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Corinne-Prueba 0

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Corinne-Prueba 0

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 02, 2014 9:37 pm


Pasaban minutos de las tres de la noche,  y Corinne seguía de un lado para otro de la casa, debatiendo que hacer, dormir ya le resultaba imposible. Habían pasado cinco semanas desde la partida de padre con los últimos caballos a subastar. La  ruta a seguir era larga, aún así no debía de tardar más de tres semanas en todo caso. Aún con los peores sucesos  debería de encontrarse hacia una semana ya en su hogar de vuelta y no había señales de su vuelta. Ni correspondencia, ni nada que llegara a manos de Corinne; su hija. No podía decirse que no había intentado conciliar el sueño. Desde las diez de la noche  se había tumbado ya en la cama, esperando por Morfeo pero más que eso, lo único que obtuvo fue simplemente darle aún más vueltas a su cabeza con la desaparición de su padre.

Se quedó pensativa en silencio, un buen rato mirando el cálido fuego. Su mente era un hervidero de preocupación la cual no se disipaba.

Llevaba preocupada así ya tres semanas y cada vez aquel sentimiento se intensificaba ¿Y si le hubiera podido pasar algo? Tenía que averiguar, pero en el pueblo sabían lo mismo que ella. Había logrado los últimos días quedarse dormida junto al fuego, arropada por una manta en el salón a la espera de que su padre entrara por la puerta finalmente. Hoy, parecía ser una noche diferente, y por mas que se concentrara en el crepitar de las llamas del fuego y de los colores y sombras del mismo, el sueño no la vencía, si no todo lo contrario, poco a poco la preocupación, y la valentía se apoderaban de cada uno de sus pensamientos, quienes les decía que saliera en su busca. Antes de decidirse pensó en las desventajas y ventajas de cabalgar en la noche y salir a buscarle. Al ser de noche, seria mejor para el caballo al no tener que aguantar el ardiente sol y el cansancio tardaría más en mostrarse. En desventajas su propia poca visibilidad a causa de la oscuridad de la noche.

Nada de eso parecía ser suficiente para pararle los pies, no seria su primera vez de ir por el bosque en plena noche, pensó levantándose del sillón y encaminándose  a su habitación de donde tomó un abrigo, decidida a salir en su busca, esa misma noche.

Tras alistarse, le faltó tiempo para aparecerse en las cuadras y preparar el último caballo que les quedaba, el viejo Forst, el primer caballo de su padre. Lo preparó para el viaje, subiéndose finalmente espoleándolo a salir de la cuadra y dirigirse al bosque. El caballo relinchó y durante unos minutos se mostró reticente a avanzar y adentrarse en el bosque. — ¡Vamos¡¡Debemos buscarle¡- habló tirando de las riendas, controlando al oscuro corcel como la misma noche— No es la primera vez que nos vemos en esta situación. ¡Adelante!... No nos pasara nada. En unas horas saldremos del bosque sanos y salvos —Acarició las crines del caballo, tranquilizándolo. Forst, lucía nervioso y no entendía el porqué. Era el corcel más veterano que tenían, por lo que cabalgar en la oscuridad de la noche, no le resultaba ningún problema. Suspiró sin comprenderle y volvió a espolearlo. El caballo volvió a resistirse, hasta que finalmente cedió a sus órdenes dejando atrás el hogar, adentrándose en el bosque.

Si de algo pecaba la joven Corinne era de terquedad. Una vez se le metía una idea en su cabeza, no había fuerza en la tierra que lograra convencerle de todo lo contrario.

***

La oscuridad del bosque era impenetrable, solo el vestigio de luz que se colaba entre las ramas y copas de los arboles provenientes de la luna llena que aquella noche lucia en lo más alto del firmamento, dejaba ver a Corinne por donde se dirigían. Forst aún se encontraba inquieto bajo la mano experta de Corinne. Era como si fuera consciente de un peligro, al que aún no se habían chocado, pero el que seguía allí, esperándolos en alguna parte escondido. Muchas veces intentó cambiar de rumbo, todos los intentos en vano. Corinne deseaba cruzar el bosque lo más rápido que pudiera ser, y aquello era por el camino que seguían, por lo que no dejó ni salirse un poco del camino establecido. La joven también sentía una sensación de alerta, y cuando oyó muy por detrás de ellos, un fuerte aullido romper la calma del bosque, se estremeció inconscientemente.

Solo es un lobo, sigamos — Susurró a su corcel que tras aquel aullido, se había puesto aún más nervioso.

A regañadientes el corcel avanzó, acelerando el ritmo hasta cabalgar, huyendo lo más rápido que podía de aquel salvaje aullido. Aquel nuevo ritmo, le pareció bien, así que le dejó llevar la batuta a Forst, sintiendo ella también un sexto sentido que le urgía a salir de aquel bosque. Siguiendo aquel ritmo, llegaron a medio recorrido, apenas quedaba más de una media hora para salir de aquel bosque. El frio azotaba su cuerpo protegido por un abrigo. En su mente dio gracias a dios por haber tomado aquel abrigo, que por lo menos la reconfortaba. De no haberlo llevado, se encontraría helada, más de lo que ya estaban sus manos con las que sujetaba las riendas. Todo parecía ir bien,  tras cabalgar un rato, Forst se había calmado, y con suerte habrían pasado unas horas, por lo que el amanecer los encontraría sanos y salvos, fuera del oscuro bosque.

Agradecida, suspiró relajándose, formando vaho con su aliento. La noche era fría, el invierno ya había penetrado en las altas montañas y pequeños pueblos, como en el que vivía. En su pueblo los inviernos eran muy fríos y los inviernos suaves, no como París, en donde el calor a veces se hacía insoportable. Perdida en sus pensamientos, no se dio cuenta de cuando pasaron por un riachuelo en el que Forst tenía pensado beber de sus aguas, hasta que el cuello de su corcel bajo en busca del agua, sobresaltándola. Repuesta de aquella breve sorpresa, sonrío observando como el caballo bebía sediento del riachuelo, cuando dos aullidos rompieron de nuevo el silencio del bosque, y esta vez cerca de ellos. Demasiado cerca.

***


Los lobos se habían acercado a una velocidad inusitada. Ya estaban allí. No había tiempo de reacción, apenas unos segundos en que pudieron marchar a galope. Sin embargo demasiado tarde. Uno de los lobos se aproximó por uno de los lados del corcel, cual cayó bajo sus garras y fauces. Corinne desconcertada, sin haber visto si quiera el ataque, fue directamente al suelo, interponiendo sus brazos en el contundente golpe. A su alrededor solo se oían los relinchos de su corcel y los gruñidos mortíferos de los lobos, que parecían no darse cuenta de ella, por lo menos, hasta el momento.

Levantándose lentamente en el máximo silencio que podía, se alejó de aquel lugar cojeando, puesto que la caída le había dañado considerablemente la rodilla. Seguía oyendo a los lobos, solo que a cada paso que daba alejándose de aquel lugar, ellos se encontraban más lejos. Hasta que un inesperado gruñido surcó el aire llegando hasta ella. Lentamente en lo que alzó la mirada hacia el lobo que la esperaba frente a ella, una de sus manos fue hacia uno de los cuchillos que siempre llevaba consigo, el que esperaba no tener que hacer servir jamás y hoy por primera vez serviría. —No deseo hacerte daño…—Susurró en un tono bajo, conciliador al lobo, que ante su actitud se adelantó a ella con los colmillos expuestos. Corinne cautelosa, observó las patas del lobo, encontrando en sus músculos rígidos la señal de que aquel animal iba a saltar sobre ella, a abalanzarse. Y así fue, no tuvo que esperar mucho. Tras aquel pensamiento y un nuevo gruñido del lobo, se agazapó y saltó directo hacia ella. Rápidamente ella le esquivó y con el cuchillo en mano, se abalanzó también ella contra él. Ambos chocaron, el lobo le mordió en uno de los brazos, tirando de ella para tumbarla al suelo y así fácilmente acabar con su resistencia. No obstante Corinne, no cedía y aprovechando de aquella cercanía, tomó el cuchillo fuertemente y se lo clavó en el pecho del animal. Una, dos, tres y hasta cuatro veces, hasta que el lobo con un gemido lastimero, dejó de hacer fuerzas con su mandíbula y le liberó el brazo de su mordida. Viéndole caer al suelo, sin pensar si estaba bien lo que hacía o no, o quizás solo por una simple necesidad de supervivencia, se lanzó una quinta vez contra él, esta vez sobre el cuello, ahorrándole una dolorosa y larga muerte. Tras rematarle, dejó caer el cuchillo que temblaba en su mano y se alejó del charco de sangre con una mirada horrorizada. Todo y que debiera de hacerlo para sobrevivir, matar a una criatura, a un animal le parecía algo inconfesable, algo que no debía de volver a suceder.

Los lobos ya devoraban y se peleaban por la carne de su córcel, por lo que todo lo rapido que pudo, aprovechando que no le seguían, huyó de la escena del crimen, decidida a irse hacia el rio y allí quitarse el aroma a muerte y sangre que debía de impregnar cada centimetro de su ser.

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Re: Corinne-Prueba 0

Mensaje por Angelus Cooper el Sáb Mayo 03, 2014 2:18 am


Prueba aceptada.


Bienvenida al foro, la prueba nos ha gustado mucho, puedes pasar a hacer la ficha y registros



Ángel Alexander Cooper

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