuso de ti y no recibo queja alguna. –Murmura con una sonrisa. En ese momento tenía la mente embotonada a pesar de ello una pequeña punzada de celos le golpeó. Pero no debía molestarse, era su pasado, ella también tenía uno. -¿Quieres hablarlo? –Le preguntó alzando la mano con la que lo rodeaba para acariciar su mejilla mientras le sonreía.
 
Si algo había aprendido desde que estaba con Olivier era que expresar en palabras secretos firmemente guardados durante años conseguía aligerar la pesada carga que estos suponían. Poder hablar de sus hermanos con total libertad era el regalo más preciado que su hombre le había hecho.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 28, 2014 7:29 am

—Puedo ver lo mucho que estás disfrutando con esto muñeca —murmuro con gravedad mirándola fijamente, viendo su sonrisa de medio lado, el brillo de sus ojos dorados, el conjunto de la expresión de su rostro, esa picardía que a mí me provoca querer besarla como un desquiciado que acaba de escaparse de un sanatorio mental—. Me vuelves loco —añado acercándome a sus labios para volver a probarlos, para adueñarme de su boca besándola sin prisa, sin esa tensión expectante que viene antes de los orgasmos y se acrecienta a medida que el clímax se adueña de tu cuerpo—. Eres tan sexy —rumoreo enronquecido a punto de gruñir de gozo, deslizándome por su barbilla dándole suaves besos que recorren su mentón hasta su garganta la cual mordisqueo con mucha delicadeza, marcándola suavemente—. Y eres mía… Mi mujer…

Nada va a cambiar estos sentimientos por mi hembra, al contrario sé que a medida que el tiempo siga su natural curso cada sensación va a engrandecerse más y más, cada sentimiento se convertirá en lo más grande que hayan sostenido mis manos y ahora mismo tengo su menuda figura entre mis brazos, rendida a mí, sujetándola para que nunca vuelva a caerse porque no pienso soltarla jamás.

La palma de mi mano aúna el oval de su rostro cuando recuesta su mejilla, la miro con ternura, es la más bonita a mis ojos, aparentemente delicada como una flor sin embargo dura como las rocas de los acantilados, no obstante es sensible, lo he visto infinidad de veces reflejado en sus ojos aunque se lo guarde para sí, aunque nunca me demuestre que también le duele, que también sufre, que también lo siente todo a flor de piel cuando las emociones quieren adueñarse de mi hembra, tragándoselo sin exteriorizarlo para que ni yo ni nadie lo vea.

Sin embargo la veo y la siento, más de lo que quisiera, tanto como para percibir su dolor y sufrimiento, su alegría y sus dichas, todas sus emociones aunque pretenda disimularlas ante mis ojos.

—Reva nos enseñó desde el punto de vista licántropo, pero a la hora de la verdad no tenía ni la más remota idea, una cosa es la teoría y otra muy distinta la práctica —respondo mirándola con cariño, la infancia de mi mujer no fue nada fácil, cómo me gustaría que hubiera podido disfrutar de muchas cosas que se perdió a tan temprana edad, sobre todo de ser niña y no tener miedo ni preocupaciones más allá de la escuela y las amistades, que no hubiese perdido a su familia y nunca se hubiese visto en la obligación de sobrevivir—. Tú no abusas de mí gatita, tú me haces el amor y me follas bien follado con todo mi consentimiento —me echo a reír divertido por mis propias palabras para luego exhalar un resuello poniéndome serio, asiento cerrando los ojos durante los instantes que acaricia mi rostro, me hace sentir flotando en el firmamento.

Me acurruco contra mi hembra, apoyo mi frente sobre la suya y mantengo los ojos cerrados, poniendo en orden mis recuerdos de hace muchos años, parecía algo olvidado pero no, solamente tengo que retroceder en el tiempo para volver a ese instante, a ese momento en que lo cambió todo y perdí mi virginidad.

—Se llamaba Hannah O´Brien, tenía quince años, era dos años mayor que toda la clase y era la hija del profesor, estaba en nuestro curso —empiezo a decir sin variar ni un ápice la postura, vagando entre mis recuerdos de la infancia—, me acorraló en el cuarto de la limpieza, me arrinconó contra una pared, me bajó los pantalones, los calzoncillos y me hizo una medio mamada, yo estaba asustado porque no sabía muy bien porqué estaba ocurriendo eso, aparte de que tenía miedo de que alguien me viera en esa situación incómoda, cuando logró que se me pusiera dura aunque no estuviese excitado por dentro, ni tuviera ningún tipo de deseo ya que mi cuerpo iba ajeno a mi mente, me tumbo contra el suelo, se bajó las bragas y se subió la falda montándose encima de mí, me hizo daño porque por aquel entonces no tenía una fimosis propiamente dicha pero el prepucio tampoco bajaba bien del todo, pero dio igual, me usó para darse placer y dejarme allí desconcertado, asustado y sintiéndome culpable sin saber ni siquiera porqué cojones me sentía así —abro los ojos volviendo a la realidad del momento con mi hembra, apartándome lo justo para mirar sus iris dorados y ver en ellos cómo le han afectado mis reminiscencias respecto a mi primera vez—. No fue ni agradable ni memorable.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 28, 2014 9:57 am

Su sonrisa se ensanchó un poco más ante sus palabras graves. Qué iba a decir, si era cierto. En ocasiones se dejaba llevar por niña interior para jugar y divertirse con Olivier, como era el caso.
 
-Mucho, la verdad. –Confesó con una pequeña y suave risa. –Mmmm. –Murmura contra sus labios al besarla pero sin ningún tipo de prisa, sin esa necesidad animal que los dominaba a ambos casi a cada minuto del día. –Esa es mi intención, pero se ve que nunca termino de rematar la faena. –Comenta risueña y divertida.
 
Pero acabó gimiendo cuando al bajar por la barbilla alcanza la garganta, mordisqueándola. Sintiendo el cosquilleo de placer que siempre le provocaban sus labios y dientes en esa parte tan erógena del cuerpo. Daba igual lo cansada que pudiera estar que siempre reaccionaba a esas caricias.
 
Claro que un escalofrío muy distinto le recorre la columna vertebral cuando una vez más la llama “mi mujer”. Sabía que tarde o temprano, más tarde seguramente, se acabaría acostumbrando, pero era como hablar del demonio para alguien demasiado religioso. Era una respuesta de su mente casi automática. “Tiempo al tiempo”.
 
No le importaba que le dijera que era suya, porque así se sentía. No como un objeto que poder poseer y usar a gusto. Sino porque era su nombre el que tenía grabado a fuego en el corazón, el único que había accedido a esa parte de sí misma y sabía que aunque él se marchara nada podría borrar ese nombre de su órgano vital. Por todo ello se sentía suya a un nivel emocional que tampoco deseaba analizar demasiado.
 
-Supongo que sí. –Comentó dándole la razón de que la teoría poco o nada tenía que ver con la realidad. Se une a las risas de Olivier por las palabras que había dicho, pero sobre todo por la forma de decirlas. –Cuando venga de cazar y me lance como una loca a por ti a ver si dices lo mismo. –Contempló antes de que se pusiera serio.
 
Permaneció en silencio mientras Olivier se movía para pegarse más a ella hasta que descansó su frente contra la suya. Acariciando el pómulo con el dedo pulgar intentó infundirle ánimos, dándole en silencio su apoyo.
 
Pero cuando le había dicho que habían abusado de él en su primera vez, pensó que sería en sentido figurado, no literal. Su ceño se fue contrayendo con cada una de sus palabras. Nunca había entendido a la gente así, que usaban el sexo de esa manera, sin importarles nada más que su propio placer. Ella, que había sido de sesiones de sexo de una sola noche jamás había dejado insatisfecho a nadie. Desde luego para él fue una experiencia horrible, un recuerdo que era mejor intentar olvidar.
 
Cuando se separó de su frente y la miró ella le dedicó una sonrisa tierna mientras seguía acariciándole la mejilla. No le extrañaba que fuera algo para no rememorar con asiduidad ni tampoco para explicárselo a Gina como ejemplo.
 
-No, no debió serlo. –Comentó estirando la cabeza para darle un suave beso en los labios. –¿No hiciste nada al respecto después? –Preguntó con tono suave, con cariño. Ella estaba para apoyarlo, para sostenerle si lo necesitaba pero era normal que un niño de trece años lo hubiera pasado mal si no lo había querido ni tampoco buscado. Él había sido educado como un niño normal sin más preocupaciones que las propias de la edad y le apenaba que una niña le hubiera roto las ilusiones de una primera vez gozosa. No deseaba ver sufrir a su hombre, ni en el presente, ni tampoco en el pasado o futuro. –Espero que la vida haya sido justa y que acabara son alguna ETS de las gordas. –Comentó intentando dar un toque de diversión a las cosas. A ella le ayudaba ver el lado bueno.
 

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 28, 2014 10:55 pm

—Mi mujer es toda una gamberra —murmuro cariñoso dándole suaves besos sobre la garganta, más roces de mis labios y lengua, tras mordisquearla con delicadeza—. Ya me has rematado gatita, ya estoy completamente loco por ti  —murmuro con gravedad dedicándome a marcarla con ternura, desprovisto de la ferocidad que en ocasiones me domina, ahora mismo me encuentro plácidamente entre los brazos de mi hembra.

Empiezo a darme cuenta de que no solo tengo a un mejor amigo en mi vida, sino que también mi mujer se ha convertido sin darme cuenta en mi mejor amiga, aparte de ser el único amor de mi vida, ahora soy consciente por todo cuanto hemos pasado juntos, me siento tan satisfecho.

Asiento cuando me dice que supone que sí, en mi caso así había sido, quizá en el de otra persona sea capaz de aplicar la teoría como si fuese un experto en la práctica. Me río con más ganas cuando me dice lo siguiente, durante unos instantes nuestras carcajadas se mezclan.

—Gatita adoro cuando haces eso —murmuro mirándola con cara de golfo—. Me pones muy cachondo cuando te abalanzas a por mí igual que una depredadora ante una suculenta presa —me gusta sentirme deseado por mi hembra, me gusta mucho cuando toma las riendas y me folla como si fuese toda una amazona montándome, cuando domina todo el espacio con su voluptuosa y sensual presencia, llenándome a mí de lujuriosas y ardientes sensaciones.

El tacto de mi hembra sobre mi mejilla me reconforta, su forma de arroparme mientras le cuento esta mala vivencia de mi infancia, me hace sentir bien. Al entornar los párpados y encontrarme con esa tierna sonrisa mi corazón se acelera me hace sonreír mimoso.

Su beso borra de mi cabeza cualquier sensación pésima, dejándome estremecido por dentro, desde lo más profundo de mi ser la reconozco, la siento y la percibo como a la única mujer, la que mi alma anhela a cada segundo y por la que mi corazón late como desbocado en cuanto la tengo delante de mis ojos.

—No, no lo hice, quise olvidarlo y enterrarlo en mi cabeza —murmuro respirando hondo—. Mamá nos sacó del colegio y nos cambió a otro en cuanto se enteró, eso sí casi se come al profesor —sonrío de medio lado recordando a mi madre tras salir del despacho del padre de la criatura con el profesor más blanco que la cal por todo cuanto le había espetado en defensa no solo mía, sino también de Rod que sufrió las mismas inclemencias y todo cuanto varón estuvo en la misma clase que Hannah, nos había pasado por la piedra a todos con o sin consentimiento. Mi sonrisa se ensancha cuando mi hembra hace esa alusión, con sumo cariño me inclino para besarla mimoso—. Espero que tu primera vez no fuese ni remotamente parecida a la mía y fuese consentida —murmuro mirándola con ternura—, pero no me lo cuentes con todo lujo de detalles, no quiero ponerme terriblemente celoso —confieso tan tranquilo, solo de imaginarme a mi mujer con otro me hierve la sangre en las venas, ni siquiera puedo hacerme a la idea.

Sé que tiene experiencia, eso es obvio, pero prefiero no pensar en ello, ni en cuántos hombres han pasado por sus sábanas y han disfrutado de las mieles de su suave piel, de sus apetitosos labios, de sus senos enloquecedores, de su menuda figura moviéndose igual que una Diosa bailando una balada divina y ancestral. No, no quiero ni imaginarlo.

—¿Tienes hambre? —pregunto curioso con una sonrisa porque lo cierto es que yo empiezo a notar el gusano del apetito en mi estómago que ha emitido un cacofónico rugido—. Puedo prepararte lo que más te apetezca —murmuro dándole besitos por la línea de su mandíbula, igual que si fuese muy delicada y tuviese que tratarla con sumo cuidado.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 29, 2014 4:52 am

-No-no lo sabes tú bien. –Murmura entre jadeos al sentir sus labios recorrer la garganta dando suaves y delicadas atenciones a la piel que había estado mordiendo. –Y yo por ti, Olivier. –Dijo seria antes de volver a jadear y soltar un pequeño gemido por volver a sentir los dientes.
 
No sabía cómo se verían esas marcas desde el otro lado, desde unos ojos de licántropo, pero si eran como una especie de color o marca que indicara que ya tenía pareja y que por lo tanto nadie debería intentar nada, ella debía de parecer un enorme semáforo en rojo por la cantidad desmedida de placenteros mordiscos que Olivier le daba a lo largo del día.
 
La risa se le escapa ante la cara de golfo empedernido que pone y el ejemplo que da, como si ella fuera una leona en plena cacería y él, el cervatillo que iba a convertirse en su cena. Aunque lo que sucedía casi si se parecía a sus palabras.
 
-Entonces no me cortaré la próxima vez. –Murmura con una gran sonrisa en los labios, una que prometía mil placeres si se dejaba llevar.
 
La mayoría de las veces que volvía de cacería lo hacía alterada, la piel le escocía del deseo porque la acariciaran, sentía los pechos hinchados contra las copas del sujetador y los labios inflamados por poder besar con ellos. Estaba eufórica, con su propia bestia suelta en su mente y como en plena cacería se abalanzaba a por Olivier, como si este fuera un suculento bocado.
 
Pero ella estaba con su hombre para todo. Para devorarlo cuando había necesidad y para apoyarlo cuando él lo precisaba. Como en ese momento en el cual le contaba lo duro y lo horrible que fue su primera experiencia con el sexo. Porque como se decía en las películas, estaban para lo bueno y para lo malo.
 
-Mucho se controló tu madre. –Comenta devolviendo una sonrisa en respuesta a la suya, esa ladeada que tanto adoraba. Estaba segura de que cada vez que la sonreía de esa manera, en su firmamento particular se descubría una estrella más. –Yo habría hecho que despidieran al profesor por no ser consciente, no solo de lo que sucedía en su clase, sino en su propia hija y después que a ésta la hubieran encerrado en una institución mental o algo similar. –Al menos no se lo había guardado para él, no había hecho que ese recuerdo lo carcomiera. Había hablado con su madre, y cómo una buena madre, ella había tomado cartas en el asunto.
 
Con una sonrisa cariñosa recibe el tierno beso de Olivier, disfrutando tan solo de la sensación de tenerse el uno al otro, sin prisas, sin fuegos que los devoraran si no lo hacían mutuamente. Solo la sensación de sentirse y pertenecerse. “Uy, que cursi estoy…” pensó con una sonrisa interna, mordisqueando con suavidad el labio inferior de Olivier antes de separarse.
 
-No, mi primera vez nada tuvo que ver con la tuya y fue completamente consentida. –Comentó con un resuello divertido ante su petición de que se lo contara sin detalles picantes de por medio. –Yo empecé a cazar a los trece y cuando empezamos lo hacemos en grupo. Con cazadores experimentados que nos enseñan cómo movernos en las calles y demás. –Sus ojos estaban fijos en los de Olivier, pero si mente viajó al pasado. –Cuando sentían que ya nos desenvolvíamos bien nos soltaban en parejas, un novato con otro que ya llevaba al menos un año de cacerías. Hasta que ellos decidían que estabas lo suficientemente preparado como para salir solo si lo querías. –No habían hablado mucho de las técnicas de los cazadores, principalmente porque ella era la que solía preguntar. –A las pocas semanas de cumplir los catorce, decidieron que ya servía para pasar el siguiente nivel.
 
Eran como una secta que en la cual ibas sumando niveles según los logros que alcanzaras. Ella tardó menos de seis meses en demostrar que valía, que el cazar en grupo la perjudicaba puesto que tenía que mantener un nivel más bajo.  
 
-Me pusieron con un cazador que se llamaba Jonh Noland que tenía veinte años. –Estaba claro que le habían atraído los mayores desde el principio. –Yo no tenía ni teoría ni práctica, pero había visto a los hermanos infinidad de veces, siempre con mujeres distintas así que más o menos sabía por dónde iba el tema y tenía mucha curiosidad por saber qué se sentía. –Por eso le había dicho a él que el hecho de que Gina les viera no era nada bueno. –Y no te voy a dar detalles porque sé que no los quieres. –Comentó con una sonrisa. –Solo decirte que fue en el callejón donde nos cargamos a un vampiro, con la adrenalina recorriéndome el cuerpo y cubierta de sangre. Él sí sabía lo que hacía y fue cuidadoso al principio. –Ya no podía recordar si llegó a dolerle o no, pero sí que acabó disfrutando. A partir de ese día se convirtió en una mujer muy activa sexualmente. –Puedes preguntar lo que quieras. –Pero ella no iba a darle más detalles si él no se lo pedía expresamente, no deseaba ponerlo celoso.
 
Si él deseaba conocer algo no dudaría en contárselo, ni tampoco de andaría por las ramas. Olivier era la única persona, desde su hermano para la cual no tenía secretos.
 
-Un poquito sí. –Comentó riendo al escuchar la llamada del estómago de Olivier pegado contra el suyo. –Estaba nerviosa y casi no he comino nada en todo el día. –Ni tampoco había comido. Además, desde el mismo momento en el que sacó el vestido y lo extendió sobre la cama, apenas si se había movido, observándolo como si fuera un fósil recién descubierto o un animal demasiado peligroso.  –Cualquier cosa que prepares estará bien. –Para su gusto al menos, su hombre era un maravilloso cocinero. -¿Te ayudo? –Preguntó con una sonrisa, disfrutando de los delicados besos sobre la mandíbula, volviendo a rodearlo con el brazo.

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 29, 2014 8:17 am

No hay cosa que más me excite, aparte de los perfectos senos de mi mujer, son sus jadeos y gemidos cuando mis caricias le hacen emitir estos deliciosos sonidos, como cantos de sirena, tan ardientes y sensuales que todo mí ser reacciona a ellos.

—Sí lo sé gatita, lo sé muy bien —murmuro ronco sobre su garganta subiendo hasta el filo de su mentón para seguir depositando besos aquí y allá por su cuello y mandíbula—. Cariño… —a veces esta simple palabra lo dice todo por mi hembra, todo lo que siento puede concentrarse en estas seis letras y tres sílabas.

Sonrío mirándola hechizado ante sus risas, es tan placentero escucharla reír, tan jodidamente satisfactorio que podría salir volando y tendría que ponerme el lazo para sujetarme porque estaría flotando durante horas o días.

—Solo de pensarlo me pongo cachondo —murmuro ronco al pensar en mi hembra en posición de ataque abalanzándose a por mí para hacerme completamente suyo de una manera sexual, porque le pertenezco desde el primer momento en que nos cruzamos en nuestras vidas.

El destino, el nuestro, lo tenía todo escrito, somos el uno del otro por y para siempre.

Es una dicha que mi hembra me apoye en todo, que esté aquí para mí sin condiciones, escuchándome contarle una parte de mi vida que no es nada agradable, que dejó un regusto muy amargo en mi paladar y que me llevó años superar sin ver a las mujeres como verdaderas arpías locas que sólo querían una cosa de los hombres, no fue hasta los dieciocho años que no volví a mantener relaciones sexuales, de mutuo consentimiento y tampoco fue como para echar cohetes.

—Si es cierto, mamá se controló mucho de no darle una dentellada a aquel desgraciado —me quedo fijo mirando sus labios sonrientes, Dioses no hago más que desear su apetecible boca. Regreso la mirada hasta sus ojos asintiendo a sus siguientes palabras—, mamá no quiso llevarlo más lejos, eran otros tiempos y no quería que nos viésemos envueltos en el escándalo que suponía una situación como aquellas, de ser en esta época otro gallo hubiera cantado —mi madre es una loba en el amplio sentido de la palabra, pobre de aquel que pretenda hacer daño a nadie de nuestra familia, en aquel entonces aún podía transformarse, hace cosa de diez años que dejó de hacerlo, su cuerpo ya no lo resistiría.

Sus labios son como un manjar celestial, los saboreo sin prisa, besándonos con la calma suficiente como para poder disfrutar de cada pequeño roce, de cada aliento que parece alimentar mi alma, cada célula de mi cuerpo se revoluciona cuando me mordisquea el labio inferior al separarme para mirarla a los ojos.

Los míos empiezan a brillar al sentirme excitado, no lo puedo remediar, mi mujer me pone, me pone muchísimo.

Escucho atentamente lo que me cuenta de los cazadores, al igual que le ocurre a mi hembra con respecto a mi raza, me ocurre a mí con sus metodologías y formas de entrenarse, es curioso todo el mundo que nos rodea y hasta que no nos hemos topado en nuestras vidas, desconocíamos en su gran mayoría.

No me extrañaba que avanzara tanto en tan poco tiempo, cuando le digo que es una guerrera, aunque lleve el pequeña por delante por su menuda estatura, es por algo, o como cuando le digo que es mi valkiria, es por la misma razón, porque lo es, en cada fibra de su cuerpo está escrito, es una luchadora nata.

A medida que me va contando como se desarrolló su primera vez, entiendo por qué me decía que no quería que nuestra niña nos viera haciéndolo, para que no saliera corriendo a probarlo a las primeras de cambio porque la curiosidad le había podido, en mi hembra lo comprendo al cien por cien, es sumamente curiosa y cuando no puede saciar su curiosidad se frustra muchísimo, no es mujer a la que puedas dejar sin respuestas si te ha hecho una pregunta.

Evito imaginarme la situación, de mi hembra tan niña con un joven a punto de convertirse en un hombre, no quiero ni pensarlo, bloqueando cualquier tipo de pensamiento que me lleve a ese instante.

—No quiero preguntar nada, todas las preguntas me llevarían a los detalles y prefiero no saberlos gatita —respondo mirándola alzando mi mano para acariciar su mejilla, deslizando las yemas de los dedos por su barbilla, bajan por su cuello y perfilan las clavículas que se marcan por la postura que mantenemos uno frente al otro, enroscados como serpientes—, me alegra saber que fuiste tratada bien en tu primera vez —comento mirando un punto indefinido de su cabello, recogiendo uno de los mechones que le cae por el hombro hacia el cuello, por inercia me inclino para llevármelo a la nariz e inspirar su rastro, para inmediatamente girar mi rostro hacia el suyo buscando sus labios para besarla con ternura.

Los segundos pasan y yo no tengo ninguna prisa por abandonar su boca, al contrario, podría quedarme durante horas y horas simplemente besándola hasta que los labios nos dolieran con un suspiro por haberse inflamado tanto.

Sin embargo me aparto para volver a mirarla, mi estómago tiene otros planes cuando ruge como un león hambriento.

—Estoy pensando en un bistec con patatas, huevo frito y pimientos rojos y verdes —la mera idea me hace salivar de gusto y mis tripas parecen acoger de buen grado mis propias palabras—. Me gustaría mucho gatita —murmuro mimoso ante su pregunta de ayudarme, disfruto enormemente con mi hembra en la cocina, en cualquier lugar es evidente, pero cuando hacemos las cosas juntos como la comida, el goce es mayor.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 29, 2014 8:50 pm

Sabía de sobra que no había hombre más perfecto en la faz de la tierra que su hombre, que su licántropo dominante y mandón. Al menos no para ella. Tenía todo lo que la atraía del sexo opuesto y a diferencia de la gran mayoría era todo un luchador de la cabeza a los pies, su precioso ángel guerrero que saltaba desde las azoteas para ayudarla a cobrarse venganza.
 
Y por mucho que ella no se dejara o que él no lo necesitara, se protegían el uno al otro hasta del mismísimo demonio. Que viniera el mismísimo Dios a decirle que no podían estar juntos que le daría una patada y lo enviaría derechito a los cielos.
 
Pero en ese momento, lo único que podía hacer era disfrutar, disfrutar de los besos tiernos por su mandíbula, por su cuello. Porque cada caricia de sus labios eran miles de corrientes eléctricas que le atravesaban el sistema nervioso, preparándola, excitándola para colmar a su hombre de todo cuanto deseara. Aun así, el escalofrío que le recorrió el cuerpo nada tenía que ver con los besos, más bien por su forma de pronunciar la palabra “cariño” como si esa sencilla palabra albergara millones de sentimientos y emociones. Al menos así la sentía ella.
 
-Pues piénsalo un poquito más. –Le sugirió con una amplia sonrisa enmarcando su boca.
 
Al menos ella sí se excitaba ante tales pensamientos. Ambos tenían un lado dominante que se complementaban mutuamente. Pero a pesar de ese carácter fuerte que poseían sabían ceder el control para poder disfrutar todo cuanto estuviese en sus manos.
 
Porque estaban juntos para todo, aunque ella no dejara salir sus sentimientos. A pesar de ello, sabía que antes o después Olivier conseguiría traspasar todos sus escudos mentales, liberándola tal y como ella era. Al menos siempre que estuviera con él y cuando eso sucediera sabía que al girarse se encontraría con los ojos más bonitos que jamás se hubieran posado sobre su cuerpo mientras su dueño la tomaba de la mano.
 
Y en ese momento era su turno de sujetarlo, de infundirle apoyo, de hacerle saber que ella siempre estaría a su lado cada vez que él lo precisara. Era su hombre. Era su vida entera.
 
-Cierto, a veces se me olvida lo mayor que eres. –Contempló con una sonrisa. Nunca le había importado su edad, ni siquiera cuando lo creía un cazador. Siempre le habían atraído los hombres más mayores que ella y con Olivier tenía la mejor mano. –Supongo que en aquella época tener sexo fuera del matrimonio ya era un escándalo. –Por suerte los tiempos habían mejorado, aunque aún quedaba mucho por cambiar.
 
Aunque ella ya se había comprometido. A pesar de todos los miedos que la azotaban casi a cada instante, había descubierto que lo que sentía por su hombre era mucho más poderoso que todo el pánico junto y con ello había hecho feliz a Olivier. Solo con eso ella ya era feliz. Más aún cuando se besaban de esa manera degustado sus mutuos sabores, respirando a través del aliento del otro. No existía un lugar mejor que estar acurrucada contra el pecho de su hombre, mientras éste le trasmitía y la inundaba de calor con sus brazos y piernas. Daba igual dónde estuvieran siempre y cuando permanecieran juntos.
 
No le preocupó en ningún momento el hecho de estar revelando secretos de los cazadores. Sí, ellos eran sus compañeros y en su día había hecho un juramento, pero Olivier era su familia, el dueño de su corazón y alma. Era el más importante de todos y tan solo había una promesa válida. La que le había hecho a él esa noche.
 
“Te amé, te amo y te amaré siempre”
 
-Me lo suponía. –Comenta con una gran sonrisa dulce en los labios, cerrando los ojos para poder disfrutar más de la caricia, para acabar mordiéndose el labio por la infinidad de sensaciones que le producen sus dedos rozando la sensibilizada piel desde la mejilla hasta la clavícula. –Han pasado muchos años y tengo la mayor parte difuminada. –Añade sonriendo al ver cómo le olisqueaba un mechón del cabello.
 
Claro que no había nada mejor que sentir y saborear sus dulces labios, sin ningún tipo de urgencia, sintiéndose flotar entre las caricias tiernas que se daban. Habían saciado el hambre animal, en ese momento era la ternura la que se abría paso a través de los besos.
 
Claro que el estómago de Olivier tenía otro tipo de hambre, uno que la hizo reír.
 
-Uff… -Murmura entre suaves carcajadas ante el gran menú que había confeccionado su hombre en un momento. –Yo solo te robaré unos pedacitos. –Su estómago era pequeño y estaba demasiado acostumbrado a estar vacío. Vuelve a besarle con un poco más de pasión dejándose llevar por su tono mimoso. –Vamos entonces a prepararte el menú para una legión. –Añadió entre risas, desenroscándose de su cuerpo y dándole un pequeño mordico en la mandíbula antes de levantarse de la cama.
 
Durante un segundo las piernas le temblaron al levantarse, pero en seguida cogieron fuerzas mientras que con sumo cuidado desanudó la cinta de su muñeca y la puso al cuello del peluche que decoraba la mesita de noche antes de ir hacia el baño.
 
Cogió una toalla pequeña y la humedeció antes de emplearla para poder asearse, llevándose consigo todos los restos de la pasión que habían compartido. Después se ducharía. Salió del baño y echó la toalla al cubo de la ropa sucia. Agachándose junto al montón de ropa, tomó la camisa de que Olivier había llevado esa noche y se la puso, abotonando uno a uno los botones hasta que los picos delanteros de la misma casi alcanzaban las rodillas. Ella era muy pequeña y su hombre muy grande.
 
-¿Vamos? –Le preguntó estirando la mano hacia él a la espera de que la tomara para bajar a preparar la comida mientras empleaba la otra para tratar de alisar un poco los cabellos alborotados.

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 30, 2014 2:27 am

Adoro los instantes en los que mi hembra se estremece de gusto ante mis caricias o mis palabras, ante cada gesto nacido de lo más profundo de mí ser solo para ella. Desde que nos conocemos lo he pensado; lo merece todo y más, no hay criatura más hermosa que mi mujer, no solo a un nivel físico, sino espiritual, se desvive por quien más lo necesita y quiere, por nuestra niña, por mí, por nuestros amigos, lo da todo sin reservas ni condiciones.

—Gatita si lo pienso más me reventará del empalme de caballo que voy a acabar teniendo —comento con una sonrisa, divertido me echo a reír una vez más, me encanta poder hablar con mi mujer de cualquier cosa, de todo cuanto nos discurra por la cabeza, sin tapujos, sin ningún reparo.

Es mi ideal de mujer.

Lo que nunca imaginé para mí, ahora lo tengo entre mis brazos, enredado a mi cuerpo con sus ojos dorados mirándome intensamente, traspasando mi alma haciendo que alcance una dicha que no creí que llegaría a sentir, no de esta forma tan sentida, creía que no había una hembra para mí y qué equivocado estaba, apareció en mi vida para darle sentido a todas las cosas mundanas de la existencia, para hacerme ver que sin ella yo había estado vagando por páramos que no me llevaban a ningún lugar, siempre dando vueltas y en círculos, ahora pienso que mi mujer estaba destinada para mí y yo para ella.

Nunca me ha hecho ver que le haya importado los años que tengo, al contrario, me ha dado a entender que le gusta eso de mí, sonrío con su comentario respecto a esto, es lógico que se le olvide mi apariencia dista mucho de la edad que tendría un humano con mis años.

—Sí en aquella época era un completo escándalo entre adultos imagínate entre niños, los humanos estaban sumidos en una moralidad muy estricta, los conservadores abundaban por todas partes y el sexo era un tema tabú, por suerte Rod y yo fuimos educados por los nuestros y el sexo es lo más natural del mundo que puede sucederse entre un macho y una hembra e incluso entre congéneres del mismo sexo, es algo que ocurre muy a menudo en muchas especies de animales, sólo los humanos, algunos, lo ven como algo antinatural.

Nunca habíamos hablado de la homosexualidad, para mí era algo normal, así me lo enseñaron y así lo veía al margen de mi educación, en la atracción física intervienen muchos factores, el hecho de ser un macho no me exime de ser consciente de que hay otros machos más atractivos que lo que pueda ser yo para un género u otro, la diferencia, insignificante para mis ojos, era que a mí me atraía el género contrario al mío, y como mi mujer ninguna, Dioses es perfecta para mí.

Cuando la miro no solo veo a una mujer de una innegable belleza, veo a toda una guerrera capaz de arrancar cabezas sin despeinarse ni pestañear, como también veo a una persona muy dulce y emotiva, aunque esto no siempre salga a la luz por todas esas barreras que inconscientemente interpone entre nosotros, aunque si bien es cierto que poco a poco voy consiguiendo derribarlas a base de demostrarle lo mucho que la amo, todo cuanto significa para mí y a veces me quedo corto porque no logro, o no creo lograr, demostrarle la magnitud de mis sentimientos.

Lo que más me importa es que sea feliz a mi lado, cuando me dedica esas sonrisas tiernas sé que lo estoy consiguiendo, me hace sentir tan bien verla así.

—Quizá peque de egoísta muñeca por no querer saber esos detalles de tu vida, no me importa que me cuentes los hechos acontecidos de tu pasado, pero cuando tiene que ver contigo con otro que no sea yo, los celos me devoran vivo —no tengo ningún reparo en decirle todo cuanto siento, por bueno, malo o regular que pueda ser,  prometimos decírnoslo todo, hablar cada cosa que nos afectara y hemos prometido ser el uno del otro—, a veces recordarlo todo hasta lo más insignificante tiene sus desventajas —comento en referencia a nuestra memoria eidética, había cosas que no siempre querías recordar, como mi primera vez, preferiría poder olvidar determinados momentos y no tener que rememorarlos jamás.

Mientras nos besamos mis tripas protestan, esto le hace reír a mi mujer y a mí también, en ocasiones el cuerpo iba a su aire sin tener en cuenta que estoy maravillosamente, que no quiero moverme del sitio y que me pasaría el resto de la noche así, besándonos sin parar, amándonos sin reservas.

—Mi chica comes muy poco comparado conmigo —sonrío cariñoso, mirándola tras haberme besado con esa pasión que estremece cada fibra de mi cuerpo, mi vello se eriza de gusto y unas intensas cosquillas se instalan bajo mi ombligo, haciendo que mi vientre se tense de gozo y mi miembro empiece a levantar cabeza sin remedio aunque no termino de empalmarme del todo quedándome con una media erección.

Durante los instantes que mi mujer se despereza levantándose y anudando en el peluche la cinta de nuestra unión de manos, me quedo mirándola, observándola con una sonrisa la sigo con la mirada hasta el baño.

Me estiro en la cama, destensando cada uno de mis músculos al tiempo que emito un sonido gustoso, mi hembra sale del baño y vuelvo a observarla sonriente cómo se pone mi camisa abotonándosela, es tan sexy.

Termino levantándome de la cama, saco unos pantalones deportivos del armario para ponérmelos, al acercarme a mi mujer, antes de darle la mano que me tiende le cacheo el trasero mirándola con cara de golfo.

—Me encanta tu culito y el saber que no llevas nada debajo de la camisa —murmuro inclinándome hacia el costado de su cuello para darle un beso, sin soltarle de la mano echamos a andar hacia el piso inferior, dirigiéndonos a la cocina para preparar la comida.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 30, 2014 4:26 pm

Sonrió para acabar uniéndose a las risas de Olivier provocadas por sus palabras. ¿Qué defectos tenía su hombre? Ninguno. Había cualidades que podrían gustarle más o menos, pero lo adoraba por entero. Olivier era una buena persona, con un gran corazón que no dudaba en ayudar a todo el que lo necesitara. Era todo un guerrero, un luchador que la hacía perder la cabeza cada vez que lo veía pelear. En esos momentos sí que estaba sexy y a ella le hacía perder algo más que la cabeza. Pero aparte de todo eso tenía una actividad sexual tan grande o incluso mayor que la suya.
 
-No te preocupes, yo me encargaría de ti. –Dijo con voz sensual pero sin borrar la sonrisa de sus labios. –Acabarás por reventar, pero de una forma mucho más placentera. –Le guiñó el ojo antes de echarse a reír.
 
Ella jamás había tenido el menos problema con el sexo, ni en hablar de ello. No había nada que no le diera placer de una forma o de otra y por suerte podía hablar de todo ello sin tabúes ni ningún tipo de barrera, con Olivier. Si querían probar algo tan solo tenían que pedirlo. No existía la vergüenza, ni tampoco los complejos entre ambos.
 
El Destino y ella nunca se habían llevado bien. Éste siempre se pasaba por su vida para darle una patada en el trasero y enviarla derecha al fango. A pesar de todo debía dar gracias por todas las coincidencias que surgieron en sus vidas y que los llevó a encontrarse y a conocerse. Porque no podría haber encontrado a un hombre mejor para ella que Olivier, a pesar de que en un primer momento y debido a sus prejuicios, hubiera visto mal su licantropía, en ese momento la adoraba. Le encantaba cuando cedía a ese lado salvaje suyo, gruñendo como un animal. ¡Dios, la volvía loca!
 
-Por desgracia entre los míos, sobre todo en aquellos que son religiosos, el sexo sigue siendo un gran tabú. –Comentó encogiéndose de hombros. La religión era la gran culpable de que se viera el sexo de una manera sucia y depravaba. Y todo ello dejando de lado la homosexualidad, porque para ello había que tomar otro libro igual de gordo que el primero. –No te haces una idea de cuantas veces me ha agarrado Jim para evitar partirle la cara a algún idiota que se atrevía a abrir la boca para decir algo sobre él.
 
Su amigo Jim no era dado a pelearse, prefería pasar del tema. Claro que ese no era su caso, ella se encendía con facilidad y explotaba como un cargamento de TNT, más aún si alguien les faltaba o agredía de cualquier modo a sus amigos. A Jim le gustaba exactamente lo mismo que a ella, aunque a primera vista pareciera de todo menos homosexual, por su forma de ser, de vestir y de hablar. En un principio creyó que ese pequeño detalle incomodaría a Olivier, como sucedía con muchos hombres. Claro que él le dio una grata sorpresa al verlo como algo normal y tratar de la misma manera a Jim. Al menos había dejado de sentir celos por él.
 
Cómo no iba a sonreír feliz con el hombre que la tenía fuertemente abrazada si parecía poder leer sus propios sentimientos con una sola mirada. Nadie sabía tanto sobre ella como él, nadie la conocía tan perfectamente como Olivier. Pero ella también conocía a su hombre.
 
-No te lo estoy echando en cara. –Le comunicó con una amplia sonrisa. –Me gustas así, con todo el pack. –Se había acostumbrado a los celos a veces desmedidos de su hombre y por desgracia había descubierto que ella también lo era. Con solo imaginarse a Olivier tocando a otra mujer sentía las ganas de elevar el labio superior para mostrar los dientes. –No todo lo bueno es perfecto. –Tener una memoria fotográfica tenía muchas ventajas pero no es oro todo lo que reluce, tenía su lado malo.
 
Cómo el hecho de recordar con todo lujo de detalles los momentos traumáticos, como el que le acababa de describir. Pero también podía disfrutar de un montón de recuerdos de su infancia que de otro modo habría perdido, como le sucedía a ella.
 
-Cualquiera come poco comparado contigo. –Añadió entre risas mirándolo a los ojos y sintiendo como entre sus cuerpos el miembro de Olivier crecía ligeramente presionándole el vientre.
 
Perfección, perfección y más perfección. Era lo único que tenía en mente cuando, al terminar de ponerse la camisa de Olivier, éste se levantó de la cama, mostrando ese maravilloso cuerpo que no podía evitar devorar con la mirada. Haciendo que los músculos de su espalda y de sus nalgas se tensaran y flexionaran con cada paso que daba.
 
Se había quedado embobada observando ese cuerpo de infarto hasta que salió del estupor al ponerse los pantalones. Pero quién podía culparla era pura fibra y músculo, una piel bronceada y suave, cubierta por preciosos tatuajes, los cuales adoraba. Claro qué el que más le gustaba era el poseía en las falanges de su mano izquierda.
 
Dio una exclamación y un pequeño bote cuando la cacheó en el trasero, girando el rostro hacia él con una mirada asesina fija en sus pupilas mientras la tomaba de la mano para ir hacia el piso inferior.
 
-Aún estoy a tiempo de cubrirme más. –Le comunicó cerrando los ojos al recibir el suave beso en el cuello.
 
Pero cuando estaban bajando las escaleras se soltó de su mano y saltó sobre su espalda, agarrándose a él rodeándose la cintura con las piernas, entrelazando los pies a la altura de su vientre y sujetándose a sus hombros antes de inclinarse sobre su cuello para hincar los dientes con fuerza, no una, sino dos veces.
 
-Vuelve a darme y la próxima vez te morderé tan fuerte que tendré tu sabor metálico en la lengua. –Lo amenazó en un susurro con los labios pegados a su oído.
 
Y como recordatorio le dio otro mordisco, pero al otro lado del cuello, agarrándose a sus pectorales a través de las uñas clavadas en la carne.

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 30, 2014 9:45 pm

—Huummm… gatita eso me pone más —murmuro con una ligera ronquera por la excitación que sube por mis venas como la espuma del champan recién descorchado—. Eres tan sexy muñeca —me muerdo el labio inferior mirándola fijamente, el deseo por mi mujer es muy poderoso y a la vez, muy sensible.

Ambos terminamos riéndonos por lo que decimos, divertidos por estos momentos distendidos y relajados tras haber hecho el amor no solo una vez, sino varias veces, es estimulante que mi hembra sea tan o más activa sexualmente que yo, que no tenga que medirme hasta la más mínima caricia porque no se me va a romper entre los brazos. Y es muy erótico también sensual poder hablar de todo cuanto nos guste, nos disguste, nos apetezca probar juntos, con mi mujer he descubierto sensaciones que nunca antes había padecido, más he hecho cosas que nunca creí que haría jamás, como las hicimos en nuestra despedida de solteros, no sé cómo se sentirían los demás en las suyas, la mía fue increíble.

—Sí lo sé, los he visto y mamá me contó cómo hace muchísimos años hacían aquellas cazas de brujas, pero lo peor de todo no es porque fuesen brujas de verdad sino porque sus creencias eran paganas y no profesaban las de su mismo dios, si nos descubrieran como raza lo primero que harían sería aniquilarnos —suspiro mirándola porque eso lo hacen ya muchos cazadores obcecados en destruirnos como si todos estuviésemos cortados por el mismo rasero y patrón, no todos somos bestias salvajes ávidas de sangre, al contrario, muchos vivimos vidas de lo más normales—. El ser humano siempre ha temido lo desconocido y es destructivo por naturaleza —Sonrío mimoso al decirme que muchas veces se ha tenido que contener por Jim, como si la viera—. Es una pena que haya personas tan obtusas de mente, la homosexualidad es algo natural y común entre especies, sólo el ser humano la ve como algo insólito, al menos Jim siempre tendrá una ferviente defensora mi pequeña guerrera —murmuro mirándola encandilado, es tan bonita, tan buena, que por pura inercia atraído por mi mujer y todo cuanto representa para mí me inclino para besarla con ternura.

Me la puedo imaginar perfectamente defendiendo a Jim, igual que una temible valkiria lanzándose de lleno a por aquel o aquellos que hubieran osado meterse con nuestro amigo con claras intenciones de dañarle. A veces es como una fuerte loba defendiendo a sus cachorros, en cambio otras veces, es como una leona, pero siempre es una mujer fuerte, que no se amilana ante la adversidad, tan valiente que pondría al mismo diablo de cara a la pared con un cucurucho de papel sobre la cabeza con orejas de asno.

—Ya lo sé cariño, sé que no me lo estas reprochando —respondo cariñoso mirándola de la misma forma, sintiéndome pleno y pletórico, me gusta mucho saber de su boca que le gusto, me siento aceptado con todos mis más y mis menos, sin rebajarme en absoluto por ello—. Tú también me gustas, mucho, muchísimo, todo —sonrío mimoso—. No hay nada perfecto aunque cuando te miro tú lo eres para mí gatita —nos entendíamos, no siempre estábamos de acuerdo en todo pero lo respetábamos, habíamos tenido nuestras broncas, más por malentendidos que por otra causa, de todas esas veces que discutimos dejándonos llevar por nuestros caracteres fuertes y dominantes, supimos ceder, perdonar y seguir adelante aprendiendo del error para que no volviera a afectarnos.

Eso me fascina, el saber que aunque podamos tener momentos malos por habernos enfadado u ofuscado, íbamos a saber solucionarlo entre los dos, haciendo lo que fuese mejor para ambos sin dejarnos arrastrar por los egoísmos personales.

—Es verdad —me río divertido cuando me dice que cualquiera come poco a mi lado.

No es que devorara la comida como si fuese un saco sin fondo, pero sí que tenía buen apetito y no me conformaba con poca cosa para saciarlo.

Mi golfa sonrisa se ensancha en mi boca cuando mi hembra exclama y da un saltito ante la cachetada que le acabo de dar, me mira fulminante y eso provoca que sonría más ampliamente si cabe.

—Que cachondo me pones cariño —murmuro ante esos ojos aniquiladores que me excitan sin remedio—. Ni se te ocurra cubrirte más —acoto con seriedad como si fuese de vital importancia.

Me pilla de improviso cuando mi mujer se sube a mi espalda, sonrío girando mi rostro para mirarla de medio lado por encima del hombro, mientras la sujeto pasando mis brazos por detrás y bajo sus muslos enroscados a mi cintura.

Jadeo ante sus mordiscos, estremeciéndome por entero ante sus uñas clavadas en mi pecho, ante sus palabras y su nuevo mordisco esta vez con más brío.

—Como sigas así voy a terminar subiéndote a la encimera para follarte como un salvaje —gruño excitado, porque su forma de morderme para mí es como un marcaje y en vez de causarme dolor, lo que me causa es un intenso placer.

Cuando llegamos a la cocina me giro hacia la encimera para que se quede sentada sobre la misma, me vuelvo para mirarla de frente haciéndome un espacio entre sus muslos, apoyo ambas manos a cada costado de sus piernas, cual depredador ante su presa me inclino para besarla fogoso, una de mis manos se desliza por su muslo, la rodea por la cintura hasta atraerla hacia mi entrepierna.

—Creo que voy a pasar del bistec y voy a devorarte lentamente —murmuro en sus labios separándome para mirarla con cara de gamberro, notando como Wraith se ha acercado hasta la cocina meneando la cola, esperando por ver si va a haber comida de por medio y le puede caer algo.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 31, 2014 6:00 am

Ante su voz ronca teñida de deseo, ella le devolvió una sonrisa acorde con la excitación que otorgaba la simple idea. Fijó sus ojos en cómo se mordía el labio e inconscientemente realizó el mismo gesto, mordiéndose el suyo. Adoraba sentir deseada por su hombre hasta el punto de poder hacerle perder la cabeza por el deseo.
 
Siempre había suscitado miradas, siempre había logrado que los hombres giraran la cabeza para mirarla a ella, incluso mientras éstos estaban con sus parejas, de las cuales solían recibir algún golpe. Pero esas miradas que le dedicaban nada tenían que ver con las que Olivier le hacía sentir cuando posaba sus ojos en ella. Los demás solo veían su cuerpo, él la veía entera, tal cual era y esas miradas la llenaban de excitación.
 
-Por desgracia, la mayor parte de religiones actuales son sumamente destructivas con el ser humano, a pesar de que entre sus sagrados mandamientos esté prohibido matar. –Ese era uno de los motivos por los cuales no creía en Dios, ni abrazaba ninguna religión. Esa y que no creía que este existiera, o si lo hacía era tan cabrón por permitir lo que les sucedió a sus hermanos que no merecía ni sus rezos ni su atención. –En realidad, lo primero que haría si se os descubriera, a parte del caos que ello generaría entre los humanos, los gobiernos os cazarían y os meterían en jaulas para poder investigaros. –El ser humano, cuando descubría una nueva raza, en vez de limitarse a observar, a cuidarla, lo que hacía era capturarla para realizar los experimentos precisos, aunque ello significase torturar y matar a dicha nueva criatura. –Damos por hecho que todo lo que no entendemos o conocemos es peligroso y por lo tanto es mejor destruirlo antes de que pueda suceder algo.
 
A pesar que le los defendía con su propia vida y con un alto coste físico, no estaba demasiado orgullosa de su propia raza. Había humanos capaces de destruir a su propia familia por un poco de poder.
 
-Por desgracia no es el ser humano quien ve mal la homosexualidad, son la mentalidad religiosa que tenemos y que nos inculcan desde niños a cada esquina. Tanto el catolicismo, como el cristianismo, el musulmán, todas son iguales. –Comenta con un suspiro sentido. –Sin embargo en la antigüedad, los griegos venían la homosexualidad como algo aceptado a ojos de todos, se casaban con alguien del sexo opuesto para poder tener hijos, pero tenían amantes de ambos sexos. –Ella había leído mucho sobre las épocas antiguas, le encantaban igual que sus mitologías. –Sé que tú también lo defenderás.
 
Lo normal era que Jim acabara sujetándola de la cintura para evitar que moliera a golpes a los listillos con la lengua demasiado larga para mantener la boca cerrada y el cerebro demasiado pequeño como para que pudieran llegar a pensar. Pero sus amigos ahora eran de ambos, el grupo había aceptado a Olivier como si este llevara con ellos desde el principio de los tiempos y sabía que él los tenía en la misma estima.
 
-No creo ni que me acerque al término “perfecta”. –Comentó con una sonrisa cálida mirando sus preciosos ojos verdes.
 
En ningún aspecto era así. Físicamente poseía cuatro cicatrices que le decoraban el vientre, dando una fealdad a esa parte del cuerpo imposible de borrar. Psicológicamente… psicológicamente estaba bastante dañada como para poder acabar en un manicomio con camisa de fuerza incluida. Tenía un carácter explosivo, con una paciencia limitada, era agresiva y destructiva y cuando se obcecaba no reconocía ni el color azul. Todo ello sin incluir a su lado oscuro que aguardaba a poder salir y hacerse con el control fuera de las cacerías.
 
Olivier, por el contrario era lo opuesto a ella. Casi siempre mantenía las formas, con una paciencia infinita, con un dominio del lobo que habitaba en él. Sin una cicatriz en su magnífico cuerpo. Perfecto.
 
Pero despejó la mente para unirse a las risas de Olivier, para disfrutar y divertirse con él. Ella comía poco, mientras que su hombre comía mucho, pero también estaba que su metabolismo tan acelerado como para cicatrizar heridas a una velocidad supersónica, precisaba de una mayor aportación de energía.
 
-Creo que me pondré un cinturón de castidad. –Comentó con los ojos entrecerrados mirándolo cómo pasaba de esa expresión gamberra y juguetona a ponerse serio. –Y después me pondré un vestido que va desde el cuello hasta las muñecas y hasta los tobillos. Y debajo mayas. –Añadió con la misma expresión seria, como si lo dijera en serio.
 
Sería incapaz de vestir de esa manera. Ella, que hasta en pleno invierno llevaba minifaldas que tapaban lo justo para dejar vagar la imaginación del sexo masculino. No, sería incapaz de llevar semejantes prendas.
 
Podía sentir las grandes y cálidas manos de Olivier sosteniéndola por los muslos, mandando centenares de descargas eléctricas por su cuerpo mientras le mordía el cuello con intensidad. Pero fue su jadeo la que la hizo vibrar por dentro, el que llamó a la puerta de su deseo una vez más.
 
Sintió un intenso cosquilleo en su bajo vientre ante las palabras gruñidas de su hombre. Que Lucifer se apiadara de ella porque volvía a estar excitada. Se inclinó de nuevo hacia su oído para susurrarle: -¿Y si es lo que quiero?
 
Afloja el agarre al cual somete a Olivier cuando se gira para dejarla sentada sobre la encimera antes de volver a voltearse para que quedasen frente a frente. Gimió cuando, como un animal, se lanzó a besarla. En cuanto sus labios volvieron a la carga, dejando a un lado los mimos, su sexo volvió a palpitar, humedeciéndose una vez más al sentir la mano de Olivier por el muslo hasta que la hizo desplazarse hacia el borde de la encimera, contra su miembro.
 
Lo miró con una sonrisa cuando se separó, de nuevo con la respiración alterada por la intensidad del beso. Posó las manos sobre su duro estómago y las fue desplazando hacia los riñones mientras su sonrisa juguetona se ensanchaba más y más. Al llegar a la espalda fue descendiendo hasta introducirlas por debajo del elástico del pantalón.
 
-No me interesa la lentitud. –Murmuró antes de clavarle las uñas en ambas nalgas, empujándolo contra ella, haciendo que sus sexos se rozaran más y se apoderó de su boca.
 
Con pasión, con salvajismo lo besó, gimiendo contra sus labios antes de introducir la lengua en busca de la suya mientras le apretaba el trasero. Se separó lo justo para mordisquearle el labio inferior antes de volver a besarlo.
 
Pero se separó de él, sacó las manos del pantalón y le dio una cachetada mientras le sonreía, justo antes de empujarle con una mano para bajarse de la encimera de un salto, alejándose de él mientras intentaba que sus labios no la traicionaran.
 
-Venga, vamos a hacerte la cena. –Comentó, pero su voz salió teñida con todo el deseo que la estaba consumiendo como un fuego consume el bosque.
 
Tenía las pulsaciones aceleradas, su pecho subía y bajaba rápidamente y su sexo, húmedo, palpitaba en deseo.

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 31, 2014 7:46 am

Dioses su excitación es como un reclamo para mí, ese olor de sus feromonas activadas secretando ese sutil aroma para el olfato de un humano, provoca en mí que quiera tomarla, que quiera hacerla mía como si nunca antes nos hubiésemos acostado juntos.

Miro su boca mordiéndose el labio inferior, esa imagen es jodidamente sensual, me relamo pensando en sus labios, en probarlos de nuevo, en fundirme en ellos, en lamerlos, en mordisquearlos, joder cómo los deseo.

—La religión ha sido creada para tener a las masas humanas controladas, antes era mediante la apología del miedo por un dios castigador, ahora es por la condena del infierno —el convivir tantos años entre humanos y haber nacido en una época un tanto represiva, me había concedido el beneficio del conocimiento del medio en el cual me muevo, asimismo, mi madre y los demás integrantes de la manada, nos han transmitido infinidad de conocimientos que se van pasando de generación en generación. Lo que me recuerda algo que le dije que haría en su momento pero que aún no he llevado a cabo, pedirle a mi madre sus diarios para que mi hembra pueda leerlos, no creo que tenga ningún reparo en dejárselos, ahora es también su hija—. Nos utilizarían como conejos de indias, siempre he pensado que las grandes empresas de cosméticos se frotarían las manos si consiguieran sintetizar nuestro sistema regenerativo, y las farmacéuticas se echarían las manos a la cabeza si alguien lo sintetizara para paliar todas las enfermedades humanas —ya es un hecho que nuestra saliva tiene propiedades cicatrizantes y antisépticas aunque no a un nivel tal como para curar heridas en cuestión de minutos, más bien actúa como cualquier antiséptico local—. Está en vuestro instinto, aunque no sé por qué la naturaleza os dotó con esta singularidad, sois la única especie que no es activa al cien por cien en el ciclo natural de la vida, al contrario, estáis fuera de ese ciclo y provocáis grandes desastres en cualquier ecosistema —la miro con ternura—, en cambio otras veces sois capaces de crear cosas tan increíbles que parece mentira que tanto destrucción y creación vayan juntas de vuestra mano.

Como raza, la humanidad era fascinante, con todos sus más y con todos sus menos.

—Mamá nos enseñó que la religión es geográfica, a nosotros nos tocó aprender los dogmas básicos del cristianismo porque en la escuela era algo obligatorio —no nos pudimos librar de ello, a mi me gustaba en el sentido que me servía para entender un poco más a la raza con la cual compartía muchas similitudes físicas, tanto mis padres biológicos como Reva nos educaron bajo los estándares de la licantropía, fuimos humanos sí, pero nuestros instintos estaba ahí latentes aguardando entre las sombras a poder ver la luz del día—, teníamos hasta un acta bautismal falsificada, supongo que aún la conservará entre todos sus papeles —comento pensativo durante unos segundos para después seguir escuchando a mi hembra, asintiendo a sus palabras—. En los romanos estaba mal visto que el amo fuese el penetrado, pero en cambio era legítimo que pudiese hacerlo con sus esclavos al margen de su género, su rol debía ser activo y nunca sumiso por ser el pater familias —también me gusta la historia de la humanidad no solo la de los licántropos, no soy un lector compulsivo pero si es cierto que no solo me he interesado por la carrera de veterinaria, soy autodidacta y saber muchas cosas sobre los humanos me ha llevado a entenderlos y a desenvolverme entre ellos, igualmente para evolucionar con el paso de los años sin quedarme estancado en mi época—. Sabes que sí gatita, nunca permitiría que nadie se burlara de Jim o pretendiera hacerle daño.

Cómo no va a ser perfecta para mí si es mi mujer, es perfecta porque yo la veo así, porque todas sus imperfecciones y virtudes la hacen ser como es y me fascina, me atrae y me gusta. La he visto en sus peores momentos, en vez de sentir miedo y tener tentaciones de apartarme, ha sido al contrario, eso me ha espoleado aún más para seguir juntos para estar ahí por y para mi hembra, para luchar por nosotros hasta el último aliento que mis pulmones sean capaces de albergar, nunca voy a rendirme, jamás voy a abandonarla, bajo ningún concepto por muy crudo que pueda ponérsenos el destino.

—Para mí lo eres gatita —murmuro entre mimoso y cariñoso.

Quizá otro se espantase, pero no era yo, al igual que mi mujer tengo mis defectos y mis virtudes, soy cabezota, me lanzo de pleno como crea tener razón, puedo ser muy incisivo si pierdo los estribos.

—No me engañas cariño, por muy seria que te quieras mostrar sé que nunca te pondrías esa ropa, no es tu estilo, es como si te dijese que voy a ponerme polos, pantalones de pinzas o a cuadros y mocasines con calcetines blancos —no puedo evitar descojonarme ante esta versión de mi mismo que nunca sería posible, tengo un estilo muy definido en cuanto a ropa se refiere y precisamente no es que tenga mucha, voy comprando sobre la marcha cuando no me queda más remedio.

Su voz susurrada en mi oído me incita, me estimula y me enciende igual que si fuese una pira.

—Si es lo que quieres lo tendrás muñeca, no pienso dejarte con las ganas —murmuro ronco con los ojos cerrados durante una fracción de segundo por el intenso mordisco que acaba de darme y me ha hecho estremecer de deseo.

Jamás dejaría insatisfecha a mi hembra.

Tener a mi mujer así es como si todas mis fantasías se hubiesen concentrado en este instante, en este momento en que estoy atrapado placenteramente entre sus muslos, besándola como si mi boca fuese de fuego y mi lengua una llamarada ardiente introduciéndose entre sus labios, mientras mis manos a cada lado de los costados de sus nalgas ríos de lava que se deshacen ante su tacto como de seda.

Jadeo ante sus manos acariciándome el vientre, deslizándose hacia mi espalda.

—Dios gatita te deseo como loco —gruño excitado ante sus palabras, ante su forma de colar sus manitas entre mis pantalones y clavarme las uñas en el trasero, besándome de esta manera que provoca que mi razón se esfume de mi cabeza.

No puedo pensar, sólo deseo y siento.

Sin embargo de pronto me separa, cachea mi trasero y me deja aquí mirándola con cara de bobo con un empalme digno, siguiéndola con la mirada mientras inspiro su rastro igual que un depredador acechante ante su presa.

Sin más preámbulos me acerco por detrás de mi hembra, la rodeo con un antebrazo a la altura de su vientre, ajustando sus nalgas contra mi entrepierna, mi miembro vibra anhelando a su otra mitad que la complementa en todos los aspectos, mi rostro se hunde entre sus cabellos a la altura de su nuca, inspiro con profusión, su olor se acentúa, gruño mientras mi otra mano la coge por la muñeca apoyando su mano contra la encimera contraria.

—No… —digo feroz, gruñendo sin control, soltándola del agarre de mi antebrazo para sujetar su otra muñeca haciéndola apoyar la otra mano—. Quiero cenarte a ti —murmuro grave y vibrante como el motor de un vehículo—. Y quiero follarte —muevo mi cabeza para hundir mi rostro en el costado de su cuello, beso su piel, la acaricio con mi aliento entrecortado justo antes de empezar a mordisquearla excitado.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Mar Abr 01, 2014 6:43 am

Daba igual cuanto tiempo pasaran juntos, cuantas veces jugaran entre las sábanas, porque el deseo que sentía el uno por el otro no se consumía jamás. En ciertos momentos menguaba, en otros momentos se avivaba con la rapidez de un fuego al verterle combustible, pero nunca se extinguía. Y en ese momento se volvía a vivificar.
 
-Siempre ha habido religiones y creencias místicas que guiaban a los humanos. Incluso los nativos americanos, cuyos dioses eran los espíritus de la tierra y los animales o la Wicca, que hablaba de brujería y hechicería. Al final, el ser humano necesita creer en algo superior, algo que le dé sentido a la vida, algo que responda a los grandes porqués que no tienen respuesta o que somos lo bastante ignorantes o vagos para poder hallarla. –El ser humano siempre había sido temeroso de aquello que no entendía y necesitaban un poder al cual culpar y agradecer todo lo que escapaba a su escasa comprensión de las cosas. –Creo que en su día dijimos, que harían con vosotros crema de baba de licántropo. –Comentó entre risas, aunque sabía que era cierto. El ser humano no estaba preparado para descubrir la existencia de los seres sobrenaturales. La mitad de la humanidad tendría pánico y provocarían el caos. La otra mitad los utilizaría para enriquecerse y lograr poder. Era triste, pero era la realidad. –Somos las dos caras de la misma moneda. La maldad y la bondad nacen en equilibro en nosotros, pero acabamos eligiendo un lado u otro. El problema viene en que por la forma que está montado el mundo, ceder al lado destructivo es más sencillo que luchar por lograr cosas buenas.  
 
En la sociedad actual, el mal daba un poder que no lo otorgaba el ser justos y bondadosos, y todo es sistema estaba basado en el poder y el dinero. Sin ambas podías morir de hambre sin que nadie se parara a mirar siquiera.
 
-Madre creía en Dios y también Vicky, a mí me bautizaron de pequeña. Ahora, donde están esos papeles, vete tú a saber. –Claro que su madre dejó de ir a la iglesia cuando empezó a beber. Aun así, cuando su hermana no tenía que trabajar la arrastraba a ella siempre que Nick no la convenciera para que se quedara con él a jugar. Su hermano tampoco había creído en un poder superior que manejara sus vidas. Cada uno era responsable de sus propias decisiones y actos. –Los romanos eran muy depravados. –Comentó tras escuchar atentamente la explicación de Olivier. –Les encantaba la vejación y la sodomía para con sus esclavos. –Ni que decir con las mujeres. La gran mayoría de las culturas habían degradado tanto al sexo femenino que se había convertido en simples objetos para saciar apetitos. –Lo sé. –Añadió con una gran sonrisa.
 
Sabía que lo defendería que no permitiría que hirieran a sus amigos de ninguna manera. Olivier tenía un corazón tan grande que no le entraba en el pecho. Cómo no iba a estar loca por él. Era tan bueno que no parecía real. Era un gran hombre, un estupendo luchador y un novio maravilloso. Solo había que ver cómo miraba a Gina para saber que era un padre fantástico y esperaba poder estar junto a él el resto de su vida.
 
No dice nada a sus palabras, tan solo niega con la cabeza y una gran sonrisa en los labios.
 
Si en verdad la veía perfecta era que estaba más loco de lo que había imaginado. Pero a pesar de todo le gustaba que pensara así de ella, la hacía sentirse querida en el único ámbito de la vida en el cual era insegura. Su hombre era perfecto hasta para quitarle parte de sus miedos.
 
Se ríe cuando le dice que no le engaña en cuanto a cambiar de estilo de ropa se refería. Desde luego que no era su estilo y dudaba que algún día llegara a serlo. Pero la risa se esfumó hasta que su rostro formó una mueca de desagrado.
 
-¡Oh, por el amor de Dios! Ni se te ocurra siquiera planteártelo. –Comentó espantada ante la imagen mental de Olivier ataviado con esas prendas. –Deja la ropa pija para los niños de papá. Tu a las cazadoras de cuero y botas de motero.
 
Quizás la gran mayoría de las personas que gozaran de la situación económica que ellos poseían sí que tenían tendencia a ese tipo de ropas, para querer dar a conocer a todo aquel con el que se cruzaran, que poseían un poder adquisitivo grande. Ella por el contrario no quería ni necesitaba demostrar nada y nunca le habían atraído ese tipo de gente. Aparentar no era algo que le agradase y prefería mil veces ver a un hombre con un vaquero rasgado y deshilachado a la altura de las rodillas que con unos pantalones de pinza. Eso no quitaba el hecho de que si la situación lo ameritaba pudieran vestirse más elegantes, pero sin alterar sus formas de ser.
 
Y Olivier había estado arrebatador esa noche con ese precioso traje blanco que resaltaba todas sus facetas. Casi la habían tenido que abanicar al verlo en mitad del claro.
 
Suelta una risa suave ante las palabras completamente roncas de Olivier. Desde luego que como siguieran por ese camino acabarían mal. O sumamente bien, dependiendo de por dónde se mirara.
 
Y desde luego, ese beso que parecía querer reducirlos a cenizas por la fogosidad del mismo era algo maravillosamente bueno. Sus labios se rozaban como si nunca se hubieran besado, como si hubieran paseado durante días por el desierto más inhóspito y la boca del otro fuera un oasis en el cual poder saciar su interminable sed.
 
-Demuéstralo. –Lo provocó antes de volver a apoderarse de sus labios, clavando las garras en la carne de sus nalgas.
 
Pero debían hacer algo más que revolcarse como conejos ¿no? No podía encontrar una respuesta para esa pregunta cuando solo sentía la piel cosquilleante por el deseo y su sexo palpitando expectante. Y los pocos pensamientos coherentes que pudieran surcar su cabeza desaparecieron de un plumazo en cuanto Olivier se le acercó por la espalda y la rodeó para pegarla a él, sintiendo su grande y endurecido miembro contra la parte baja de la espalda.
 
Su nariz, hundida en la nuca, le erizó la piel al notar como inspiraba con intensidad contra su cabello. Un escalofrío la recorrió ante el gruñido que emitió, agarrándola por la muñeca y apoyándola contra la encimera sin demasiado cuidado. Jadeó.
 
Sintió como se humedecía aún más ante la ferocidad que denotaban sus palabras, ante el gruñido que emitió más animal que hombre mientras le tomaba la otra muñeca y se la apoyaba también contra la encimera.
 
Estaba atrapada.
 
Tiró de las manos para soltarse, pero él la sujetaba con fuerza y gimió de gusto por ello. Pero el poco control que tenía sobre sí misma desapareció cómo si hubiera estañado antes sus palabras, ante la gravedad de la misma, como si su voz tuviera que atravesar las profundidades del planeta para poder salir a la luz.
 
Volvió a gemir cuando comenzó a morderla.
 
Se colocó de puntillas y se pegó aún más a él, tanto como le permitía es excitante agarre al que la estaba sometiendo, para frotar las nalgas contra su miembro, duro como el acero.
 
-Dios Olivier. –Murmuro presa del deseo más primitivo. –Fóllame. –Pidió entre gemidos.
 
La sujetaba de manera que apenas si podía moverse, tan solo frotarse contra su miembro mientras gemía y jadeaba.

 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Mar Abr 01, 2014 9:14 pm

Comparto al ciento por ciento la opinión de mi hembra respecto a este tema de la religión y cómo afecta a la humanidad, haciendo de ellos seres corruptos, ávidos de poder por unos simples trozos de papel timbrado al cual le habían dado x valor.

Si al menos se pudieran comer el dinero…

—Tú y yo somos luchadores natos, está en nuestros instintos y no te tengo por una persona malvada, al contrario, eres buena gatita, ni aún teniendo una inmensa fortuna has sucumbido a ella —cualquiera en su lugar habría usado el dinero para fines totalmente lucrativos, mirando únicamente por su ombligo, mi mujer no, ni tampoco había terminado siendo una persona sin un gramo de cerebro más preocupada por su físico y lo que estaba a la última moda, no era nada frívola y esto me encanta.

Somos sencillos, nada dados a las excentricidades, ambos preferimos disfrutar de nuestra compañía en casa comiendo palomitas viendo la tele a salir a cenar a un restaurante de cinco tenedores, donde para empezar seguramente no nos dejarían entrar por nuestra forma de vestir.

—Si quieres podemos recuperarlos, podemos pedir una copia de tu acta bautismal y de la de tus hermanos —comento mirándola con ternura, me gusta cuando me habla de su madre y sus hermanos, también sé que a mi hembra le hace bien el hacerlo. Asiento con sus palabras referentes a los romanos, eran auténticos bárbaros amparados por la tiranía de los dioses y la clase social, los esclavos siempre tenían las de perder, hoy en día las sociedades actuales siguen usando este sistema autocrático aunque algunos pretendan simularlo bajo las aras de una democracia. El mundo humano siempre funcionará de arriba hacia abajo aunque pretendan hacerles creer lo contrario.

Sus sonrisas calientan mi corazón y acarician mi alma, me quedo mirándola embelesado, alzo una mano para rozar su mejilla con las yemas de mis dedos, quedándome prendado de su expresión, es tan bonita, tan dulce.

Me descojono de la risa cuando su semblante se transforma ante esa especie de expresión de horror, sé de sobra que no le gustaría que vistiera así, a mí tampoco me gustaría, ni se me pasaría por la cabeza porque ni siquiera me sentiría cómodo con esa estampa, preferiría ir desnudo por la calle con mi natural traje de piel, músculos, tendones y huesos.

Todo lo que discurre a nuestro alrededor deja de existir, de pronto solo puedo ver y sentir a mi mujer por todas partes.
Estoy excitado y estoy deseoso igual que cuando salgo de caza acechando a una presa, sintiendo el mismo frenesí que siento por la carne y la sangre, solo que lo que deseo no es morderla para abatirla sino para colmarla de gozos y placeres.

—Vas a disfrutar muñeca —de esto no hay duda que ambos vamos a gozar como si nunca antes hubiéramos hecho el amor entre nosotros.

Su olor excitado se intensifica, mis labios le conceden diversos besos en su cuello como así mordiscos, se frota contra mi miembro, gruño jadeante aún sin soltar sus muñecas con sus manos apoyadas sobre la encimera, pese a la resistencia que me ofrece en un primer momento intentando zafarse, esto me espolea un poco más para arremeter con mayor brío apretándome contra sus nalgas.

El mero hecho de saber que está desnuda bajo mi camisa me enciende más, sumándosele su forma de pedirme que la folle, esto me vuelve completamente loco de deseo.
Suelto una de sus muñecas para meter la mano dentro de mi pantalón y liberar mi miembro al bajármelo un poco, después suelto su otra mano para con ambas manos deslizar la tela de la camisa hacia arriba, subiendo por sus muslos hasta sus nalgas que miro deseoso mordiéndome el labio inferior.

La cacheo sin miramientos, con la otra mano sostengo mi miembro, separo sus piernas con mis pies, con una mano la inclino hacia delante sobre la encimera, acomodo mi miembro en la entrada de su sexo y empujo suavemente deslizándome por sus entrañas.

Gruño con fiereza al quedar hundido por completo, la agarro por las caderas comenzando a embestirla. Estoy tan jodidamente caliente y excitado que voy a correrme en seguida, el clímax lo presiento ahí naciendo en mis pelotas, cosquilleándome en el vientre tensado, igual que el resto de mis músculos.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 02, 2014 3:55 am

Bondad y maldad, dos términos tan dispares pero que a la vez podían ir de la mano, porque incluso el ser humano más bondadoso era capaz de actos atroces si se veía obligado a ello. Quizás no por salvar su propia vida, pero si salvar la de otros.
 
-Hace años que cedí a la maldad. –Le comenta con una media sonrisa. –El diablo hace tiempo que me robó el alma y me espera con ella en el infierno. –Bromeó. Aunque la verdad no andaba muy alejada. Si en verdad existía el mundo de Lucifer sabía que acabaría allí encerrada con un pasaje VIP. No era que le importara en exceso ya que tampoco creía en el infierno. –Yo he nacido en un barrio podre, sin apenas dinero y durante bastante tiempo fui feliz. –Al menos hasta que Lisa murió y después Nick. –El dinero no tiene más valor que el dar un techo bajo el que dormir, calor para no pasar frío y comida para no morir de hambre. El resto son lujos de los que podría prescindir.
 
Quizás porque había vivido de la manera más humilde posible y a pesar de ello reía y se divertía, sabía que el dinero no daba la felicidad. Era necesario para sobrevivir, pero que el mundo de alguien girase en torno a la cantidad de dinero que tuviera no era algo bueno.
 
Siempre había sido una mujer sencilla, se gastaba el dinero en lo que era necesario y no en tonterías que no valían para nada. Podía pagar seis mil dólares por un arma, pero jamás tendría un cuadro o una estatua que costara semejante cantidad. ¿Para qué? Si no servían para nada. Disfrutaba más de un plato hecho en casa por su hombre, apreciando el momento y riendo a gusto juntos, que yendo a un lujoso restaurante donde tuvieran que susurrarse para que no les llamaran la atención. Por suerte, Olivier era de la misma opinión que ella.
 
-Gracias, pero la mía no me interesa. –Comentó encogiéndose de hombros. –Aunque la de mis hermanos sí que me gustaría tenerlas. –Cualquier cosa que fuera de su familia la quería, daba igual si era una foto perdida, un juguete maltrecho o un papelito religioso sin valor.
 
Sus ojos se cierran de manera automática ante el roce en la mejilla, inclinando el rostro para poder disfrutar mejor ce la caricia. Algo tan sencillo y sin embargo tan sentido.
 
Claro que acaban riendo por las bromas sobre la forma de vestir. Ambos tenían un estilo muy concreto y no deseaban cambiarlo. A ella le encantaba la forma de vestir de Olivier, siempre le habían atraído lo que coloquialmente se conocía como “macarra”. Adoraba nadar a contra corriente.
 
Pero sus pensamientos se nublan, su mente se vuelve espesa dando prioridad al cuerpo mientras se muerde el labio, perdida en las sensaciones que provocan las roncas palabras de Olivier, como si la llamase desde las profundidades de la misma tierra.
 
Jadeando ante el roce de sus labios y los pequeños pellizcos de sus dientes contra el cuello. Un gemido entrecortado escapa de sus labios cuando, al intentar soltarse de su firme agarre, se pega aún más contra ella, clavando su miembro contra las nalgas.

Cuando se ve liberada de uno de sus agarres, lleva la mano hacia atrás para hundir las uñas en la carne de la cadera, mientras que la otra la mantiene sobre la encimera, mirando por encima del hombro la expresión de su hombre cuando le alza la camisa.

 
Un sonido, mezcla entre un jadeo y un grito es expulsado de su garganta al sentir la fuerte cachetada, haciéndola hundir más las uñas, casi atravesando la piel con ellas, abriendo las piernas bajo su petición mientras que la mano de él sobre su nuca la obliga a inclinarse y pegar el pecho contra la encimera. Incluso a través de la tela podía notar la fría superficie, provocando que sus pezones se contrajeran hasta casi el límite del dolor.
 
Sintió como sus músculos internos se estiraban dejando paso a su miembro, ajustándose a su gran tamaño mientras centímetro a centímetro se hundía en ella. Gimió temblando mientras se agarraba al borde de la encimera cuando empezó a embestirla con fuerza, gruñendo como un animal desesperado.
 
-¡Mierda Olivier, no pares! –Gritó entre gemidos. Alzó una pierna hasta posarla sobre la encimera, dejándole más espacio, y elevo un poco más las caderas, haciendo la penetración más profunda. Lo podía notar como rozaba el cuello del útero. -¡Joder, sí! –Estaba a un paso de alcanzar el clímax.
 
Le clavó con más fuerza las uñas, apretándolo contra ella todo lo posible cuando sintió que sus músculos se tensaban que su bajo vientre se comprimía alrededor de su miembro. Gimió y gritó mientras la azotaba al mayor de los gozos.
 
-Olivier… -Jadeo, debilitada y temblando como una hoja en otoño.
 
Tenía la respiración alterada, haciendo que sus pechos se comprimieran más y más contra la encimera que ahora parecía arder bajo su cuerpo, las piernas perecían incapaces de sostener su propio peso y sentía el rápido latir del corazón. Se había quedado sin energías.


 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 02, 2014 7:00 am

—Siento decirte gatita que el diablo no tiene tu alma a partir de esta noche —murmuro mimoso mirándola como si tuviese delante de mis ojos a una divinidad caída del cielo—, te has entregado a mí, tú alma me pertenece —así como yo me había entregado a mi hembra y mi alma le pertenecía, no podía tener otra dueña y señora más que mi mujer—. Lo sé gatita —sé muy bien cómo han sido sus orígenes y su infancia mientras estuvo con su familia, a pesar de todas las carencias también sé que fue feliz y eso me conmueve, también me satisface.

Me gusta tener cosas en común con mi hembra, como también que tengamos diferencias. Ambos podíamos gastarnos cifras indecentes de dinero pero para cosas útiles, que más servirían en beneficio de aquellos a quienes queremos que en el propio, ninguno somos derrochadores, sabemos muy bien lo que cuesta conseguir unos cientos de dólares, como también lo rápido que se esfuman si no tienes un mínimo de control sobre el dinero.

Podíamos gastarnos una cantidad desorbitada para hacer una cena con nuestros amigos en casa, pero preferíamos comprar un carro de pizzas y cervezas que les gustaría más que si los agasajáramos con langostas y caviar. De hecho estoy seguro de que nos mirarían con caras raras por ello.

—Las pediremos gatita y tendrás las partidas de nacimiento de tus hermanos —no era algo imposible, al contrario, no era más que simple burocracia, solamente tendríamos que solicitarlas en la iglesia correspondiente para que nos facilitaran unos duplicados.

Sonrío al ver su expresión cuando acaricio su rostro, la forma que tiene de inclinarse hacia mi mano, es tan bonita y estoy tan enamorado de mi mujer que me duele el pecho de tanto deleite y amor por ella.

Estoy en el límite de mi excitación, oírla gemir, jadear e incluso gritar de placer es como si un potente cañonazo me alcanzara y activara todos mis sentidos, hasta aquellos que están adormecidos se despiertan ante mi mujer. Plenamente receptivo, sintiendo cada roce, por mínimo que sea como si fuese un fogonazo intenso.

Sus uñas se clavan en mi cadera, me espolea sin remedio, un gruñido salvaje sale de lo más profundo de mis pulmones, echo la cabeza hacia atrás, cierro los ojos y el placer se acentúa aún más.

Al volver a abrirlos y mirar hacia mi hembra, contemplo la huella enrojecida que he dejado en su nalga al cachearla con fuerza, sin control ni medida, me muerdo la boca sin cesar de embestirla, feroz, no puedo dominarme cuando me pide que no pare.

Un jadeo renqueante se escapa de entre mis labios, se le suma un gemido prácticamente aullado al notar como mi cuerpo se suma al intenso gozo, el mismo que mi hembra está sintiendo ahora mismo.

Alza una pierna, la penetración se hace mucho más profunda, más sentida, estoy a un paso de alcanzar el orgasmo, empujo con fuerza, sus uñas se me hincan un poco más, gimo, gruño, jadeo, respiro entrecortado, ni siquiera puedo pensar en nada, sólo veo como mi miembro entra y sale del cuerpo de mi mujer, abriéndose camino entre la brecha natural de su sexo, brillante de su excitación, enrojecido e inflamado por todo el gozo que nos hemos dispensado en esta noche tan especial.

Me quedo estático y anclado cuando el clímax comienza a azotar cada célula de mi sistema nervioso, notando como mi hembra también sucumbe a este estado, su intimidad me comprime haciéndome sentir un placer aún mayor, jadeando en su oído me he inclinado hacia delante eyaculando en sus entrañas.

—Te amo gatita —gimo enronquecido dando los últimos coletazos que el intenso orgasmo me hace sentir nada más escuchar mi nombre en sus labios, jadeando de esta forma la siento debilitada al notar cómo tiembla.

Por unos instantes mis rodillas parecen de gelatina, en seguida recupero el brío, que no así el ritmo respiratorio, mi corazón martilla mi pecho con muchísima fuerza, respiro copioso ligeramente tendido sobre mi hembra.

—Voy a cogerte —murmuro al separarme de mi mujer, saliendo de sus entrañas gimo sentido, extremadamente sensible, subo mis pantalones y sujetándola al incorporarla de la encimera la termino cogiendo en volandas acercándola hasta uno de los taburetes para sentarla cuidadoso—, ni se te ocurra moverte de aquí, voy a prepararte algo nutritivo, necesitamos reponer energías —beso con ternura sus labios y esbozo una sonrisa completamente dichoso.

En seguida me dispongo a sacar los ingredientes necesarios de la nevera para preparar la cena, nada estrafalario más bien sencillo, pero no por ello es menos nutritivo, la carne chisporrotea en la sartén cuando la echo para freír, en otra estoy friendo los pimientos mientras tanto en la freidora las patatas que he cortado en tiras, mientras se cocina la comida, dispongo los platos y los cubiertos, igualmente los vasos con agua fresca.

En un momento dado la miro y vuelvo a sonreír, abrazo la plenitud por completo, hoy está siendo el día más feliz de toda mi existencia.

Si hace un año nos hubiesen dicho que a la vuelta de ese callejón donde nos topamos estaría el amor de nuestras vidas no habríamos dado crédito, nos habríamos descojonado.

La comida no tarda excesivo tiempo en estar preparada, tras unos minutos, sirvo todo en dos platos, un bistec para cada uno con su guarnición de pimientos y patatas fritas, sé que mi mujer no come mucho, pero no me importa, lo que sobre Wraith terminará dando buena cuenta de ello, de hecho no se ha separado de mi lado en ningún momento.

—Está que echa chispas —comento sentándome a su lado cuando dejo los platos sobre la encimera, es evidente que está caliente ya que está recién sacado de la sartén. Miro a Wraith sentado a nuestros pies, barriendo el suelo con la cola nos mira sin perder detalle—. Quema mucho gordito, espera un poco —le digo soplando el primer trozo del bistec que he partido con intenciones de dárselo.

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 02, 2014 9:56 pm

-¿Vas a bajar a reclamársela a Lucifer? –Murmura mimosa. –Todo es tuyo, Olivier. –Todo era lo que le había entregado esa noche. Todo lo que era y lo que podría llegar a ser algún día. Su presente y su futuro le pertenecían únicamente a él.
 
Esboza una sonrisa cuando dice que lo sabe. Es el único que posee esos conocimientos, el único conocedor de su pasado. Nunca había hablado de sus hermanos, ni de su infancia hasta que él llegó a su vida. Y fue toda una bendición poder contarle a alguien sus vivencias, de esa manera los sentía más vivos.
 
Con Olivier había experimentado muchas primeras veces. No había sido su primer amante, ni mucho menos. Pero aun así había muchas cosas que solo había compartido con él.
 
-Gracias. –Murmura ensanchando la sonrisa.
 
Nunca se le había ocurrido buscar esos papeles. Tendrían que ir a la iglesia del barrio y esperaba que tuvieran esos documentos porque siendo como era el Bronx no le extrañaba que hubieran sido robados o incluso quemados en algún momento.
 
Aunque en ese instante no podía pensar en nada, solo sentir, sentirlo gruñir a su espalda como una bestia enjaulada, arremetiendo contra ella sin piedad, dándole inmensos empujones para llevarla hacia un intenso y descomunal orgasmo.
 
Cuando suelta ese gemido, que casi parecía un aullido, de sus labios escapa un grito de gozo dejándose llevar por el clímax. Había perdido la cuenta de cuantas veces habían hecho el amor esa noche y aun así bastaba unos segundos para volver a hacerla perder la cabeza.
 
Siente que las atravesando la piel de la cadera de Olivier mientras le pide más, jadeando y gruñendo cuando alza la pierna y lo siente en lo más hondo de su cuerpo. Está tan hendido en sus entrañas que mientras a ella la domina su propio clímax, puede notar cada sacudida de su miembro mientras eyacula, escuchando los jadeos contra su oído.
 
Se mordió el labio, temblando de los pies a la cabeza al oírle decir que la ama. Ella intentaba calmar la respiración, derrengada contra la encimera, sin fuerzas para nada salvo para poder llenar los pulmones con aire.
 
No puede hacer otra cosa que asentir cuando dice que va a cogerla, ella no se podría ni mover. Otro gemido escapó de sus labios cuando salió de su cuerpo haciéndola de nuevo temblar por lo sensibilizado que tenía el cuerpo. La camiseta cayó cuando se separó de ella justo antes de cogerla en vilo para dejarla sobre el taburete.
 
-Señor, sí señor. –Dijo haciendo un gesto militar, aunque débilmente por la falta de fuerzas, cuando le advierte que no se mueva.
 
Lo mira preparando la comida, moviéndose en el taburete hasta terminar ligeramente ladeada. El sexo se escocía y seguramente estuviera irritado por la sesión maratoniana de placer y orgasmos que habían tenido esa noche. ¿Noche de bodas en un hotel de lujo? Mucho mejor su casa.
 
Cruzó los brazos sobre la mesa y poyó la mejilla sobre ellos, recostada mientras observaba a su hombre cocinar. Los párpados le pesaban por el cansancio, sus fuerzas no se reponían con tanta facilidad como las de él. Se mordió el labio al recorrerlo con la mirada adormilada.
 
Había sido un día largo y difícil para ella, pero al final todo había acabado bien. Levantó la cabeza un poco para mirar su nuevo anillo antes de volver a recostarse. Su hombre siempre intentaba cuidar de ella y como no lo dejaba acompañarla en las cacerías había movido cielo y tierra para encontrar algo que sí la protegería. ¿Cómo no iba a quererlo? ¿Cómo no iba a latir su corazón exclusivamente para él?
 
Se había convertido en todo lo que necesitaba para encontrar esa nueva felicidad que solo había conocido con él junto a ella. Y ahora que la había probado no deseaba soltarla jamás.
 
Se incorpora cuando deja el plato delante de ella, un plato enorme repleto de comida. Gira el rostro para mirarlo con una ceja alzada mientras le sonríe.
 
-Espero que no pienses que me lo voy a comer todo. –Comenta mirando el gigantesco plato. –Te vas a poner las botas Wraith. –Su voz era cansada, porque estaba agotada.
 
Cada orgasmo le quitaba buena parte de energía y sin haber comido ni dormido el día anterior andaba algo escasa. Tomó los cubiertos y cortó un pedazo de carne, el cual sopló antes de llevárselo a la boca.
 
-Mmmm. –Murmuró mientras lo masticaba. –Está buenísimo. –Añadió al tragar el pedazo de carne. Necesitaba reponer energías o se quedaría dormida sobre la mesa.
 
Se inclinó ligeramente hasta apoyar la cabeza sobre el hombro de Olivier, sintiéndolo mientras comían y disfrutaban del momento. Intentó volver a acomodar el cuerpo sobre el taburete para no rozar su sexo.
 
-Creo que voy a dormir durante doce horas. –Añadió dando un último bocado al plato. Había sobrado casi la mitad. 

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

Mensaje por Invitado el Jue Abr 03, 2014 12:38 am

—Por ti iría al infierno y me cobraría la cabeza del mismísimo demonio si hiciese falta —murmuro grave mirándola con ternura—. Es nuestro gatita, todo es nuestro —porque no podía ser de otra manera más que de los dos, nos pertenecíamos el uno al otro y eso sería así por siempre, ni siquiera la muerte iba a poder llevarse lo que sentimos y estoy convencido de que aún muertos estaríamos juntos en la otra vida.

Su sonrisa me hace sonreír con amplitud, me gusta saberlo todo acerca de mi mujer, aunque lo referente a los hombres que han pasado por sus sábanas prefiero no saberlo, al menos no con detalles, sin embargo, todo lo que tiene que ver con mi hembra y su familia me gusta conocerlo, sobre todo me gusta escucharla contándome viejas anécdotas con sus hermanos, la veo tan feliz cuando lo hace que no quiero que pierda nunca ese sentimiento, esa sensación de paz y bienestar que puedo ver en su expresión cuando refiere a su familia antes de que ocurriese la tragedia en su corta vida.

—No tienes que dármelas cariño, iremos a la iglesia donde bautizaron a tus hermanos y pediremos unos duplicados, si no tienen sus actas bautismales en el archivo quizá haya que esperar un poco porque tendrán que pedirlas al archivo central —tardaran lo que tardaran iba a tener las actas en su haber como me llamo Olivier.

Varios hilillos de sangre se resbalan por mi muslo desde la cadera al clavar mi mujer sus uñas en mi carne y atravesarla, esa sensación de dolor se convierte en un placer instantáneo al tener un potente orgasmo que casi me deja sin fuerzas, aunque me recupero en seguida de esta sensación de estar falto de energías.

No obstante mi hembra no, va a necesitar no solo la cena que he preparado sino unas buenas horas de descanso para recuperar completamente todas sus energías.

—Así me gusta gatita —bromeo divertido ante su frase más propia de un militar por haberle dicho que no mueva ni un solo músculo.

La miro enternecido en un momento dado al ver cómo se está quedado adormilada, por suerte no tardo mucho en preparar la cena sino me temo que tras haber recostado la cabeza sobre sus brazos apoyados en la encimera habría terminado quedándose dormida.

Wraith se come en un visto y no visto el pedazo de carne que le he dado ya templado para que no se queme la boca, mirándome de nuevo con esos ojitos que se le ponen cuando quiere comida.

—Eres un tragón gordito —le digo cariñoso—. Ya sé que no vas a comértelo todo muñeca —respondo volviéndome hacia mi mujer para darle un beso en la coronilla por recostar su cabeza contra mi hombro—, Wraith ya está impaciente porque le demos las sobras.

Me percato de la forma que tiene de sentarse, sobre una nalga o sobre la otra, pero nunca sobre las dos evitando que su vulva toque el taburete.

—¿Te duele? —pregunto mimoso poniéndoseme una expresión de cachorrillo, he visto antes que la tenía enrojecida e inflamada, me siento culpable en ese aspecto, aunque haya sido placentero cada momento que hemos hecho el amor esta noche, devorándonos y absorbiéndonos como si nunca nos hubiésemos tenido, no puedo evitar sentirme mal por causarle estas molestias—. Te me estás quedando dormida —murmuro terminando de cenar, al mismo tiempo que mi hembra se ha comido la mitad de su plato yo me he terminado todo cuanto me había servido.

Me muevo bajándome del taburete, le echo a Wraith las sobras del plato de mi hembra sobre su comedero, en seguida da buena cuenta de ello, para después volver a acercarme a mi mujer y cogerla en vilo entre mis brazos. De este modo me dirijo hacia el piso superior, yendo de nuevo hacia nuestro dormitorio.

Sin más preámbulos la deposito con sumo cuidado sobre la cama, cubriéndola con las sábanas y edredón, después me quito el pantalón limpiándome con el mismo la sangre que ha quedado adherida a mi piel para luego meterme a la cama por el lado contrario, emitiendo un sonido placentero la acurruco contra mi cuerpo rodeándola con un brazo y enredando nuestras piernas, hundo mi rostro entre sus cabellos a la altura de su frente besando su piel inspiro su rastro.

—Descansa gatita —murmuro cerrando los ojos relajándome por completo, dejándome vencer por esta sensación a la cual comienza a acompañar el sopor natural hasta quedarme profundamente dormido, plenamente satisfecho y feliz.


~¤~Escena finalizada~¤~

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Re: Unión de manos [Darlan Grace y Gina Blair]

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